miércoles 1 de julio de 2009

MAMÁ OSA, LA ÚLTIMA MATRIARCA

98 años de vida no son poca cosa, no pasan en vano. Quien haya vivido esa cantidad de tiempo bregando constantemente puede considerarse no solo un testigo sino protagonista de la historia de toda una comunidad.
La historia de la Familia Cárdenas es equivalente a hablar de la historia misma de Bellavista, que es hablar de pioneros y de hombres y mujeres ilustres.
Un recodo a orillas del Huallaga en el gran paraíso sanmartinence ha sido escenario de la historia y vida de ésta emblemática mujer de gran carácter ROSA AURORA CÁRDENAS RAMÍREZ: maestra, esposa, madre, abuela, bisabuela, tatarabuela, madrina, señora de señoras, ciudadana ilustre, matriarca elemental en todos sus años de vida, la Mamá Rosa por excelencia.
Querida y respetada, formó e inició junto al recordado Papá Justo una prole vasta bajo la conjugación López-Cárdenas, imprimió su sello y su presencia en la vida de cada uno de ellos, a su manera y a su modo siempre pendiente de su bienestar y sus necesidades, presente en cada nacimiento.
Quien lo diría, tras ese rostro serio y de suma rigidez había una personalidad locuaz con un gran sentido del humor capaz de las chanzas más inesperadas, sino recordemos cada uno de nosotros algún sobrenombre del que nos haya hecho blanco, del que casi ninguno ha escapado; mi gordura infantil le inspiró llamarme “pollo gordo”, solo siendo ya adolescente pude tomarme la revancha devolviéndole el favor rebautizando su robustez, su nombre y su mal genio como: “Mamá OSA”, algo que ella me consintió siempre con beneplácito y una sonrisa pícara de complicidad.
Mi “Mamá OSA”, mi abuela Rosa fue así, sorprendente y admirable en todas sus facetas, autoritaria si, sobria, seria e inquebrantable pero con gran sentido del humor; directa y mordaz en sus opiniones pero generosa, desprendida y tierna en sus afectos –a veces selectivos-.
Mamá Rosa cierra hoy el inevitable círculo de la vida y se encuentra ya junto a Papá Justo su gran compañero de vida, junto a su Mamá Verónica, junto a los otros fundadores y pioneros de Bellavista. Con Mamá Rosa se va quizá la última matriarca de ese pueblo maravilloso, se va una parte de su historia viva y latente, para eternizarse en nuestra mente, alma y corazón.
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(*) Fotografía tomada en La Laguna Viña del Río, Huánuco - Año 1968

(**) Fotografías de Bellavista: Jorge Gómez y López

jueves 18 de junio de 2009

EL PAPÁ ERRANTE


Las horas y los días parecen repetirse, la misma rutina, la cotidianidad mas insulsa, una vida alimentada solo con la esperanza de un día volver a hacer una vida normal al lado de los suyos, sin mayores pretensiones, como antes, junto a su esposa y sus hijos, no importa donde, no importa cuando, pero juntos, donde los llevara el destino, sin tener que depender de un correo lento para tener noticias o ser consciente de la fría distancia de miles de kilómetros, cordilleras, selvas y desiertos de por medio para tenerse cerca.
La ansiedad no es poca cuando está ante fechas emblemáticas que recuerdan reuniones lejanas en el tiempo o en que se imagina un presente ideal entrando por la puerta de casa cargado de regalos e historias por contar, sabe que hasta se conformaría simplemente con llegar hasta ellos, dando gracias por la bendición de tener a su familia a su lado o de poder ir a ver a su anciana madre.
No puede ser vano tanto sacrificio, no puede ser vana toda esta soledad mereciendo otros momentos de unión familiar. Esperará pacientemente unas vacaciones austeras en que por unas pocas semanas acudirán a hacerle compañía unas veces su hija, o su esposa y el menor de sus hijos, o quizá un día hasta su hermana y su sobrina, lleguen para darle calidez de hogar a su frío espacio convertido en su casa y su trinchera, en que un improvisado mobiliario hará las veces de perfecto comedor. Dejará de hacer frío, y aunque quizá hasta llueva nada impedirá salir a recorrer esos mismos lugares testigos de su desarraigo, esos mismos lugares que mostrará con candor e inocultable orgullo, sus nuevos pagos, su extensa y lejana jurisdicción, su lugar de trabajo; no tiene idea de cuanto de eso quedará grabado en la memoria de esos otros, los suyos, solo sabe que aun a la distancia se puede seguir estando cerca.
Es entendible que muchas veces las cosas en la vida no resulten como las planeamos, los proyectos y emprendimientos familiares no siempre tienen éxito, a veces hay que volver a empezar de cero, ajustarse el cinturón mil veces, hacerse de tripas corazón y optar por las oportunidades que se presenten, dar un golpe de timón, aun cuando ello signifique hacer concesiones dramáticas como alejarte físicamente del hogar y de los tuyos.
Cuando hubo que hacerlo este errante no pudo darse el lujo de pensarlo demasiado, solo tomar el reto, dar las gracias por la oportunidad y hacerse de lo indispensable antes de partir a su propio exilio laboral, un destino de sierra norteña nunca antes andado, -un ejemplar de “Documental del Perú” le dio algunas pistas de lo que le esperaría-, no era el lugar mas emblemático o conocido de las provincias de Cajamarca como si lo eran otros tan mentados como la propia Cajamarca capital del departamento, Chota ó Celendín, sin embargo las notas del libro hablaban de un lugar incomparable y apacible, con su propia historia, muy tradicional, de hermosa campiña y con un gran parque nacional: era Cutervo, con su capital situada a los pies del cerro Ilucán, el otro Cajamarca, el menos conocido, el que todos se estaban perdiendo por no haber ido a conocerlo, por no haber recorrido aún sus calles en carnaval o sus ferias de los domingos viendo esa gran alfombra de ponchos rojos y granates, alforjas y sombreros enormes de paja en la explanada del mercado y que es todo un espectáculo que yo vería embobado tantas veces desde el balcón de la Sub Prefectura, todo eso y más es Cutervo con sus corridas de toros en las Fiestas de San Juan en junio o la Feria de la Virgen de la Asunción en febrero con retretas en su plaza escuchando alguna gran banda de músicos como cuando me tocó escuchar a la legendaria Banda de Músicos Santa Lucía de Moche. Cutervo es una provincia que también guarda lugares incomparables repartidos en otros distritos como Sócota, Callayuc, Choros, Cujillo, La Ramada, Pimpingos, Querocotillo, San Andrés, San Juan, San Luis de Lucma, Santa Cruz, Santo Domingo de la Capilla, Santo Tomás ó Toribio Casanova.

Indudablemente las artes del destino o un designio superior brindaron al errante un rumbo geográfico con una gran belleza y potencial que albergaba gente que lo acogió tan bien o mejor que si lo hubieran hecho sus coterráneos en circunstancias difíciles, eso hizo menos grave la distancia y el alejamiento familiar, menos pesada la carencia de contacto directo con sus afectos principales; nuevas amistades, nuevos retos, en tiempos en que desplazarte a otro lugar significaba el desarraigo y el no pensar en la temporalidad sino en un cambio radical por un período extenso, de larga permanencia. Un encargo y un trabajo gubernamental le confirieron llegar con prerrogativas de autoridad que supo ejercer con sabiduría y tino, así se ganó la simpatía y respeto de todos, sin aspavientos, con mucho de sí, con honestidad, decencia y gran derroche de carisma, como en todos los aspectos de su vida.
Tiempo después repitió trabajos similares en otros lugares, algunos lejanos e insospechados como Lircay en Huancavelica, o mas próximos a casa como La Unión, Panao y Ambo en Huánuco, en cada lugar sembró y cosechó respeto y amistad, a cada lugar llevó una parte de su hogar y nos llenó de orgullo, de cada lugar volvió cargado de experiencias y recuerdos, de cada lugar me emocionó tanto verlo volver aunque lo hiciera con ese pesado maletín de cuero repujado negro, ya serían otros tiempos, ya estaba mas cerca.
El paralelo y las analogías son inevitables, identificarse es natural, las coincidencias son abundantes, solo cambian los escenarios, los tiempos y los personajes, la historia y experiencias parecen tan mías, en estos tiempos en que me toca estar lejos del hogar, lejos de los míos, en que las vivencias a veces cuentan de noches con uno mismo y nadie mas, o de monólogos con el espejo, o de las ingentes cantidades de galletas y leche que consumo, en esos momentos es que pienso en el errante padre mío y como habrían transcurridos sus días lejos del hogar, las que habrá pasado sereno y firme.
Ahora que se acerca el día del padre, el primero de los nuevos y desconocidos “días del padre” que serán tan diferentes a partir de este año 2009 en que no podré abrazarlo ni oírle decir “gracias niñito yo también te quiero mucho”, ahora es cuando mas lo entiendo y me identifico con él y con lo que hizo a lo largo de su existencia, ahora en que hasta lo mas imperceptible de nuestras vidas adquiere presencia e importancia.
Mi viejo, mi querido viejo, mi Padre, sintiéndome parte suyo a su imagen y semejanza, viviendo en mí, en mi Madre, en mis hermanos, en mis sobrinos, en mis tíos y tías y primos y en todo aquel que tuvo el privilegio de conocerlo y quererlo. Un saludo a tu memoria Viejito lindo con todo el amor del mundo recordando esos abrazos fortísimos que siempre nos dimos...
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Cutervo, Plaza Principal - Fotografía de: José Saavedra De los Ríos
Papá surcando el Río Pachitea - Fotografía de: Autor del blog

