jueves, 19 de febrero de 2009

EL LEGADO DE PAPÁ

Miércoles 18 de Febrero del 2009
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"...Como no creer en Dios si por permisión divina yo llegué a tener a mi linda y valiente Olguita y a mis hijos queridos Jorge Luis, Rosa Elvira, Juan Carlos y José Martín. Como no creer en Dios.
Los quiero... L.E. Gómez"
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LUIS ESTEBAN GÓMEZ ARGANDOÑA
31.Diciembre.1920 - 18.Febrero.2009
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Una canción favorita de Papá:

martes, 10 de febrero de 2009

DESDE MI ATALAYA

Por estos días, este es mi pequeño gran universo, de la casa al hospital, del hospital a la casa, perdiendo la noción de los días y las fechas y a veces hasta de las horas, en vigilia y alerta, debiendo sueño, con los sentidos agudizados, analizando todo a mi alrededor. Así, al dar la bienvenida al nuevo día, cual organismo visto a través de un microscopio que se reproduce y amplifica veo la formación de vigilantes particulares en el área central del primer piso delante del estacionamiento; son las 6:45 am y es casi el único movimiento circundante, al principio solo dos filas con guachimanes uniformados de clásico marrón y crema con gorro, corbatita, insignias y marbetes, entre hombres y mujeres, al frente suyo tres o cuatro coordinadores sin uniforme que los lideran y hacen lo que parece ser una toma de asistencia, los rezagados aparecen de varios lados, uno a uno, de dos en dos o en grupos, algunos aceleran el paso al ver la formación que comenzó sin ellos; me pregunto que historias habrán detrás de cada uno de estos individuos, si pudieron desayunar, de cuan lejos vienen, que es lo que cargan en sus bolsos, que pensamientos los embargan, que tan simple o complicada es su existencia individual, y es que cada persona es un universo, pero en este momento integran una suerte de batallón unitario –al igual que yo y toda mi familia-, así que se unen a esa formación casi marcial de colores marrón y crema.
Son casi las siete, terminan las instrucciones y la correcta formación de mas de diez filas se dispersa, se desencadena, rompen filas, como si fueran hormigas desorientadas que ahora van en distintas direcciones, se quiebra entonces esa unidad que en su caso duró unos pocos minutos, cogen sus bolsos algunos y automáticamente cada uno enrumba a su punto de trabajo designado en el hospital; un nuevo día ha comenzado, finaliza mi cuarta guardia nocturna en menos de diez días.
Desde mi atalaya en el piso décimo diviso el horizonte urbano de edificios irregulares que se muestra soleado, el tránsito ya fluye por calles y avenidas, no para; agotado pero en pié concuerdo que la vista promete un domingo de verano con clima interesante, -contradictorio con el hecho que a mi recién me tocará dormir-, sin embargo, independientemente que necesite recargar mis baterías mi mente esta llena de incertidumbres, no se a ciencia cierta que me deparen los siguientes días, no se que tan fuerte y ecuánime pueda estar, tampoco se que tan en breve como quisiera deba o pueda volver a esta misma misión de velar el sueño y la salud precaria de papá; mas tarde cuando salga por una de esas puertas rumbo a casa y me cruce con alguno de esos vigilantes vestidos de marrón y crema imaginaré en su argot contra gramático la respuesta provisional a todas mis interrogantes: la verdad… “desconozco mayormente”.
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miércoles, 28 de enero de 2009

TENGO MIEDO

Tengo miedo, lo confieso, tengo miedo que a mitad de la noche una llamada me despierte para decirme lo que nunca quisiera escuchar.
Tengo miedo por que todo es frágil y siempre pensaré que hay tanto por hacer, tanto por reír, tanta música por escuchar.
Tengo miedo que amanezca, ¿Qué puedo hacer, que puedo decir? Hoy ya no puedo subir al tejado de la casa de General Prado como cuando niño para ponerme a pensar que tan lejos estarías y limitarme a esperar.
Tengo miedo de ver como pasa el tiempo y su decadencia, implacable, marcándolo todo. Quisiera documentarlo todo, perpetuar todo lo que nos hace sonreír.
Tengo miedo de admitir que en verdad la vida es un momento y es que fue hace solo un instante que me enseñabas a montar a caballo para recorrer Cutervo o paso a paso como hacerme el mas perfecto nudo de corbata para mi primera fiesta formal.
Tengo miedo de no haberte dicho suficientes veces cuanto te quiero y que quisiera que estuvieras fuerte como siempre para salir de viaje con Mamá a surcar un río inmenso de la selva o subir a un bus o un avión y encontrarte paisanos o parientes que nunca conocí.
Tengo miedo, no lo niego, pero también tengo fe, mucha fe que nunca bajarás los brazos ni las revoluciones y seguirás bromeando con lo cotidiano, diciéndole testarudamente “mochilla” a la mochila y “llantop” a la laptop, filosofando con todo lo que te ha tocado vivir, y es que aun tienes tanto por dar viejito.
Tengo fe … tengo fe…