jueves 11 de junio de 2009

NORA DE CHILE

Sin disfuerzos, sin poses, sin reservas ni nada que impidiese la química grupal, así conocí, así conocimos a Nora.
Desde siempre el subconsciente particular y el colectivo me habían hablado de lo tirantes de las relaciones entre peruanos y chilenos a todo nivel y de lo inevitables que a veces resultan las confrontaciones y las puyas; en mi experiencia, salvo un encontronazo con un infeliz que nunca falta en una excepción que me tocó vivir en otro lugar neutral, siempre he sostenido cordiales interrelaciones con los vecinos del Sur que he tenido ocasión de tratar.
Antes de conocerla, conocimos su voz, una voz ronca de tanto fumar, voz autoritaria y con don de mando como se suele decir, con mis dos compinches de juventud más un asimilado piurano que se nos unió al salir de Lima y nos acompañaría en buena parte de nuestro periplo. Recalamos por primera vez aquellos tres “pata amarillas” en Santiago en un ahora lejano 1992; en nuestro larguísimo viaje por tierra en pleno verano recién nos permitíamos el primer descanso y pernocte bajo techo y en tierra firme.
Habíamos rebotado en el intento de alojarnos en otro hospedaje recomendado por otros amigos viajeros que hicieron antes la misma ruta, ahí mismo, luego de excusarse indicándonos que no tenían disponibilidad, nos sugirieron otro hotel/hospedaje cercano, hacia allá enrumbamos cargando nuestras mochilas y maletas desplazándonos por las calles del centro que a las primeras horas de ese domingo era un simpático panorama de calles despejadas con poca gente asomando a sus puertas, despertando, saliendo a sus veredas o yendo por el pan y los periódicos. Al llegar al lugar sugerido una amable dependienta en riguroso mandil khaki que luego conocimos como Martita y era la diligencia en persona y casi casi se desvivía por atendernos, nos invitó a pasar a aquel hospedaje con más pinta de casa familiar que de hotel que nos dio automático e inmediato confort.
¡Que parecida a mi antigua casa o la de mis vecinos Urdanivia en Huánuco! con sus antiguas puertas y ventanas estilizadas de madera y hierro dando directamente a la calle, podía adivinar como se vería dentro, con su estilo republicano, salones y habitaciones de techo alto, baldosas en el patiecito central y en la galería que conduce al comedor, la cocina y el área de servicio.
Repartidos en dos habitaciones hicimos de Santiago nuestra casa antes de partir al día siguiente rumbo a Mendoza; entre descansos y salidas breves y no tan breves se escuchó su voz, llegando o saliendo, dando órdenes, preguntando por esto o aquello y como respuesta el corretear de las “niñas” del servicio satisfaciendo cada requerimiento o información solicitada, mas tarde tendríamos ocasión de verla en persona.
Como quiera que la capital mapocha era un destino intermedio del itinerario, la ansiedad por continuar nuestro South American Tour hacía que no viéramos las horas de treparnos al siguiente bus, entretanto y ya siendo de noche como ya lo habíamos visto en cada lugar de paso o parada previa por Arica, Antofagasta o La Serena, de lo que mas se hablaba era de todo lo que sucedía en Viña del Mar y su famoso festival, así que nosotros contagiados del asunto andábamos buscando un televisor donde espectar lo que no podíamos ver en vivo como habían sido nuestros planes iniciales y que lamentábamos no hacer estando tan cerca pese a ser conscientes que eso hubiera distraído nuestro ajustado presupuesto; así que fuimos al comedor donde conocimos a Nora y nos “enamoramos” de ella y ella de nosotros.
Que personaje, que personalidad la suya, que mujer, cuanta historia viva se desplegó esa noche con tanto conversar. Mientras acompañábamos al piurano en la ingesta de su colación impostergable de pollo empanizado con papas fritas, tuvimos ocasión de ir descubriendo lo que había tras esas manos arrugadas con sus largas uñas pintadas de rojo y ese rostro que maquillado con énfasis no lograba ocultar los muchos años que cargaba encima, de gesto adusto, cabello lacio teñido de rubio cenizo con un corte simétrico caído a los lados a la altura del mentón, la chompita abierta colgada sobre sus hombros y el cigarrillo perpetuo en su mano derecha, apariencia lánguida e imperturbable hasta que hablaba, ese sería el retrato suyo con una actitud y rasgos duros como de actriz retirada pero lista a entrar en escena.
Nora nos sorprendería sin embargo al contarnos todo lo vivido por ella y su manera particular de ver y enfrentar la vida y al confiarnos por que le tenía tanta simpatía a todo lo que tuviera que ver con el Perú, soslayando incluso cualquier actitud de nuestros compatriotas aun cuando no fuera del todo positiva, como cuando -según nos contó- hasta la semana anterior a nuestra llegada habían estado hospedados ahí una pareja de peruanos que habían prolongado su estadía largamente al quedarse sin dinero producto de un robo como argumentaron y prometían contar con una remesa que les permitiría cancelar toda su deuda acumulada; el día de pagar nunca llegó, solo llegó un momento en que se percataron que la joven pareja había abandonado su habitación y el hotel dejando parte de su austero equipaje; Nora solo se compadeció de ellos y no los culpó ni por su situación ni su actitud, aunque, como decía hubiera preferido que fueran sinceros y le dijeran sus intenciones o lo que les pasaba, Martita la acomedida dependienta que llegó hace un tiempo de Ozorno intervino contando que algunas veces los escuchó llorando ‘pó ahí encerrshados en su habitación; dicho eso Nora volvió a decir que quería mucho a los peruanos y que estaba encantada con el hecho de conocernos, que le parecía extraordinario ya que casi todos los peruanos que llegaban eran comerciantes del sur nuestro y que le costaba entender por que muchos de nuestros compatriotas le resultábamos tan huidizos, poco conversadores y que no le miraban a los ojos al hablar.
Mecano ofrecía en la Quinta Vergara una performance espectacular, volvíamos a lamentar no estar allá, aunque de hacerlo nos hubiéramos estado perdiendo esta tertulia que empezamos a matizar con muchas Pilsener Cristal y Becker, y salud por estos peruanos conversadores y por esta chilena encantadora, crítica y directa que decía sentir solo antipatía por los argentinos por lo del conflicto del Canal de Beagle y cada vez que podía decía “hasta ahí con los argentinos”, haciendo un gesto con la palma recta de la mano a la altura del cuello sacándola adelante, algo ofensivo debía significar, así era Nora, sin medias tintas, o le caías bien o hasta ahí con ella.
Mientras conversábamos imaginaba como habría sido de joven, mujer espigada y de gran carácter yendo a por lo suyo y haciendo lo que quisiese, siendo posiblemente la líder de sus amigas y rompiendo muchos corazones, nos dijo que cuando joven ella y sus amigas eran la mar de sociables y que en esos tiempos andaban encantadas cuando conocieron a unos extranjeros con quienes llegaron a ser muy amigos, ahí empezaron a cruzarse y acomodarse los datos y los reconocimientos, empezamos a escuchar y recordar nombres de leyendas nuestras, de referentes históricos de nuestro deporte, de integrantes de una generación de futbolistas que muchas veces nos dieron verdaderas satisfacciones y genuinas ganas de decir ¡Arriba Perú!, nos habló de su amistad con Otorino Sartor que alternaba el arco con Caico Gonzáles, que conoció a Velásquez, Casaretto y toda esa gente de la selección de los setentaitantos, calculo que debió ser para el Campeonato Sudamericano que hoy conocemos como Copa América del ’75 que ganamos finalmente frente al combinado colombiano en El Campín de Bogotá; que sorpresa, quien se lo iba a imaginar, ahí nos dijimos que brava la tía.
Fue generosa en detalles y en halagos hacia esos amigos suyos de antaño, que el guapo tal, que el otro cual, que el moreno nosecuantos, caramba, si que andaron revueltas las hormonas esos días y es que los ojos de Nora se iluminaban al compartir sus experiencias de esos tiempos, agregamos reflexiones mentalmente pensando que bien lo pasaron nuestros viejos futbolistas en esas canchas mapuches.
Tiempo después volvimos a Santiago y cual lo prometido nos recibió en su otra casa hospedaje, nos trató como a sus hijos o sobrinos queridos, se negó rotundamente a que le pagáramos un solo centavo por la nueva estadía; en esos últimos días que compartimos con ella supimos que era la única hija mujer de un militar de aquellos, que su casa siempre había sido un pequeño cuartel, con todo en escrupuloso orden y brillando, los cepillos alineados en el lavabo, la ropa dobladita y limpia, la cama lisa y bien tendida, con la comida hecha y servida a hora fija y con todos presentes; todo eso explicaba su especie de religión en la forma de conducir sus negocios, todo en orden todo bajo control, control que sin embargo no alcanzó a su vida personal, nunca se casó pero si fue madre soltera ya entrada en la madurez de su vida, llegó a tener un hijo al que también conocimos y nos sirvió de guía antes de irse a estudiar.
Nora y su voz grave, Nora y su apego a los recuerdos que la mantenían viva y vivaz. Guardo una foto que me tomé con ella en el jardín de su casa, ella altísima y elegante con el garbo que ni los años le podían quitar y yo con una delgadez que no me reconozco. ¿Que será de ella? Nunca supimos más, nunca volví a Santiago ni le escribí, quizá un día la vuelva a ver en el rostro y gestos de otra gente, en que vuelva a escuchar ¡Que lindos que son los peruanos! –aunque no escriban-, me acordaré de Nora y sonreiré en su recuerdo.

martes 19 de mayo de 2009

¿Dónde está la Cruz del Sur? Manual cuasi práctico de cómo creer que no estás perdido en otras latitudes

Si tienes la suerte de disfrutar una noche despejada sin el resplandor de la luz artificial de nuestras grandes o pequeñas ciudades, date la oportunidad de mirar el cielo, sus estrellas y sus constelaciones, reconócelas, hazte amigo de ellas, resultan ser muy buenas guías, te lo puedo asegurar.
El sentido natural de la orientación no es un sentido tan común o tan ejercitado como podríamos pensar, -algunas personas parecen tenerlo negado-, responde supongo a esos instintos primarios desarrollados según quien y según que, no tan habitual ya que la versión estándar del ser humano viene equipado con un kit bastante básico de sentidos: vista, olfato, tacto, oído y gusto.
La orientación resulta siendo un plus ya que los más de los casos uno viene con un atolondramiento innato anexo a una desorientación patente.
Desde pequeños estamos en un constante aprendizaje y familiarización con el mundo que nos rodea, acompañados de tus padres o quien haga sus veces nos acostumbramos a ser guiados de sus manos, pero en algún momento soltamos ese nexo físico y andamos por nuestra cuenta, empezamos a explorar nuestros alrededores y cada vez mas, primero la casa, luego el barrio y la ciudad, con la misma curiosidad que seguramente experimentarían los primeros hombres, aquellos de las cavernas, descubriendo cada cosa que sucediera frente a ellos y asombrándose una y otra vez, pero aprendiendo y familiarizándose con todo fenómeno existente de tanto repetirse, la inteligencia humana la civilización humana es producto de una sucesiva y constante acumulación de conocimientos, lo sabemos, estamos en constante evolución y aprendizaje, ya lo dijimos.
Pero, ¿en que consiste el sentido de la orientación? No es necesario ser ni un astrónomo ni estar con un GPS en la mano para saber literalmente donde está uno parado, por mi parte creo que me he tomado en serio lo de necesitar saberlo en diversas circunstancias.
Ese sentido de la orientación es básico si no eres de los que anda o viaja desorientado dejando que lo lleve el viento o la corriente o confiando ciegamente en la compañía que haga las veces de guía o preguntando a los demás hasta por las cosas y ubicaciones mas evidentes, sin traducir por si solo las señales que la propia naturaleza o una urbe te brinda.
Quien se considere una persona curiosa –y léase curiosidad como las ganas de conocer el que y por que de todo lo que te rodea-, lo será desde pequeño, asimilará los conocimientos de forma natural. Siempre había pensado que esa era la regla, sin embargo de mi experiencia he aprendido que la asimilación de datos y el procesamiento del conocimiento y referentes que nos rodea no se da igual con todos los individuos, aparte del hecho que cada quien procesa lo que le interesa supongo yo, así me entiendo, así le encuentro sentido a ciertas habilidades que llegado el caso me han sacado de muchos apuros y me han permitido saber donde estoy parado, como llegar a otro lugar o deducir con cercano acierto el punto geográfico exacto de lo que me interesa.
Hay diversos principios que rigen nuestro universo, hay cosas que son cíclicas, el universo está en movimiento, si bien a estas alturas el planeta nos saca de cuadro con sus cambios climáticos y estaciones no tan definidas y demás, aun así hay cosas que siguen siendo tal cual lo fueron hace miles y quizá millones de años, nuestro planeta sigue dando vueltas alrededor del sol, sigue en órbita, seguimos girando sobre nuestro propio eje, seguimos estando en medio de la Vía Láctea así que todos esos astros, estrellas, planetas y toda esa materia dispersa en el infinito nos seguirá sirviendo de referencia.
La Tierra tiene períodos o ciclos definidos por sus movimientos de rotación y de traslación, esos ciclos los comprobamos sobre todo cada vez que amanece, cuando cada latitud sale de la sombra y le da cara al sol, ahí sabemos que ese radiante gigantesco será visto siempre por el Este, por el oriente, indiscutiblemente, cada día, todo los días; ahí, una primera forma básica indiscutible de saber nuestra ubicación.
Si es de noche y gozamos de un cielo despejado veremos las mismas constelaciones en ese espacio infinito que vieron los sobrevivientes de la era de hielo o fueron materia de observación y estudio por parte de Nicolás Copérnico, Galileo Galilei o Américo Vespuccio, entonces, ¿como desorientarse en un planeta tan grande y tan pequeño a la vez y con tantas señales naturales?
Hay quienes si –se desorientan-, hay quienes al llegar a una nueva ciudad por ejemplo se echan a andar y andar sin rumbo, alguna vez escuché como explicación que esa es la gracia de ir a un lugar nuevo, el simplemente “perderse”, ir descubriéndolo todo por si mismo y conforme se presenten las cosas, particularmente no comparto ese argumento, a mi –y lo repito- me gusta saber donde estoy parado, me gusta estar con un pie adelante, de estar en una ciudad nueva para mi de antemano es seguro que habré visto algún mapa y habré indagado por un mínimo de información elemental y útil del lugar, así, calcular distancias y tiempos de recorrido son un ejercicio casi inconsciente y automático.
Aquí llego a mi punto de referencia favorito, pese a los tiempos modernos, al que recurro no solo por orientación geográfica pues admito que también me sirve de referente nostálgico para saber la dirección de casa; dada mi ubicación en el hemisferio Sur es además natural que me resulte tan familiar y a su vez rutinario de hacer o ver en cada lugar nuevo que he pisado o por donde he andado buscando en las noches de cielo abierto algunas pocas constelaciones que desde siempre he sentido que me acompañan en cada periplo, es junto a las Tres Marías (compuesta por Mintaka, Alnitak y Alnilam; la constelación mas fácil de identificar), se trata de la Cruz de Sur, formada por cuatro estrellas de nuestra Vía Láctea y cuyo eje mayor o vertical va desde Gacrux hasta Acrux é indica la ubicación del polo sur celeste con una desviación de 25º.
Es algo instintivo, ni siquiera lo pienso, la noche despejada invita a buscarla, no importa donde esté, o con mayor razón cuanto más lejos esté o precisamente la orientación de esos ejes de la Cruz del Sur me dirá que tan lejos estoy de mi tierra, como si fuera mi Meca, para hacer una suerte de reverencia en dirección del hogar. He visto esa constelación miles de veces derecha o girada a los lados, en todas las circunstancias imaginables, desde las noches infantiles en Huánuco con mis primos tumbados sobre el capó de un carro mirando y contando estrellas fugaces y constelaciones en casa de los Brancacho; o en la inmensidad de un cielo totalmente despejado con rumor de las olas y con luna llena en las playas norteñas en Vichayito; en la periferia de Santiago con el olor de lavanda del jardín de la casa de los Navarrete teniendo como marco el fondo nevado de la cordillera; o tiritando de frío alguna madrugada luego de alguna juerga cusqueña cruzando plazas volviendo a San Blas con muchas draught Guinness encima; o en plena autovía desde la ventana del carro haciendo el camino de vuelta de Mar del Tuyú y Santa Teresita retornando a Buenos Aires por la Ruta 2 bien bronceado y mis amigos durmiendo sazonados con amarguísimo fernet; o en mi actual selva laboral de Pucallpa en las noches sin lluvia en que mirando el cielo y ésta constelación en particular añoro compartir estas sencillas reflexiones con mi omnipresente papá.
La Cruz del Sur siempre ha estado ahí, con su eje y su prolongación imaginaria al Sur, a distintos grados según donde uno esté, siempre he sentido que sé donde me encuentro, orientándome con ella sin brújula, como cuando miro la luna y me siento un toro enamorado, siempre he sentido que no estoy solo, que es mi nexo en el universo, lo que marca mi punto de partida o de enlace hacia el hogar distante, sabiendo que mi gente en ese mismo momento podría estar viendo lo mismo que yo y que esa visión es algo que nos une y orienta en ese instante.