jueves, 22 de enero de 2009

ME IMPORTA UN BLEDO ... !!

Hay veces en que hay que ser un poco caradura o quizá simplemente ser un tipo consecuente con lo que uno piensa, consigo mismo o con nuestros principios. El crecimiento de una persona implica un aprendizaje constante, escuchar consejos, practicar lo aprendido y sobre todo sacar lecciones de todas las experiencias, las propias, sobre todo las propias y hasta de las ajenas, por que hay que ser muy bobo para tropezar con un mismo obstáculo conociéndolo de antemano.
Parte de ese crecimiento también consiste en dominar la forma de interactuar con tu entorno; por ejemplo, en mi experiencia, siempre me ha costado decir no, terminar siendo condescendiente muchas veces aun a costa de pequeños o grandes sacrificios, ceder un poco o mucho en algunos casos en pro del bien común o algunas veces como parte de un inevitable proceso de ser aceptado como parte de algo, de un grupo, de un clan; algo aparentemente tan simple, esto quiero, esto no quiero, punto!, fácil es decirlo, a algunos nos ha costado adoptar el careto, la actitud de caradura en el buen sentido, del “me llega altamente”, si, con esa actitud en la que si con nuestra respuesta alguien se siente mal, piña pues!!, pero lo habitual era hacer lo políticamente correcto, conciliar antes que pelear, en fin, no sentirse mal luego de dar una negativa, insisto, me ha costado mucho ponerme esa otra piel.
Hace algunos varios muchos años –¿hace falta decir cuantos?-, en los incipientes comienzos de mi primer grupo o banda de rock al que me uní casi sin proponérmelo, me tocó intentar eso de ser un poco conchudo y decir un no aunque fuera en el último segundo. Club Mayor era el nombre que le pusimos a nuestro proyecto, si dije que esos inicios fueron incipientes, debo agregar que fue mas que eso, de hacer gorgoritos en cada cumpleaños, serenata o peña familiar o entre amigos y convencernos que había algo de talento entre la mancha, empezamos a ensayar, primero en las casas de los Díaz o de los Morales, pero, empeñoso como el mas, Lucho, nuestro lead guitar, encontró algo muy conveniente para nosotros, una sala de ensayos equipada con todos los instrumentos y hasta tecladista incluido, todo gratis, mmm… ¿todo gratis?, ¿seguro?, ¿que como se traduce eso?, pues bien, a la letra, en el grupo lo que sobraban eran guitarras y guitarristas, casi todos excepto yo que de dos o tres acordes aprendidos no he pasado, a la hora de asignar los puestos el asunto vino casi natural de acuerdo al virtuosismo de cada quien, Lucho en la primera, Enzo en la segunda guitarra y segunda voz, Marco al bajo, y sorprendiéndome a mi mismo casi a empujones asumí el papel de front man del grupo, el vocalista, el gritante de la banda, la batería aún inexistente fue asumida sucesivamente por varios prospectos hasta que nuevamente Lucho reclutó a un miembro singular, Percy “Pitufo” al que captó en un festival en el que empezamos a tocar semanalmente.
Volviendo al tema, habíamos conseguido lo soñado entonces, un lugar idóneo para ensayar, fue nuestro primer contacto con los amplificadores y con guitarras que no fueran acústicas y el poder escuchar nuestra voces amplificadas; nuestra privilegiada situación tenía características especiales, muy especiales diría yo, Lucho dió con un compañero suyo de promoción de colegio cuya familia es dueña de un ahora legendario grupo cumbiambero surgido en los setentas, es decir, cumbia chichera con look Woodstock y punteos elementales con efectos waa waa y teclados con reminiscencias espaciales tipo pimball, ¿bacan no “Choches”? macanudo, nuestro primer tecladista al que apodamos “Choches” por la muletilla con que se refería a cada uno de nosotros era el mismo tecladista de “Los Totems”, mama mía!, a cruzar los dedos, empeño le sobraba felizmente; empezamos y le dimos para adelante, así tuvimos ensayos con la regularidad que nuestros estudios permitían y con la ventaja que nuestro tecladista era hermano del dueño y señor de todas esas ventajas para nosotros. Ensayos van, ensayos vienen, no tuvimos otro camino que ir perfeccionando sostenidamente nuestras performances, de la desordenada bulla aparente de los primeros días empezamos a aproximarnos a medianamente decentes versiones o covers de lo que se escuchaba esos años, Enanitos Verdes, Hombres G, Miguel Mateos, Soda, y a esgrimir también nuestras primeras composiciones, de cuando en cuando por ahí aparecía el gran Elmer, el tótem mayor, serio, circunspecto, con cara de nada, hasta que un día habló y sugirió algo a lo que ni por asomo podíamos haber dicho que no.