miércoles 22 de abril de 2009

LO QUE DEVUELVE EL ESPEJO ESQUIVO

El taxi blanco se detuvo a mitad de la calle frente a mi edificio donde la esperaba en la vereda, al abrirse la puerta trasera se deslizaron al asfalto unas largas piernas enfundadas en unos jeans y unas botas negras de tacón alto; se puso de pié y vino hacia a mi, la encontré hermosa, mas hermosa que antes, aunque se hubiera alisado el pelo y la encontrara diferente, aunque en este presente viniera a contarme y responder a mi broma interrogante que le hiciera por teléfono “¿y como es él, en que lugar se enamoró de ti?”, aunque viniera a contarme que en pocos meses más se casaría.
En un cercano pasado habían sido muchas la veces en que encontramos paz en nuestras vidas y en nuestras respectivas realidades de vivir amores a la distancia con tan solo verse y conversar, con tan solo cruzar alguna mirada cómplice, con tan solo perdernos alguna tarde cualquiera para ver el sol desaparecer en el horizonte y terminar compartiendo juntos un buen café.
Cuantas veces la vería o contemplaría cuando sentados en cualquier mesa de un restaurante frente a frente y ella como si estuviera distraída se ponía de perfil. Sucedía que a la vez que te hablaba podía estar con la mirada puesta en otra dirección, atendiendo algún suceso aparentemente simple que ocurriera a su alrededor o quizá avistando algún detalle imperceptible para el común de los mortales como yo, algo, alguna cosa que mereciera alguna crítica, comentario o reflexión suya, con absoluta seriedad como si de ello dependiera que la tierra diera vueltas.
Un aire a lo Vanessa Saba, medio morisca, medio gitana, espigada, elegante sin esfuerzo, despreocupada y displicente a la vez, destilando feminidad hasta con un simple mohín o al acomodar detrás de sus orejas su cabello largo negrísimo, o con su expresión al verle sus cejas pobladas acentuando su mirada intensa con algo de picardía; pero, siendo que la serenidad permanente no era una de sus características mas saltantes también resultaba extrema en sus reacciones, en sus momentos límite y en sus estados de ánimo.
Abocada apasionadamente a sus reflexiones y sus análisis laborales, hacía gala de una gran lucidez y capacidad analítica, pero inesperadamente podía pasar del optimismo mas exacerbado al abatimiento más conmovedor o había que ser testigo de sus arrebatos más alucinantes o ser blanco de sus llamadas sorpresivas en medio de alguna depresión a mitad de la noche o en plena madrugada.
Cruzando una pierna y acomodándose sobre ella se sentó de lado sobre el sillón, remangándose un poco la blusa impecablemente blanca cubierta con un entallado pullover rojo se me quedó mirando: “¿Y como has estado?”, disparó su pregunta inclinando un poco el rostro sobre su hombro. “Sobreviviendo”, le respondí. Sospecho que por tu culpa no volví a interesarme por el sol ni sus ocasos, ni le volví a encontrar sentido a buscar o hacer hallazgos de entendimiento con alguna otra inspiradora loca insustituible –agregué mentalmente-.
Lamentamos los tiempos recientes sin que mediara comunicación alguna y aunque quisiera boicotearle la felicidad como una pequeña revancha que pedía el cromagnon que llevo dentro, para mis fueros internos llegué a la conclusión que hubiera sido muy difícil emprender cualquier empresa con alguien como ella, tan obstinadamente cortante con sus afectos y oportunidades; pretextos los míos, sin embargo, me detuve en ello y replanteé lo dicho, asumí que cuando hago esa última aseveración lo mas probable es que esté hablando de mi mismo al mirarme en un espejo ya hecho pedacitos, -como para no quejarme- y es que ciertamente, dado mi pasteurizado corazón, debe ser muy difícil emprender cualquier empresa con alguien como yo, tan obstinadamente cortante con mis afectos y mis oportunidades y con tanta vocación para perder algunos trenes.

jueves 2 de abril de 2009

PARQUE CHACABUCO

La oportunidad de hacer las cosas que creemos correctas muchas veces suele ser un instante irrepetible, aunque a veces sin proponérnoslo podemos redimirnos de alguna forma compartiendo lo que nos pasa con gente muy especial, sacándole la raíz cuadrada a nuestros trances y a nuestras emociones.
Una canción no estrenada de “K-torce de Julio” hecha en el tiempo que ahora reseño tenía las siguientes letras e ilustran un poco esos momentos:
“Ha pasado mucho tiempo, ya no extraño esos momentos (…)
Solo pienso en el futuro y en las ganas de ser libre, para sentir que sigo vivo y que seguimos unidos
Pasarán muchos veranos sin poder decir ¡hola que tal, buen día!
Pettinato no sabía que aquí si habían pausas de rebeldía
Sigo pensando, no estoy aquí.
Piso el asfalto, todo se vuelve gris (…) ”.
Mi primera llegada a Buenos Aires en ese verano no pudo ser más accidentada, no tanto por el periplo en si sino por las expectativas de llegar o las de recibirme así como las circunstancias personales que atravesaban entonces mis anfitriones.
Demasiadas cosas en el aire, demasiadas explicaciones pendientes, para entendernos y entenderse cada quien en sus fueros internos; los nuevos planteamientos, los nuevos escenarios, los nuevos actores. Ya un tiempo atrás habíamos aprendido y dejado que nuestra amistad y hermandad fluyera ilimitadamente, nos debíamos el alma sin ninguna obligación ni condiciones, pero así y todo era la oportunidad de obtener respuestas en tiempo real, sin cartas ni postales ni tiempo de por medio.
Esa noche dormiría en el departamento de la calle Santander, la casa del matrimonio de mis amigos tiempo ya separados. Impulsiva como solo ella, mi hermana porteña me extrajo del lugar siendo casi las 11 p.m., en la tele había estado viendo “Rebelde sin pausa” el programa del ex SUMO Roberto Pettinato. La conversación no podía aplazarse más –me dijo-, los meses anteriores, los años anteriores habían sido un tiempo de cambios radicales en sus vidas y mi estadía terminaba convirtiéndome en un tercero conciliador o catalizador de sus expectativas –enojoso papel queriéndolos tanto-.
Habían pasado más de cinco años desde la última vez que nos vimos en persona y la adrenalina del haber vuelto a vernos aún estaba latente. Salí a su encuentro y caminamos el breve trecho que nos separaba desde la esquina de la casa hasta uno de los extremos del parque en el cruce de la Av. Asamblea con Emilio Mitre; caminamos sobre los senderos hasta detenernos en los bordes de una especie de gran pileta o fuente circular baja sin agua donde nos sentamos y convertimos el frío granito en nuestro diván. Muy poca gente alrededor, es más, paulatinamente el lugar se fue tornando desierto dejándonos el gran parque casi exclusivamente para nosotros, escuchando solo el rumor del tráfico de la autovía 25 de Mayo la autopista elevada que cruza el parque de extremo a extremo. Ahora que lo pienso, una visita así al parque sería algo impensable en la actualidad en que convertido en refugio de toda clase de malandros y refugiados uno no se atrevería a cruzarlo de noche ni loco que fuera sin correr el riesgo de perder hasta los calzoncillos, cuando menos no hasta que culmine su anunciada restauración.
Era verano, una medianoche con clima apenas fresco, muy soportable, propicio para conversar sin pausa, sin apuro alguno encendiendo Marlboros gauchos uno tras otro. Repasamos el por que se separó, por que hizo un nuevo hogar, por que ahora se sentía mas libre, que cuanto le costó estarlo y por que el reciente fallecimiento de su padre le había cambiado todo su esquema de vida o cuando menos toda su forma de ver la vida, que nunca mas se guardaría un te quiero, nunca mas dejaría para mañana sacarse un foto con la gente que tanto quiere, nunca mas dejaría que un resentimiento por fuerte que fuera le impidiera estar cerca de los suyos, nunca mas quería cargar con ninguna culpa ni un algo dejado de hacer.
La entendí, entendí sus reacciones y sus momentos bravos ¿Cómo cuestionarla? ¿Quién era yo para hacerlo?. La vi y la sentí liberada, luego hicimos lo propio conmigo, repasando mis rollos, mis vicisitudes y mis planes y que en los siguientes días iríamos a la UBA a ver si me animaba a hacer mis estudios en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo y si ponía a rodar mi proyecto de una segunda carrera esta vez en las artes gráficas.
Hablamos tanto que las horas pasaron raudas y breves, el amanecer llegó con la certeza que el día sobreviene a la noche; una última cosa por hacer antes de ir a encontrarnos con nuestra gente dispersa por las circunstancias en dos casas aparte una de la otra; el recuerdo de su papá, ello nos llevó a echarnos a caminar dando zancadas como adolescentes por las calles de Flores hasta llegar a su cementerio aún cerrado a esa hora.
Esperamos un poco, lo que duró otro cigarrillo compartido y entramos a buscar la tumba de Coco.
Hacerlo, fue cumplir un rito no llevado a cabo en su momento, cuando un amigo mutuo hizo mis veces y la acompañó en el abrazo de aquella despedida con tanto dolor.
Ella quería tenerlo siempre presente, recordando cuanto la engreía como cuando era niña y haciéndole upa le hacía entrar al mar entre risas y chapuzones, por eso llevaba en su delgada muñeca ese reloj inmenso con pulsera metálica de su papá, pulsera a la que tuvo que sacarle un par de eslabones para que le quedara. A partir de ahí y en más no se guardó ningún te quiero ni los impulsos para hacer lo que le dijera el alma o el corazón. Al conversar, coincidimos en pensar y concluimos -eso si- que permanentemente hay que andar creando nuevos buenos recuerdos que en verdad nos mantengan vivos cada mañana y el resto de nuestros días.
Todo eso comprendí –y aprendí- en ese gran diván al aire libre de Parque Chacabuco, diván al que vuelvo en mi memoria recurrentemente cada vez que necesito entenderme o tolerarme a mi mismo un poco más.