Por esos días en el cine nos partíamos de la risa con las situaciones extremas de un grupo de cadetes en “Locademia de Policía”, entre los personajes uno en particular, un rockero anónimo loco de atar, con voz de gallo Claudio, adicto en abstinencia y recuperación, que llegaba al nirvana hasta con los gases pimienta o lagrimógenos de los entrenamientos, tenía al borde del colapso a su pobre compañero de cuarto y recitaba siempre que podía los poemas absurdos de un tal “Manfredo”.
El gran Elmer nos felicitó por los progresos, con las palabras justas nos dijo algo que sonó a “pasen por caja”, - Nosotros (Los Totem’s) a veces amenizamos matrimonios o quinceañeros, creo que “podríamos alternar” algunas canciones “modernas” con ustedes… léase, canciones que suenan en las radios y que a nosotros nos empezaban a salir bien, y el “podríamos alternar” no significaba otra cosa que quiero que canten con nosotros.
Ejem, ejem, pasar saliva y escuchar al unísono a mi gente un “por supuesto, claro que si”, la oportunidad de retribuir los favores, de ser agradecidos, etc, etc, yo volvía a tragar saliva, claro, claro que si.
Y llegó el momento de ser agradecidos, sin embargo el dichoso sábado siguiente de pagar nuestra deuda no fue como me lo hubiera imaginado, no iba a tocar o cantar con mi gente, no, la propuesta era tocar “alternar” con el sonido de Los Totem’s, efectos waa waa y muchos pero muchos efectos siderales tipo pimball seguramente, y digo seguramente por que no hubo siquiera un ensayo previo con ellos, era un a lo que salga, ¿cuadrar las canciones? Menos!, ¿para que? Gulp, a pasar mas saliva; por si fuera poco, mis “solidarios” amigos que tenían una fiesta ese preciso día prefirieron eso a ir a cumplir con lo pactado, no estaban ni siquiera para dar aliento o convencerme que cantara nomás, así igualito a como habíamos ensayado pero con otro marco y otros ejecutantes. Mmm, ¿me lo puedo pensar un poco?.
Resignado a mi suerte y pensando en el bien del grupo fui al lugar de la presentación, el restaurante y salón de agasajos mas ficho, pijo, fresa, cheto de la ciudad, en pleno malecón, nada mas entrar, reconocer muchas caras conocidas, amigas de mi mamá y convencerme que no llegaba en plan de invitado, sino con cara de mártir a punto de ser inmolado por la causa de la sala de ensayo all free. Mmmm, esta vez ya no tragué saliva, hice un análisis somero de la situación, hasta que todo me llegó literalmente al pincho.
Providencialmente mi puntualidad no coincidió con el inicio real de la fiesta, veamos: no hemos ensayado ni cuadrado las canciones y se pretende que yo cante como sea, como alguien que camina a ciegas sobre una cuerda, ¿solo yo debo ser agradecido?, ¡NICA!, el lugar y la gente conocida anticipaban para mi un soberbio roche un papelón anticipado. Saben que?, no me importó nada, planté todo, sin despedirme de nadie retomé mis pasos hacia la entrada del local y tomé el primer taxi que pasó y me fui a casa. Me sentí aliviado de zafar del compromiso pero también me invadió la culpa, si, y llegue a pensar que de ahí en mas ya no tendríamos sala de ensayo.
Al día siguiente para mi sorpresa me citaron para un nuevo ensayo, avergonzado acudí y ese día casi no ensayamos, mis compañeros y los dueños de los equipos y su grupo prácticamente tirados al piso y agarrándose la panza no paraban de reir y repetir uno de los absurdos de la película “Conocen a Manfredo, el que se tira un pedo y le importa un bledo?”. Los había dejado plantados y no hacían mas que celebrar mi reacción. Demás esta decir que cargué con el sobrenombre el resto de la existencia del grupo y el siguiente, pero supieron para siempre que cuando no me gusta algo mandaré todo por la borda y me importará realmente un bledo, ¿vieron que no siempre es difícil decir que no?.