viernes 27 de marzo de 2009

REPARTIENDO LUZ

Debe de significar algo con toda seguridad, reflexiono y extiendo las manos juntas, como quien ensaya recibir en las manos un fuego sagrado, una llama que quieres que nunca se apague, o aquel fuego que se transmite de antorcha en antorcha. Una sola de aquellas es apenas una pequeña luz vista a la distancia, en cambio muchas luces juntas son más que un poderoso faro, son casi un radiante y orgulloso sol.
Por algún motivo un señor muy singular hizo suya la costumbre de preocuparse por los demás compartiendo su manera particular de aliviarles la vida, como si fuera toda una filosofía creo que estaba dispuesto a iluminarnos un poco con lo suyo, de forma tangible, pero también intuyo que era todo un mensaje subliminal.
Alguien compró un carro y ya estaba recibiendo una linterna para llevarla en la guantera; el otro que trabaja en el interior y vive en medio de un gran terreno casi baldío también requerirá una linterna para esos trayectos hacia o desde la entrada o una bombilla a pilas para la mesita de noche; o acaso también otro de los suyos necesitará otra linterna para sus caminatas nocturnas en el norte en una ciudad al lado de una playa.
Gran coincidencia, casi todos recibieron algún artilugio capaz de producir luz, mecanismos elementales de energía portátil hechos luz, para iluminar, para saber por donde vas, por donde caminas, arreglar algún imprevisto en medio de la nada, para encontrar las sandalias al pie de la cama, el camino al baño o la cocina o ir por un vaso de agua en plena penumbra.
Lo suyo también fue dejar siempre encendida la luz exterior de la casa hasta que llegara el último rezagado; ver esa luz encendida al llegar a casa una noche o una madrugada cualquiera es saber que alguien que nos quiere tanto espera por nosotros permanentemente, como si hubieran dejado para nosotros un faro para mostrarnos el camino seguro a casa, para no perderse nunca.
Energía eléctrica, incandescencia, luminosidad, luz; la luz siempre estará asociada al fuego, el fuego al calor, y ese particular calor a la tibieza del hogar; solo así puedo entender esa singular forma de dar afecto, de ir repartiendo el corazón a cada quien, de ir repartiendo luz, su luz.

miércoles 18 de marzo de 2009

HUANUQUENSES EN SU TINTA

No se ha equivocado el autor de estas líneas, la mala referencia es adrede y solo como un ejercicio tentativo de las formas que adopta nuestro idioma según sea donde estemos; el gentilicio apropiado y aceptado amplia y tradicionalmente refiere a los nacidos y adoptados por dicha tierra como huanuqueños o huanuqueñas según el género, -la denominación de ser un “pata amarilla” es un capitulo aparte-.
Cuando estos coterráneos se juntan es habitual hacerlo alrededor de una buena, inigualable y casi insustituible pachamanca generosamente marinada en fragancioso chincho y especias o en general alrededor de una abundante mesa que podrá ser desde un franciscano pero reparador caldo verde o un sustancioso Locro de Gallina, que para los no entendidos cabe aclarar que no es un guiso ni lleva zapallo sino es un caldo poderoso que aparte del ave referida lleva papas en gajos y un sofrito de cebollas, pimientos y ajíes cortados a la pluma. Será mejor aun si este grupo comparte un vinculo familiar estrecho, sin remilgos ni roles indistintamente estarán por la cocina y el comedor padres, hermanos, hijos, suegras, nueras, yernos, sobrinos y demás.
Imagínense además la mezcla de idiosincrasias y costumbres si además esta familia de huanuqueños y huanuqueñas guarda como componente genético un factor sanmartinense, según sea el motivo de reunión la identificación regional será par; si bien se trata de regiones geográficas colindantes y complementarias como lo dice el mapa, sin embargo guardan algunas diferencias a veces irreconciliables y en circunstancias digamos “normales” si no fueran una sola familia entre ellos estarían vacilándose del “sipis” o el “yá vuelta” o calificándose como “serranos” y “charapas” respectivamente. La mezcla es explosiva y de pronóstico reservado, pero a veces como en el caso de mi familia el resultado depara sorpresas y mixturas sorprendentes, un equilibrio ideal, entre el recato tradicional y la historia de tierras yarowillcas y el desenfado, riqueza y espontaneidad de la selva.
Mi casa y sus componentes socializamos a través de la comida, mi madre expresa su cariño y hospitalidad compartiendo su mesa y sus manjares, si invita a un extraño a compartir su comida es que esta persona ya se ganó su confianza; si quiere agasajar a uno de sus hijos o nietos preguntará que es lo que quieres comer ese día y se esmerará en el regalo para los sentidos. Gordita ¿cuando preparas un pye de maracuyá o tus insuperables tamales envueltos en hojas de achira?.
En casa hemos aprendido el buen comer pero también el buen hacer o eso que se llama tener mano en la cocina, cada uno tiene sus especialidades y lo disfrutamos cuando se comparte la tarea de la preparación, ya sean cosas tradicionales de nuestras tierras o pongamos en la mesa platos lejanos, o simplemente los reinventemos, sobra decir que el disfrute es mejor desde los previos con chelitas o con vino de por medio.
Todo este preámbulo es para referirme a lo que para mi ha sido una de las reuniones familiares mas emotivas y felices que alcance a recordar, sucedió a fines del último octubre, poco antes que mi viejito pidiera chepa con la salud. Nos motivó que un día previo se inaugurara con éxito la muestra de pinturas “Proyecto Camalónidas” de mi sobrino artistazo que funge de nómada en busca de sus sueños en tierras lejanas; ese fue el pretexto para que mis padres y casi toda su prole nos reuniéramos en casa de uno de mis hermanos y aunque no hubo pachamanca ni juanes la mesa fue generosa como siempre y como nunca, alternamos y calentamos con actividades que incluyeron un campeonato relámpago de ping pong entre los que no teníamos tarea en la cocina, probamos cervezas de todo el mundo y terminamos haciendo Karaoke y cantando indistintamente “Flor de Azalea”, “Flaca”, “Puerto Montt”, o “La senda del tiempo”; antes, nos sentamos a la mesa generosa, de fondo calentaron motores Los Panchos y Bareto con sus versiones ska cumbiamberos de Juaneco y su Combo, un pequeño carnaval en suma.

Sentarse a la mesa y hacer los brindis fue la ocasión de renovar nuestros afectos y decirnos cuanto nos queremos y cuan orgullosos estamos de ser la familia que somos. Como pocas veces esos brindis dieron lugar a pequeños discursos y reflexiones de cada uno de los que estábamos ahí, fue divagar en esos afectos y dar gracias a la vida y sobre todo a Dios por permitirnos el gran privilegio de estar juntos, de tenernos a la mano para darse un abrazo, de tomarse el hombro y preguntar si todo esta bien, o pasarse la ensalada y agregarse en la copa mas tinto Cadozos de Zamora o rosé Tabernero de Ica.
Como no sentirse felices, como no hacer un recuento de cómo nuestro hogar fue mudando su ubicación geográfica pero que siempre ha mantenido ese calor irremplazable y que cada uno de nosotros intenta recrear ahí donde se encuentre. Como no sonreir viendo toda la herencia viva de que gozamos, al final aunque veamos platos vacíos y sin respeto por las reglas del idioma diremos que estamos bien comidos, bien brindados, bien queridos, satisfechos como no más.

lunes 16 de marzo de 2009

SON SUEÑOS (*)

El médico no se anduvo con rodeos cuando tuvo que decirme como eran las cosas y como iban a evolucionar esas cosas. ¿Por qué carijos esto sucede cada vez que es mi turno?. Me había advertido esa mañana en que me quedé de largo tras mi guardia nocturna; pasó su revisión, vió, miró a su paciente, le preguntó un par de cosas de rutina y luego me hizo una seña para seguirlo al corredor.
El panorama es el siguiente –me dijo-, la reducción de la capacidad respiratoria responde a un enfisema pulmonar, de acuerdo a como responda el paciente usaremos oxigeno de bigote, mascarilla, mascarilla con reserva o entubaremos -muy directo, brutalmente directo y sin ninguna reserva-, además, he revisado el examen de sangre y hay presencia de blastos, eso nos indica una posible leucemia aguda, vamos a hacer un segundo examen, si el resultado es el mismo pediremos una muestra medular, una biopsia, esperaremos la opinión del neumólogo y ahí tendremos el diagnostico.
Ante mi curiosidad por saber cuales serían los posibles escenarios ante esos resultados, sin anestesia agregó: Como el segundo exámen de sangre prácticamente estaría confirmando nuestras sospechas, la biopsia nos indicaría el tipo de leucemia, y es que estaríamos ante dos posibles tipos de leucemia: la linfoblástica con la cual habría una expectativa de vida de unos cuatro o cinco años con tratamiento, y, la mieloblástica que es la mas agresiva con la cual la expectativa se reduce a un año como máximo. Escuchar todo eso fue como estar ante una visión apocalíptica del cuadro clínico, equivalente a decirme que estabamos bajando por un barranco sin frenos y que los exámenes nos iban a precisar a que velocidad lo hacíamos.
Tal cual lo dijo, en los siguientes días se hizo un segundo examen de sangre y luego un tercero ¿alguna duda? –me infundí fé-, ó ¿alguna certeza? –pisé tierra-, hasta que una tarde en que estaba solo entraron en la habitación un médico internista y una enfermera empujando un carrito en un protocolo distinto a lo habitual hasta entonces. Yo había estado conversando animadamente con mi paciente, internamente durante los últimos días había estado rogando que este exámen no se llegara a necesitar y es que ya habían sido varios días desde que conversé con el médico principal y el temor aumentaba pues el solo hecho que se hiciera la prueba ya sería como una confirmación del mal.
¿Estarás bien? . Si niñito estaré bien. Es lo que me dijo mi paciente tras consultar y recibir la negativa del galeno y la enfermera ante mi pregunta si podía quedarme. ¿Cuánto tiempo tomará realizar el examen o la toma de la muestra? 25 minutos -respondieron-. Tomé la mano de mi paciente y me repitió “estaré bien”. Salí de la habitación 1059 y tras de mi se cerró la puerta, intenté la mayor serenidad posible pero repasé y se repetía en mis oídos todo lo que me dijo el médico el sábado anterior como quien escucha una sentencia.
Me planté de pié como un soldado frente a la puerta cerrada, miré el reloj, marcaba las 4:05 p.m. me preparé, me calcé en las orejas los auriculares del celular y le pedí a Dios algo de misericordia que si era preciso me transfiriera todo el dolor que experimentaría mi paciente allá adentro. Pulsé el botón de reproducción de MP3, al poner play la elección aleatoria para empezar puso en mis oídos los acordes de un rasgueo de guitarra conocido
...RE-MI-Fa#m, RE-MI-LA, RE-MI-Fa#m, Sim-MI, RE-MI-Fa#m …
En ese momento sentí una punción encima de mi esternón seguida de la entrada de una cánula llegando hasta mi médula; algo me lanzó a un premonitorio futuro en que me encontraba muy triste tratando de asimilar una ausencia, por eso traté de imaginar en ese mismo instante que estabamos en una carretera devorando el asfalto sobre nuestras motos, con lentes oscuros, uno al lado del otro, yo en mi 150 cc. y él en su vieja Indian, con el viento golpeándonos el rostro a pleno sol.
La canción siguió sonando:
“Son sueños que son de verdad, me gustaría que fuera real
son sueños, quiero llegar hasta el final, y nada sirve si no estás
En silencio, te busco y sueño con poderte amar
Te sigo buscando tanto (…) por eso te tengo que inventar
Te sigo esperando tanto (…) por eso te tengo que encontrar
Son gestos que quiero mirar, me gustaría poderte tocar,
Son sueños, quiero que existas nada mas, sigo buscando ¿dónde estás?
En silencio te busco y sueño con poderte amar (…)
Te sigo buscando tanto, te sigo esperando tanto, por eso te tengo que inventar …”.