Esa es la historia del seudónimo, y siendo entrañable como fue me ha servido para identificar los relatos y reflexiones de este blog.

martes, 13 de enero de 2009

ALBAR II


Llueve copiosamente, no puede ser posible sentir esta temperatura tan baja en plena selva, casi trópico, aquí solo imaginarías humedad y sopor perpetuo, sin embargo la sensación térmica es de frío, me incorporo un poco, corro lo suficiente la cortina para comprobar con ojos chinos casi cerrados todo el diluvio afuera cayendo sobre la cisterna, los ladrillos apilados y las ráfagas de viento que baten las inmensas puertas metálicas del portón como si fueran simples laminitas y los goterones de lluvia que golpean contra la ventana e incluso sobre la motocicleta semi protegida bajo el alar que en estas circunstancias es un mero detalle de la construcción sin ninguna función utilitaria; siento los pies helados, la nariz, las orejas igual, cuando habitualmente para dormir no hace falta mas que una sábana y mucha veces ni siquiera eso, resulta gracioso ponerse a buscar un par de medias que ponerse en la oscuridad, rescatar y expandir el sleeping bag para que haga las veces de edredón o sábana nórdica. Bien, ahora si, esto si es cálido y reconfortante, una mirada autómata a la pantalla del celular que hace mucho reemplazó al reloj en la mesita de noche, quedan aun un par de valiosas horas de sueño antes de levantarse para ir a trabajar; duerme mundo, duerme y déjame dormir…, ahora si se escucha agradable el ruido de la lluvia cayendo interminable, como un rumor que arrulla, aunque arrecie el viento, aunque truene y relampaguee, ahora si puedo abrazarte de la cintura mientras beso tus hombros y tu espalda mientras duermes conmigo y no lo sabes y es la suavidad de tu piel que me acaricia y abriga. No habrá fuerza ni nadie que me aparte de este momento entre lo consciente y lo inconsciente, asomándome al segundo tiempo de mi sueño interrumpido, de la levedad, de la ausencia de lucidez a medio camino hacia un sueño profundo, solo el placer infinito de esta calidez, de esta tibieza que me engríe y arropa.
Ahí van mis sueños, entre almohadas y ruido de lluvia, con la mente en estado de hibernación, escalando la cordillera mas alta, viéndolo todo por encima de las nubes, con una gran sonrisa dibujada en la cara y el corazón dando saltos de alegría, con arneses de fe y de optimismo, confiando en mis manos, en mi instinto y en mis puntos de apoyo. Ahí voy, ahí estoy, ese será mi refugio y también mi bienestar, aunque al despertar tenga que escalar otras montañas, siempre podré volver a la mía cuando vuelva a soñar antes de cada amanecer.
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"... Y acurrucados el mundo es diferente
calor humano y hambre que compartir
y adormecidos y amontonados
de esta trinchera no quiero salir... "
"Cálida trinchera" (Celtas Cortos)