Finalizados los 25 minutos, luego de esa y varias canciones, con un gran dolor en el centro de mi pecho supe que las sentencias se cumplen y esta inexorablemente se cumpliría; enjugué mis lágrimas y me hice el valiente, me dije a mi mismo que era el hombre mas fuerte del planeta antes de volver a la habitación donde el más dócil y valiente de los pacientes con una palmadita en mi hombro me dijo “Todo está bien niñito, no me dolió nada”.
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(*) "Son sueños" parte del album "A contracorriente" (El Canto del Loco)

lunes 2 de marzo de 2009

UN BOSQUE Y UN CAMINO DE EUCALIPTOS

El camino de la vida se asemeja a una alameda o un camino rodeado de arboleda, se asemeja a un ir y a un volver, nos lleva a algún lado, cada camino lleva a alguna parte.
Mi núcleo familiar al igual que casi todos los demás tiene la existencia paralela de otros núcleos familiares, otras familias a las que podríamos catalogar de contemporáneas, en particular lo digo por que en mi caso siendo cuatro hermanos, hemos tenido a la mano primos hermanos muy cercanos, cada uno de nosotros con primos afines, con mucho en común, compartiendo la misma edad muchas veces o hasta las mismas aulas inclusive. Guardo en la memoria muchas anécdotas y momentos compartidos con todos mis primos tanto de la línea materna como paterna, sea que se tratara de fiestas familiares, viajes, el ir a conciertos o incluso algunas borracheras, evoco especialmente las experiencias compartidas con dos de mis primos de edad mas próxima: Marco y Augusto, con quienes me llevo una diferencia de seis meses con cada uno.
Siendo que los momentos compartidos son tantos, recuerdo en particular nuestras salidas cuando éramos apenas niños o púberes, cuando nos invadía el espíritu de exploradores incansables, como quien arma su propia mancha scout, mis primos ya se habían ido a radicar a Lima, pero retornaban a Huánuco cada verano, el grupo se expandía con mis sobrinos Hugo y Kike y a veces también se nos unían Beto y Mingo, unos antiguos vecinos de mis primos muy ligados a la familia. Lo nuestro era salir muy temprano en la mañana con la idea de regresar al mediodía o media tarde para el almuerzo.
Una ruta que recorrimos muchas veces es la que hacíamos a lo largo de las faldas y laderas del Cerro San Cristóbal, a lo largo de una acequia o canal de regadío que corría paralelo al camino que llevaba desde Llicua hasta La Esperanza, empezando exactamente detrás de una antigua garita de la policía enfrente del Puente Calicanto que previamente debíamos cruzar; ese era un camino muy particular que para nosotros significaba la experiencia de ser independientes, de salir a andar solo nosotros, recorríamos todo ese camino bucólico rodeado de altísimos eucaliptos cuyas hojas caídas hacían toda una alfombra que amortiguaba nuestros pasos, el agua limpia que corría a nuestro lado nos refrescaba cuando queríamos, si había hambre comíamos tunas o guayabas del camino, no necesitábamos mas, era otro lugar, era otro espacio, no era usual que una mancha de mocosos estuviera en ese plan, de vez en cuando nos cruzábamos con señores o señoras cargando pasto o alfalfa que se detenían para intercambiar saludos con nosotros o simplemente vernos pasar, debía ser toda una estampa ver a esos sudorosos pequeños caminantes muy cordiales y alegres, que afán el nuestro en verdad.
Era increíble, tan cerca del centro de la ciudad y estábamos en contacto total con la naturaleza, recorriendo ese camino de tierra que habíamos hecho nuestro de tanto andarlo, cada salida nos proponíamos llegar mas lejos, la idea era recorrer a pie ese camino hasta La Esperanza un poblado desde donde venía a mi casa en la tardes trayéndonos leche fresca la señora María una robusta mujer de coloridas polleras y blanquísimas mantas donde envolvía una gran garrafa de zinc o aluminio, llevaba el pelo trenzado envuelto en rueda y sujeto en su cabeza a manera de una corona, tenía una rosadez, unos ojos azules intensos como mucha gente de su localidad y una bondad tremenda.
No siempre lográbamos llegar a nuestro destino, pero cada vez hacíamos un recorrido mas largo y nos acercábamos más, después ya cansados pero muy satisfechos compartíamos todas nuestras pequeñas pero grandes hazañas en el almuerzo preparado por alguna de nuestras madres, o en casa de Mamá Vica nuestra abuela, todos juntos, como grandes invitados, cual cruzados que retornan de una batalla y son recibidos con honores.
Ya adulto, me apena comprobar empero que ese mismo camino que fue testigo de nuestros pasos infantiles y pre adolescentes no existe mas que en nuestra memoria, no existe mas el canal de agua limpia ni nuestro bosque de eucaliptos a lo largo del camino donde pensé que algún día transitaría también nuestra descendencia para tener nuestras mismas experiencias y comprobar que aun se puede conversar con la gente del camino sin recelos ni temores; ahora esta todo atestado de casitas mal concebidas e insalubres, donde se respira mucha miseria, desidia y polvo y solo se ven rostros adustos.
Sé que físicamente no podemos pretender que los lugares y caminos sean los mismos, aunque uno siempre quisiera que si hay cambios los cambios sean para bien y no todo lo contrario y no tengamos que ser solo testigos del deterioro sistemático del entorno y de sus habitantes. Por eso es que ese camino siempre será un referente en muchos aspectos.
Nuestros caminos suelen ser intensos y enriquecedores, vamos tras algún objetivo o destino, siempre queremos llegar mas lejos. Lo andado, lo que se deja atrás, lo que forma parte del recuerdo, se guarda a veces en algún rincón y se olvida, sin embargo tienen el valor y la importancia de haber ido formado nuestro carácter, de habernos dado experiencias de vida. Así hemos crecido y así seguiremos andando, buscando y recorriendo nuestros propios bosques y caminos de eucaliptos.

sábado 21 de febrero de 2009

Viejito Lindo, Luchito, Lucho, Luchín, Viejo Signacho, Papá Lucho, Lú, Tío Lucho, Don Lucho, AbueLucho …


UN HOMBRE MUY SINGULAR
¿Cómo contar la historia de este hombre singular?
Como decirles que con él hemos tenido todo un ejemplo constante de generosidad, cordialidad y respeto a los demás.
¿Como decirles, como encontrar palabras para describir su estampa y porte de caballero gentil?, de su espíritu optimista, capaz de ver siempre el lado positivo de todas las cosas.
Como decirles que junto a él uno podía recorrer el mundo, descubrir y descifrar casi todo lo que uno quisiera.
Como decirles que aunque a veces se le pasara la mano, era capaz de repararlo todo, un tocadiscos, una lámpara, una puerta o a veces tu alma o tu corazón.
Como decirles que con mucho o poco en el bolsillo siempre procuraba lo mejor para nosotros, que si de Mamá aprendimos de coraje y ganas de salir adelante, de él aprendimos de desprendimiento y que una sonrisa y un gesto amable son capaces de abrir casi cualquier puerta.
Como decirles que de él aprendimos a tenerle tanto gusto a la música, a la buena lectura, a la fotografía y al buen cine, como sino decirles que “El puente sobre el Río Kwai” también lo construimos Papá y todos sus hijos y sus nietos con solo silbar como él la melodía de ese soundtrack.
Como decirles que a este hijo de Ignacio y Elvira siempre lo caracterizó la inventiva y la pulcritud, que si sé anudarme esta corbata es por que él me lo enseñó.
Como decirles que su presencia está en cada rincón de nuestras vidas y en cada gesto compartido.
Como decirles que cuando elevo una oración a Dios, imagino que Dios tiene el rostro de este hombre noble que es mi Padre.
Como decirles que ahora pensar en él será pensar en una marcha triunfal de Aída o en un silbido en el aire de esos que delataban alguna travesura suya o la existencia de caramelos o chocolates en sus manos o bolsillos para sorprendernos y compartirlos con nosotros.
Si antes admitía miedo pensando en todo aquello que nos quedó por hacer, hoy me llena de orgullo y felicidad pensar que disfrutamos tanto juntos, que sonreímos por pequeñas y grandes cosas, que nos quisimos y nos querremos siempre, por eso nos queda la convicción que siempre estaremos juntos, que siempre estarás con nosotros Viejito Lindo, Luchito, Lucho, Luchín, Viejo Signacho, Papá Lucho, Lú, Tío Lucho, Don Lucho, AbueLucho …
Créanme… un hombre muy singular.
(Lima, Febrero 18 - 2009)

……...................….

"¿Cómo llegar a tus oídos ahora que duermes?

Descansa querido abuelo, manos de sauce…te lloramos.
Reímos con cada recuerdo, con cada bocanada de vida que nos has dado, tronco recto y enérgico, alegre y vivaz, fuerza de la tierra, has sido nuestro, eres de todos.
Aun te veo con tu sombrero de lado y tu voz divertida saludando a la gente a tu paso, no importaba si la conocías o no, llevabas (quien te viese)…caramelos en el bolsillo y se lo ofrecías a quien sea, y soltabas algún invento lingüístico sin tapujos.
Creo que sin la imagen de tus manos no soy capaz de ver un buen café a media tarde…Estoy distante, al otro lado. Sin duda sabías perfectamente que me siento reflejo tuyo. Me duele pensar que no despiertas, me duele saber que mi ilusión al ir a casa y verte sea un sueño no cumplido, aun así y sin estar: estoy contigo, con tus juegos de palabras y tus mundos fantásticos enclavados en lo cotidiano. A tu lado un objeto dejó de ser solo un objeto, la fantasía me ha desbordado creciendo a tu lado.
Ya son muchos los años que estoy lejos, y algo de ti siempre pongo en mi vida. Siempre he hablado de mi abuelo inventor, pues quien inventa encuentra y se puede llegar a definir como “en el viento”: in-ventum. Tal vez sea la palabra que mejor define a mi abuelo, alguien que lo contiene todo y en todos como ese aire, viento que respiramos, existen pocas personas con esas capacidades, mutar, mudar, cambiar a cada paso que daba en la vida, una constante aventura, y es así que invento y aventura (adventum) se unen en un tipo de carácter que es poco común: “Un caleidoscopio cargado de conciencia”. Este fue PapaLucho un capricho de mente que brillaba constantemente.
Disculpen que busque significados tan rebuscados, pero para mí mi abuelo es esta condición, la de una Gran enciclopedia llena de humanidad, curiosa y delirante en algunos casos, esta relación entre aventura e invento me llevaran a pensar que lo encontraré siempre donde haya viendo, donde la voz aguda de un silbido me anuncie su presencia."
(Erick Miraval Gómez - Madrid, Febrero 18 del 2009)

jueves 19 de febrero de 2009

EL LEGADO DE PAPÁ

Miércoles 18 de Febrero del 2009
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"...Como no creer en Dios si por permisión divina yo llegué a tener a mi linda y valiente Olguita y a mis hijos queridos Jorge Luis, Rosa Elvira, Juan Carlos y José Martín. Como no creer en Dios.
Los quiero... L.E. Gómez"
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LUIS ESTEBAN GÓMEZ ARGANDOÑA
31.Diciembre.1920 - 18.Febrero.2009
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Una canción favorita de Papá:

martes 10 de febrero de 2009

DESDE MI ATALAYA

Por estos días, este es mi pequeño gran universo, de la casa al hospital, del hospital a la casa, perdiendo la noción de los días y las fechas y a veces hasta de las horas, en vigilia y alerta, debiendo sueño, con los sentidos agudizados, analizando todo a mi alrededor. Así, al dar la bienvenida al nuevo día, cual organismo visto a través de un microscopio que se reproduce y amplifica veo la formación de vigilantes particulares en el área central del primer piso delante del estacionamiento; son las 6:45 am y es casi el único movimiento circundante, al principio solo dos filas con guachimanes uniformados de clásico marrón y crema con gorro, corbatita, insignias y marbetes, entre hombres y mujeres, al frente suyo tres o cuatro coordinadores sin uniforme que los lideran y hacen lo que parece ser una toma de asistencia, los rezagados aparecen de varios lados, uno a uno, de dos en dos o en grupos, algunos aceleran el paso al ver la formación que comenzó sin ellos; me pregunto que historias habrán detrás de cada uno de estos individuos, si pudieron desayunar, de cuan lejos vienen, que es lo que cargan en sus bolsos, que pensamientos los embargan, que tan simple o complicada es su existencia individual, y es que cada persona es un universo, pero en este momento integran una suerte de batallón unitario –al igual que yo y toda mi familia-, así que se unen a esa formación casi marcial de colores marrón y crema.
Son casi las siete, terminan las instrucciones y la correcta formación de mas de diez filas se dispersa, se desencadena, rompen filas, como si fueran hormigas desorientadas que ahora van en distintas direcciones, se quiebra entonces esa unidad que en su caso duró unos pocos minutos, cogen sus bolsos algunos y automáticamente cada uno enrumba a su punto de trabajo designado en el hospital; un nuevo día ha comenzado, finaliza mi cuarta guardia nocturna en menos de diez días.
Desde mi atalaya en el piso décimo diviso el horizonte urbano de edificios irregulares que se muestra soleado, el tránsito ya fluye por calles y avenidas, no para; agotado pero en pié concuerdo que la vista promete un domingo de verano con clima interesante, -contradictorio con el hecho que a mi recién me tocará dormir-, sin embargo, independientemente que necesite recargar mis baterías mi mente esta llena de incertidumbres, no se a ciencia cierta que me deparen los siguientes días, no se que tan fuerte y ecuánime pueda estar, tampoco se que tan en breve como quisiera deba o pueda volver a esta misma misión de velar el sueño y la salud precaria de papá; mas tarde cuando salga por una de esas puertas rumbo a casa y me cruce con alguno de esos vigilantes vestidos de marrón y crema imaginaré en su argot contra gramático la respuesta provisional a todas mis interrogantes: la verdad… “desconozco mayormente”.
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miércoles 28 de enero de 2009

TENGO MIEDO

Tengo miedo, lo confieso, tengo miedo que a mitad de la noche una llamada me despierte para decirme lo que nunca quisiera escuchar.
Tengo miedo por que todo es frágil y siempre pensaré que hay tanto por hacer, tanto por reír, tanta música por escuchar.
Tengo miedo que amanezca, ¿Qué puedo hacer, que puedo decir? Hoy ya no puedo subir al tejado de la casa de General Prado como cuando niño para ponerme a pensar que tan lejos estarías y limitarme a esperar.
Tengo miedo de ver como pasa el tiempo y su decadencia, implacable, marcándolo todo. Quisiera documentarlo todo, perpetuar todo lo que nos hace sonreír.
Tengo miedo de admitir que en verdad la vida es un momento y es que fue hace solo un instante que me enseñabas a montar a caballo para recorrer Cutervo o paso a paso como hacerme el mas perfecto nudo de corbata para mi primera fiesta formal.
Tengo miedo de no haberte dicho suficientes veces cuanto te quiero y que quisiera que estuvieras fuerte como siempre para salir de viaje con Mamá a surcar un río inmenso de la selva o subir a un bus o un avión y encontrarte paisanos o parientes que nunca conocí.
Tengo miedo, no lo niego, pero también tengo fe, mucha fe que nunca bajarás los brazos ni las revoluciones y seguirás bromeando con lo cotidiano, diciéndole testarudamente “mochilla” a la mochila y “llantop” a la laptop, filosofando con todo lo que te ha tocado vivir, y es que aun tienes tanto por dar viejito.
Tengo fe … tengo fe…

jueves 22 de enero de 2009

ME IMPORTA UN BLEDO ... !!

Hay veces en que hay que ser un poco caradura o quizá simplemente ser un tipo consecuente con lo que uno piensa, consigo mismo o con nuestros principios. El crecimiento de una persona implica un aprendizaje constante, escuchar consejos, practicar lo aprendido y sobre todo sacar lecciones de todas las experiencias, las propias, sobre todo las propias y hasta de las ajenas, por que hay que ser muy bobo para tropezar con un mismo obstáculo conociéndolo de antemano.
Parte de ese crecimiento también consiste en dominar la forma de interactuar con tu entorno; por ejemplo, en mi experiencia, siempre me ha costado decir no, terminar siendo condescendiente muchas veces aun a costa de pequeños o grandes sacrificios, ceder un poco o mucho en algunos casos en pro del bien común o algunas veces como parte de un inevitable proceso de ser aceptado como parte de algo, de un grupo, de un clan; algo aparentemente tan simple, esto quiero, esto no quiero, punto!, fácil es decirlo, a algunos nos ha costado adoptar el careto, la actitud de caradura en el buen sentido, del “me llega altamente”, si, con esa actitud en la que si con nuestra respuesta alguien se siente mal, piña pues!!, pero lo habitual era hacer lo políticamente correcto, conciliar antes que pelear, en fin, no sentirse mal luego de dar una negativa, insisto, me ha costado mucho ponerme esa otra piel.
Hace algunos varios muchos años –¿hace falta decir cuantos?-, en los incipientes comienzos de mi primer grupo o banda de rock al que me uní casi sin proponérmelo, me tocó intentar eso de ser un poco conchudo y decir un no aunque fuera en el último segundo. Club Mayor era el nombre que le pusimos a nuestro proyecto, si dije que esos inicios fueron incipientes, debo agregar que fue mas que eso, de hacer gorgoritos en cada cumpleaños, serenata o peña familiar o entre amigos y convencernos que había algo de talento entre la mancha, empezamos a ensayar, primero en las casas de los Díaz o de los Morales, pero, empeñoso como el mas, Lucho, nuestro lead guitar, encontró algo muy conveniente para nosotros, una sala de ensayos equipada con todos los instrumentos y hasta tecladista incluido, todo gratis, mmm… ¿todo gratis?, ¿seguro?, ¿que como se traduce eso?, pues bien, a la letra, en el grupo lo que sobraban eran guitarras y guitarristas, casi todos excepto yo que de dos o tres acordes aprendidos no he pasado, a la hora de asignar los puestos el asunto vino casi natural de acuerdo al virtuosismo de cada quien, Lucho en la primera, Enzo en la segunda guitarra y segunda voz, Marco al bajo, y sorprendiéndome a mi mismo casi a empujones asumí el papel de front man del grupo, el vocalista, el gritante de la banda, la batería aún inexistente fue asumida sucesivamente por varios prospectos hasta que nuevamente Lucho reclutó a un miembro singular, Percy “Pitufo” al que captó en un festival en el que empezamos a tocar semanalmente.
Volviendo al tema, habíamos conseguido lo soñado entonces, un lugar idóneo para ensayar, fue nuestro primer contacto con los amplificadores y con guitarras que no fueran acústicas y el poder escuchar nuestra voces amplificadas; nuestra privilegiada situación tenía características especiales, muy especiales diría yo, Lucho dió con un compañero suyo de promoción de colegio cuya familia es dueña de un ahora legendario grupo cumbiambero surgido en los setentas, es decir, cumbia chichera con look Woodstock y punteos elementales con efectos waa waa y teclados con reminiscencias espaciales tipo pimball, ¿bacan no “Choches”? macanudo, nuestro primer tecladista al que apodamos “Choches” por la muletilla con que se refería a cada uno de nosotros era el mismo tecladista de “Los Totems”, mama mía!, a cruzar los dedos, empeño le sobraba felizmente; empezamos y le dimos para adelante, así tuvimos ensayos con la regularidad que nuestros estudios permitían y con la ventaja que nuestro tecladista era hermano del dueño y señor de todas esas ventajas para nosotros. Ensayos van, ensayos vienen, no tuvimos otro camino que ir perfeccionando sostenidamente nuestras performances, de la desordenada bulla aparente de los primeros días empezamos a aproximarnos a medianamente decentes versiones o covers de lo que se escuchaba esos años, Enanitos Verdes, Hombres G, Miguel Mateos, Soda, y a esgrimir también nuestras primeras composiciones, de cuando en cuando por ahí aparecía el gran Elmer, el tótem mayor, serio, circunspecto, con cara de nada, hasta que un día habló y sugirió algo a lo que ni por asomo podíamos haber dicho que no.
Por esos días en el cine nos partíamos de la risa con las situaciones extremas de un grupo de cadetes en “Locademia de Policía”, entre los personajes uno en particular, un rockero anónimo loco de atar, con voz de gallo Claudio, adicto en abstinencia y recuperación, que llegaba al nirvana hasta con los gases pimienta o lagrimógenos de los entrenamientos, tenía al borde del colapso a su pobre compañero de cuarto y recitaba siempre que podía los poemas absurdos de un tal “Manfredo”.
El gran Elmer nos felicitó por los progresos, con las palabras justas nos dijo algo que sonó a “pasen por caja”, - Nosotros (Los Totem’s) a veces amenizamos matrimonios o quinceañeros, creo que “podríamos alternar” algunas canciones “modernas” con ustedes… léase, canciones que suenan en las radios y que a nosotros nos empezaban a salir bien, y el “podríamos alternar” no significaba otra cosa que quiero que canten con nosotros.
Ejem, ejem, pasar saliva y escuchar al unísono a mi gente un “por supuesto, claro que si”, la oportunidad de retribuir los favores, de ser agradecidos, etc, etc, yo volvía a tragar saliva, claro, claro que si.
Y llegó el momento de ser agradecidos, sin embargo el dichoso sábado siguiente de pagar nuestra deuda no fue como me lo hubiera imaginado, no iba a tocar o cantar con mi gente, no, la propuesta era tocar “alternar” con el sonido de Los Totem’s, efectos waa waa y muchos pero muchos efectos siderales tipo pimball seguramente, y digo seguramente por que no hubo siquiera un ensayo previo con ellos, era un a lo que salga, ¿cuadrar las canciones? Menos!, ¿para que? Gulp, a pasar mas saliva; por si fuera poco, mis “solidarios” amigos que tenían una fiesta ese preciso día prefirieron eso a ir a cumplir con lo pactado, no estaban ni siquiera para dar aliento o convencerme que cantara nomás, así igualito a como habíamos ensayado pero con otro marco y otros ejecutantes. Mmm, ¿me lo puedo pensar un poco?.
Resignado a mi suerte y pensando en el bien del grupo fui al lugar de la presentación, el restaurante y salón de agasajos mas ficho, pijo, fresa, cheto de la ciudad, en pleno malecón, nada mas entrar, reconocer muchas caras conocidas, amigas de mi mamá y convencerme que no llegaba en plan de invitado, sino con cara de mártir a punto de ser inmolado por la causa de la sala de ensayo all free. Mmmm, esta vez ya no tragué saliva, hice un análisis somero de la situación, hasta que todo me llegó literalmente al pincho.
Providencialmente mi puntualidad no coincidió con el inicio real de la fiesta, veamos: no hemos ensayado ni cuadrado las canciones y se pretende que yo cante como sea, como alguien que camina a ciegas sobre una cuerda, ¿solo yo debo ser agradecido?, ¡NICA!, el lugar y la gente conocida anticipaban para mi un soberbio roche un papelón anticipado. Saben que?, no me importó nada, planté todo, sin despedirme de nadie retomé mis pasos hacia la entrada del local y tomé el primer taxi que pasó y me fui a casa. Me sentí aliviado de zafar del compromiso pero también me invadió la culpa, si, y llegue a pensar que de ahí en mas ya no tendríamos sala de ensayo.
Al día siguiente para mi sorpresa me citaron para un nuevo ensayo, avergonzado acudí y ese día casi no ensayamos, mis compañeros y los dueños de los equipos y su grupo prácticamente tirados al piso y agarrándose la panza no paraban de reir y repetir uno de los absurdos de la película “Conocen a Manfredo, el que se tira un pedo y le importa un bledo?”. Los había dejado plantados y no hacían mas que celebrar mi reacción. Demás esta decir que cargué con el sobrenombre el resto de la existencia del grupo y el siguiente, pero supieron para siempre que cuando no me gusta algo mandaré todo por la borda y me importará realmente un bledo, ¿vieron que no siempre es difícil decir que no?.
Esa es la historia del seudónimo, y siendo entrañable como fue me ha servido para identificar los relatos y reflexiones de este blog.