lunes, 22 de diciembre de 2008

RebeQUITA

(Sábado 20/Diciembre/2008)
La última imagen que tengo grabada en mis retinas de la persona hermosa de quien hablo es una que tuvo como marco una tarde soleada de principios de noviembre, fue en los días de convalecencia de papá, y una de esas tardes en que me quedaba conversando de todo con él. La imagen que me ronda tuvo la interacción inocente de personajes situados -en la línea de la vida- en el extremo opuesto de la niñez, una nonagenaria lúcida, sabia y cariñosa acompañada de mis primos-hermanos, mi madre y mi hermana, allá abajo, al inicio del corredor de techo tubular transparente del ex Hospital del Empleado, allí, a lo lejos y tan cerca a la vez, sus figuras diminutas agitando los brazos para que siete pisos arriba el octogenario hacedor de mis días pudiera verlos y agitara el brazo derecho libre de sondas y catéteres como respuesta a su saludo.
Ahora que lo pienso –y aunque en ese instante no reparara detenidamente en el detalle- me pareció verla cansada, satisfecha sí de haber podido ir a ver a su hermano hospitalizado; mientras quienes la acompañaban ya habían ubicado la ventana de la habitación en la que minutos antes estuvieron, ella parecía hacer esfuerzos infructuosos por identificar el objetivo visual de su saludo con manito temblorosa en alto, igual lo hizo, igual sonrió, igual regaló a su hermano ese gesto de mujer hermosa pequeñita de pelito corto cano. Unas horas antes al llegar y darle yo el encuentro en la entrada de cuidados intermedios -donde debíamos alternarnos los horarios de visitas restringidas-, me tocó escucharla decir el sobrenombre que me gané con ella de tanto que no iba a visitarla “tu no eres Tin, tu eres ingraTIN”, pero igual, siempre tenía para mi un gran beso y abrazo tierno de esos que solo pueden darte ella, Luchin, Milka o Genoveva por que te recuerdan o parece que también te abrazara Mamá Vica, algo de eso hay en cada uno de ellos.
Hoy me entero que el corazón de Rebequita, mi querida Tía Quita, me entero que su corazón cansado, ese dínamo feroz que ante las emociones, alegrías o tristezas galopa, se emociona, se descontrola y desboca; me entero que hoy hizo un esfuerzo final hasta detenerse.
Reflexionaba hace poco en estos últimos días sobre lo que son los ciclos que cumplimos en nuestras vidas, sin embargo, cuanto cuesta asimilar una partida, cuanto cuesta decir adiós sin que te tiemblen tanto las piernas. A partir de hoy, quererte será hacerlo en otros planos de nuestra existencia, te veré agitando los brazos y sonriendo para nosotros, aunque también caeré en la cuenta que ese día en esa imagen ya me estabas diciendo adiós.
Que descanses Rebequita, que descanses tía preciosa.

jueves, 11 de diciembre de 2008

AYHUALLÁ (canción de despedida)

Los ciclos son etapas, son vueltas de un espiral que es la vida misma, somos concebidos, nacemos, crecemos, nos alimentamos, aprendemos, socializamos, nos enamoramos, nos reproducimos, nos enfermamos, envejecemos y morimos. Entre momento y momento cumplimos ciclos intermedios, con retos y eventualidades a los que hacemos frente, buscando cumplir las metas que nos planteemos, planificando los esfuerzos, cumpliendo nuestros objetivos.
Dicen que las carreras hay que correrlas, sudarlas, lucharlas día a día, y al llegar al final de la jornada o al final del camino, o al tener que cerrar cada etapa debemos hacer balances, hacer estadísticas introspectivas de todo lo hecho, de todo el camino recorrido y después, con renovada piel y energía enfrentarse a lo que puede ser un nuevo ciclo de lo andado o dar un giro radical a nuestros pasos y enfrentar mas retos, irse lejos para empezar de cero o crecer en lo que ya estés haciendo. Cada una de esas etapas, cada fin de ciclo será una despedida, será un “ya me voy”, como el Ayhuallá (*) que bailan los Negritos de Huánuco al terminar la temporada de cofradías de fin de año e inicio del siguiente. Nos despojaremos de nuestros atavíos y ejecutaremos la melancólica danza del adiós, siendo uno solo en el abrazo con quienes nos acompañaron en la brega renovando la promesa de un próximo reencuentro y guardar en la mente, el alma o el corazón ese momento irrepetible.
A esa reflexión me lleva la proximidad del fin de año, de la expectativa de lo que deparara el nuevo año, tengo la certeza que mis esfuerzos y mis ganas serán plasmados en nuevos logros, en nuevas satisfacciones, me plantearé nuevos retos y me desafiaré a mi mismo para lograrlos, sonreiré más, renegaré menos; antes, al final de este período solo diré “ya me voy” con esa tristeza que suele mutar en alegría, bailaré mi propio ayhuallá como catarsis, y como promesa de todo lo bueno que hay en la otra vuelta del camino.
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(*) Ayhuallá, baile de despedida cadencioso y melancólico que ejecutan los integrantes de las cofradías de danzantes denominados “Negritos de Huánuco” al terminar su temporada de bailes y adoración del Niño Jesús, en el cual se despojan de sus trajes y máscaras tradicionales.

YA TE EXTRAÑO

Pareciera que no hay nadie, ni una sola persona en mi entorno que pudiera terminar de entender la dimensión de este particular univ...