martes 13 de enero de 2009

ALBAR II


Llueve copiosamente, no puede ser posible sentir esta temperatura tan baja en plena selva, casi trópico, aquí solo imaginarías humedad y sopor perpetuo, sin embargo la sensación térmica es de frío, me incorporo un poco, corro lo suficiente la cortina para comprobar con ojos chinos casi cerrados todo el diluvio afuera cayendo sobre la cisterna, los ladrillos apilados y las ráfagas de viento que baten las inmensas puertas metálicas del portón como si fueran simples laminitas y los goterones de lluvia que golpean contra la ventana e incluso sobre la motocicleta semi protegida bajo el alar que en estas circunstancias es un mero detalle de la construcción sin ninguna función utilitaria; siento los pies helados, la nariz, las orejas igual, cuando habitualmente para dormir no hace falta mas que una sábana y mucha veces ni siquiera eso, resulta gracioso ponerse a buscar un par de medias que ponerse en la oscuridad, rescatar y expandir el sleeping bag para que haga las veces de edredón o sábana nórdica. Bien, ahora si, esto si es cálido y reconfortante, una mirada autómata a la pantalla del celular que hace mucho reemplazó al reloj en la mesita de noche, quedan aun un par de valiosas horas de sueño antes de levantarse para ir a trabajar; duerme mundo, duerme y déjame dormir…, ahora si se escucha agradable el ruido de la lluvia cayendo interminable, como un rumor que arrulla, aunque arrecie el viento, aunque truene y relampaguee, ahora si puedo abrazarte de la cintura mientras beso tus hombros y tu espalda mientras duermes conmigo y no lo sabes y es la suavidad de tu piel que me acaricia y abriga. No habrá fuerza ni nadie que me aparte de este momento entre lo consciente y lo inconsciente, asomándome al segundo tiempo de mi sueño interrumpido, de la levedad, de la ausencia de lucidez a medio camino hacia un sueño profundo, solo el placer infinito de esta calidez, de esta tibieza que me engríe y arropa.
Ahí van mis sueños, entre almohadas y ruido de lluvia, con la mente en estado de hibernación, escalando la cordillera mas alta, viéndolo todo por encima de las nubes, con una gran sonrisa dibujada en la cara y el corazón dando saltos de alegría, con arneses de fe y de optimismo, confiando en mis manos, en mi instinto y en mis puntos de apoyo. Ahí voy, ahí estoy, ese será mi refugio y también mi bienestar, aunque al despertar tenga que escalar otras montañas, siempre podré volver a la mía cuando vuelva a soñar antes de cada amanecer.
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"... Y acurrucados el mundo es diferente
calor humano y hambre que compartir
y adormecidos y amontonados
de esta trinchera no quiero salir... "
"Cálida trinchera" (Celtas Cortos)

lunes 22 de diciembre de 2008

RebeQUITA

(Sábado 20/Diciembre/2008)
La última imagen que tengo grabada en mis retinas de la persona hermosa de quien hablo es una que tuvo como marco una tarde soleada de principios de noviembre, fue en los días de convalecencia de papá, y una de esas tardes en que me quedaba conversando de todo con él. La imagen que me ronda tuvo la interacción inocente de personajes situados -en la línea de la vida- en el extremo opuesto de la niñez, una nonagenaria lúcida, sabia y cariñosa acompañada de mis primos-hermanos, mi madre y mi hermana, allá abajo, al inicio del corredor de techo tubular transparente del ex Hospital del Empleado, allí, a lo lejos y tan cerca a la vez, sus figuras diminutas agitando los brazos para que siete pisos arriba el octogenario hacedor de mis días pudiera verlos y agitara el brazo derecho libre de sondas y catéteres como respuesta a su saludo.
Ahora que lo pienso –y aunque en ese instante no reparara detenidamente en el detalle- me pareció verla cansada, satisfecha sí de haber podido ir a ver a su hermano hospitalizado; mientras quienes la acompañaban ya habían ubicado la ventana de la habitación en la que minutos antes estuvieron, ella parecía hacer esfuerzos infructuosos por identificar el objetivo visual de su saludo con manito temblorosa en alto, igual lo hizo, igual sonrió, igual regaló a su hermano ese gesto de mujer hermosa pequeñita de pelito corto cano. Unas horas antes al llegar y darle yo el encuentro en la entrada de cuidados intermedios -donde debíamos alternarnos los horarios de visitas restringidas-, me tocó escucharla decir el sobrenombre que me gané con ella de tanto que no iba a visitarla “tu no eres Tin, tu eres ingraTIN”, pero igual, siempre tenía para mi un gran beso y abrazo tierno de esos que solo pueden darte ella, Luchin, Milka o Genoveva por que te recuerdan o parece que también te abrazara Mamá Vica, algo de eso hay en cada uno de ellos.
Hoy me entero que el corazón de Rebequita, mi querida Tía Quita, me entero que su corazón cansado, ese dínamo feroz que ante las emociones, alegrías o tristezas galopa, se emociona, se descontrola y desboca; me entero que hoy hizo un esfuerzo final hasta detenerse.
Reflexionaba hace poco en estos últimos días sobre lo que son los ciclos que cumplimos en nuestras vidas, sin embargo, cuanto cuesta asimilar una partida, cuanto cuesta decir adiós sin que te tiemblen tanto las piernas. A partir de hoy, quererte será hacerlo en otros planos de nuestra existencia, te veré agitando los brazos y sonriendo para nosotros, aunque también caeré en la cuenta que ese día en esa imagen ya me estabas diciendo adiós.
Que descanses Rebequita, que descanses tía preciosa.

jueves 11 de diciembre de 2008

AYHUALLÁ (canción de despedida)

Los ciclos son etapas, son vueltas de un espiral que es la vida misma, somos concebidos, nacemos, crecemos, nos alimentamos, aprendemos, socializamos, nos enamoramos, nos reproducimos, nos enfermamos, envejecemos y morimos. Entre momento y momento cumplimos ciclos intermedios, con retos y eventualidades a los que hacemos frente, buscando cumplir las metas que nos planteemos, planificando los esfuerzos, cumpliendo nuestros objetivos.
Dicen que las carreras hay que correrlas, sudarlas, lucharlas día a día, y al llegar al final de la jornada o al final del camino, o al tener que cerrar cada etapa debemos hacer balances, hacer estadísticas introspectivas de todo lo hecho, de todo el camino recorrido y después, con renovada piel y energía enfrentarse a lo que puede ser un nuevo ciclo de lo andado o dar un giro radical a nuestros pasos y enfrentar mas retos, irse lejos para empezar de cero o crecer en lo que ya estés haciendo. Cada una de esas etapas, cada fin de ciclo será una despedida, será un “ya me voy”, como el Ayhuallá (*) que bailan los Negritos de Huánuco al terminar la temporada de cofradías de fin de año e inicio del siguiente. Nos despojaremos de nuestros atavíos y ejecutaremos la melancólica danza del adiós, siendo uno solo en el abrazo con quienes nos acompañaron en la brega renovando la promesa de un próximo reencuentro y guardar en la mente, el alma o el corazón ese momento irrepetible.
A esa reflexión me lleva la proximidad del fin de año, de la expectativa de lo que deparara el nuevo año, tengo la certeza que mis esfuerzos y mis ganas serán plasmados en nuevos logros, en nuevas satisfacciones, me plantearé nuevos retos y me desafiaré a mi mismo para lograrlos, sonreiré más, renegaré menos; antes, al final de este período solo diré “ya me voy” con esa tristeza que suele mutar en alegría, bailaré mi propio ayhuallá como catarsis, y como promesa de todo lo bueno que hay en la otra vuelta del camino.
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(*) Ayhuallá, baile de despedida cadencioso y melancólico que ejecutan los integrantes de las cofradías de danzantes denominados “Negritos de Huánuco” al terminar su temporada de bailes y adoración del Niño Jesús, en el cual se despojan de sus trajes y máscaras tradicionales.

martes 25 de noviembre de 2008

Ska, pogo, Fabulosos Cadillacs, mi mancha y yo “…NUNCA TE OLVIDES, VIEJOS MOMENTOS…”

Hasta el verano de 1985/1986, mis únicos referentes del ska eran que se trataba de un ritmo jamaiquino emparentado con el reggae caracterizado por un rasgueo inverso en la guitarra y mucho mas picadito que le dan su cadencia característica resultado de su mezcla con el punk que le dio un sonido más rápido y contundente pero manteniendo el estilo alegre y bailable. Su actitud responde al hecho que inmigrantes jamaiquinos rudeboys que en los setenta viajan a Inglaterra que aunque llegan con una ideología menos violenta se enfrentarán a la ola de racismo propulsada por una creciente corriente de extrema derecha, estableciéndose así una actitud inconformista y anti-sistema muy propia del punk.
En cuanto a bandas o grupos en esa línea o semejante que conociera, desde años atrás ya le había encontrado el gusto a Madness, The Specials y a UB40 –mas tarde me haría adepto a Bim Skala Bim y The Mighty Mighty Bosstones- así que escuchar por primera vez a los Fabulosos Cadillacs fue engancharme a su propuesta de forma inmediata, desde el primer single de su álbum debut “Bares y Fondas” el sencillo que titulaba “Quiero morirme acá” y luego “Silencio hospital”, distinto a todo el pop en castellano de entonces, como las bandas inglesas con una línea de brasses atrás dándole el tono festivo pero en nuestro idioma, además del look del trajecito y sombrero característicos.
Esta es una de esas bandas o grupos con la cual -habiéndote acompañado como sound track de buena parte de tu vida-, no puedes menos que identificarte como si se tratara de una extensión de tu propio grupo de amigos. Escucharlos a través de sus grabaciones de por si ya es divertido o te obliga a comprometerte con alguna causa o con un sentimiento según sea el tema; pero escucharlos y verlos en vivo es un despelote, no paras de saltar, bailar, cantar y hacer vivas, y eso sucedió desde la primera vez que los vi con mis primos en directo en el ’86 en la Feria del Hogar, en lo que fue la primera vez que tocaban fuera de su país; eso es lo que pasa cuando vas a uno de sus conciertos, sea que toquen en El Zalonazo, o la misma Feria del Hogar en Lima o el Festival de la Cerveza en Cusco, o en el Estadio Obras Sanitarias o en Cemento en Buenos Aires.
Siendo así las cosas, hago cuentas y son algo así como 22 años disfrutando de la música de estos guachos entrañables; la discografía de LFC abarca alrededor de 12 producciones en estudio sin contar las producciones en vivo y otros recopilatorios, de las cuales reparo que no todas tuvieron difusión en el Perú, hablo en particular de “Satánico Dr. Cadillac” ó “Volumen V” que contenía una singular versión de “Miss you” de los Rolling Stones y el hit “Demasiada presión” que recién fue conocido en el Perú con los discos de despedida no oficial en vivo “Hola” y “Chau”, salvo alguna mención en la desaparecida revista “Esquina” no recuerdo otra referencia en medios locales -por lo menos de “Satánico…”-, y con ello me refiero a la difusión amplia a nivel nacional como si había sucedido con producciones anteriores como el “Yo te avisé” o “El ritmo mundial”, sin embargo en esos años tuve el privilegio de trabajar en Studio 5, una radio bastante sui generis que se apartaba de convencionalismos en cuanto a la música que difundía, resultando exótica inclusive, o adelantándose por muchos meses a las radios y disqueras de Lima al contar con sus propios recursos y colaboradores en muchas partes del mundo, así que esos dos álbumes llegaron a nuestras manos gracias a Oscar Scirocco quien al igual que Marcia Rago –que nos proveyó con anticipación de años luz el golazo recopilatorio “Vasos vacios” que incluía “Matador”- son amigos porteños de primera línea a quienes convertimos en corresponsales de la radio.
Desde fines de los ochenta fue inevitable hacer propias las letras de “Yo no me sentaría en tu mesa” todo un himno a la amistad y las jornadas de buenas borracheras “…Por más que quieras sacarnos de nuestro lugar y pienses que solo somos un puñado de mierdas, no no podrás quitarnos lo que hicimos ya, ahora somos más hermanos que antes ...” en esos momentos ¡irremplazable!, por su parte “Demasiada presión” se convirtió en algo similar, el himno de los reencuentros y de los “hermano, te quiero mucho” implícitos, incluso en el repertorio de K-torce de Julio (en el que mi alter ego Manfredo era el vocalista) teníamos una versión del tema que fusionamos con la parte instrumental de una salsa de Fruko y sus Tesos en un endiablado solo de teclado de Martincillo Gordon y que en vivo precedía a nuestro cuasi funky “Vamos a jugar” hecho con Nito Beraún. Que himno, que hermandad “… ésta noche es hora de que pienses en cambiar, el tiempo pasa pronto y todo tiene su final, pasa pasa pasa pásame un vaso más volvamos caminando pero elijamos el lugar”.
En Huánuco disfrutamos de todo eso, vivimos a otro ritmo, escuchando las canciones que Lima nunca conoció en su momento, y replicándolas en nuestras fiestas –pobres casas de Gina o de los Díaz-, con mucho pogo incluido para espanto de los educaditos y educaditas que recién se integraran a la mancha “… si en este cielo hay un Dios, que me enseñe a destrozar el maldito grabador que no para de sonar … glori, gloria va a morirme en tus brazos de luz, el amor no me deja pensar, glori, gloria a va a morirme con vos mujer esta música rompe mis pies …”
Si bien el ska fue el punto de partida de todo lo que hicieron los Fabulosos Cadillacs, lo que vino después ya fue una ampliación tremenda de su espectro musical de ritmos y fusiones, música latina en suma, algo que si bien es cierto ya había comenzado con el emblemático “Vasos vacíos” del ’88; así, tuvimos un “Manuel Santillán El león” en versión original y tumbao, o el “Crucero del amor”, o “Gitana”, después vinieron los architocados “Matador” y “Mal bicho” que supusieron la consagración internacional de la banda con grammy’s, MTV award’s etc incluidos. Los demás discos han sido una evolución constante, cada uno con joyas y joyitas como “Calaveras y Diablitos”, “Roble”, “C.J.” ó “Vos sabes”.
Este año 2008 se hablaba de un inminente retorno de los Fabulosos Cadillacs como ya lo habían hecho los Soda; toda una intriga al respecto hasta que en junio Buenos Aires lucía empapelada de carteles en blanco y negro con una diseño de signos de admiración en medio de un circulo y con la frase “YO TE AVISE”, se venían los fabus, su pagina web marcaba una cuenta regresiva hasta que se hizo el anuncio de un concierto sorpresa, martes 01/Julio/2008 18:30 p.m. todos al Planetario de los bosques de Palermo, concierto gratuito y al aire libre ante unos 10,000 suertudos, pocos temas, entre ellos “Manuel Santillán, el León”, “Mi novia se cayó en un pozo ciego” en versión punk, “Demasiada presión”, “Siguiendo la luna” y “Mal bicho” mas el estreno de un tema nuevo “La luz del ritmo” y como bis y cierre “El Satánico Dr. Cadillac”, mini show suficiente para anunciar el retorno, el nuevo disco y el inicio del Satánico Pop Tour que según el anuncio incluiría Perú. (*)
Los últimos días de octubre de este 2008 han visito la aparición del nuevo CD de los Fabulosos Cadillacs, que titula “La luz del ritmo”; contiene seis reinterpretaciones de sus propios temas “Padre nuestro”, “Mal bicho”, “El genio del dub”, “Los condenaditos” y “Muy, muy temprano”; dos covers: “Wake up and make love whit me” (Ian Dury) y “Should I stay or should I go” (The Clash); y cinco temas nuevos “La luz del ritmo”, “Flores”, “Hoy”, “El fin del amor” y “Nosotros egoístas”, este ultimo escrito por Flavio Cianciarulo (Sr. Flavio) quien además la canta y es un homenaje al fallecido percusionista del grupo Toto Rotblat; este tema particularmente me ha resultado emblemático y es de los temas que seguro formaran ese grupo de himnos de amistad para mi y mucha gente como lo fueron “Yo no me sentaría en tu mesa”, “La vida”, “Demasiada presión” o “Carnaval toda la vida”.
Bien, el tour ha comenzado y ya recorren América, la mesa esta servida, los amigos estamos juntos, los ruddies de ayer y de hoy ya llenaron el Foro Sol del D.F. y lo harán en el Estadio de River Plate en Núñez y estarán también en la cancha y tribunas del Estadio Nacional en Lima este sábado 29/Noviembre/2008, una buena porción de ese público tiene el sello de “Hecho en Huánuco” de los que conocen a los Fabulosos Cadillacs desde siempre, “¡¡ruddie, un mensaje para ti !! “/ “… somos actores de ese gran escenario que se llama vida, pasiones, amores, traiciones, sueños, mentiras, porque la vida es una comedia de ilusiones, nacemos, crecemos, vivimos como nos toca. En la vida todos queremos tocar el cielo…” / y de lo nuevo cantará “… preguntas que vienen y van, mas preguntas que respuestas, una propuesta ilimitada sobre nosotros caerá, sobre nosotros caerá. Vivir de amor, vivir de amor. La luz del ritmo… La magia se baja! nos vamos a casa”. Habrá que estar ahí, aunque tenga que hacerlo en la piel de mis amigos.

(*) Quien quiera escuchar parte del show de anuncio de Satánico Pop Tour, en este enlace tienen el audio transmitido por la Radio Rock&Pop el 01/07/2008:

viernes 14 de noviembre de 2008

ATURDIDO


Si tengo que describir mi estado de ánimo en estas últimas semanas esa sería la palabra mas aproximada y quizá mas descriptiva de cómo me he estado sintiendo: Aturdido. He pasado del estrés del trabajo a la expectativa de reencontrarme con uno de mis sobrinos queridos y sus nuevas pinturas; he tenido la cena familiar mas intensa que recuerde con excepcional tinto Cadozos y generoso rosé Tabernero y hasta karaoke incluido; he hecho mucha catarsis consumista; he comido demás; deje de ir al gimnasio so pretexto que me habían robado las zapatillas y la mochila; he subido y bajado de aviones y he tomado mucho café a veces sin discutir y sin analizarme; reventé la tarjeta de crédito; y he estado al igual que toda mi familia con el corazón en la mano y el alma en vilo cuando a la medianoche de un jueves mi hermano desde Huánuco me comunicaba que papá en Lima tuvo que ser llevado de emergencia al hospital, su presión se había disparado y una taquicardia con ínfulas de pre-infarto nos puso a todos en jaque. Desesperación hasta el llanto, impotencia de estar tan lejos, aunque el propio viejito se encargaría de poner paños fríos a la situación haciendo bromas a las enfermeras en los momentos mas críticos “¿señorita estoy en el cielo?, No señor ¿por que dice eso?, esta en la sala de emergencia. Ah, como veo tanta chica bonita, tanto angelito, yo pensé…”.
He compartido mucha vida estos últimos días, compartí los auriculares del móvil para escuchar con él la música que mas nos gusta, desde soundtracks de películas a las gaitas de Hevia o los Celtas Cortos; vimos ocultarse el sol desde el séptimo piso de sus cuidados intensivos o intermedios del Hospital Rebagliati y adivinamos la ubicación de nuestra casa identificando a lo lejos las edificaciones vecinas.
Las circunstancias de estos días me pusieron a mi mismo en un segundo lugar poniendo énfasis en buscar el bienestar de quienes me rodean, los viejitos siguen discutiendo por cosas simples pero los veo felices de estar uno al lado del otro, mis hermanos conversan mas, hasta el clima parece ir mejorando, también he vuelto a verle la cara -literalmente- a Tobías Hemingway luego de su paso por la veterinaria y su buen corte de pelo y garras y baño de por medio; pagué mis deudas del mes, en síntesis, debí responder igual a todas mis responsabilidades y compromisos aunque no estuviera al 100%; y luego he tenido que volver a subirme a un avión rumbo a mi selva/celda laboral, pero esta vez ha sido diferente, ha sido otra sensación, cual metáfora ha sido un paseo por las nubes y aunque no me haya dado cuenta por completo y hayan muchas tareas pendientes, he renovado energías, he renovado afectos.
He estado “aturdido” pero me alegra decir que hoy no lo estoy tanto, y escuchando la voz de mi conciencia maorí ayer volví a sacar mi motocicleta, hacerla rugir, ayer volví al gimnasio, anoche dormí mejor que un bebé; definitivamente me siento mejor y eso me reconforta.

lunes 13 de octubre de 2008

Carta para un viejo amigo

Estimado Ismael:
Una vez mas no podremos coincidir en Lima, una vez mas no podré acompañarte ni ser partícipe de esa gran reunión de familiares y amigos que son tus conciertos, no podré escucharte decir en directo “gracias por estar aquí, espero que disfruten de este espectáculo de luz y de sonido” y que tratarás que nos sintamos menos solos y tratarás también de demostrar que estamos vivos y que no todo está escrito.
Han pasado algunos años y otras tantas canciones desde la primera vez que te escuché luego de andar curioseando el anaquel de CD’s de Marcia en su antigua casa de Floresta –música caleta me dije-, era el año 2001 y repasando los títulos de tus primeros discos “Atrapados en azul” y “La memoria de los peces” intuí a un trovador renovando la herencia de Silvio y de Serrat, escuchar “Papá cuéntame otra vez” fue una vorágine de reacciones, atención a la letra y después lo inevitable, como no sentirse un Daniel Cohn – Bendit o Dani “el rojo” dirigiendo a sus colegas de La Sorbona y desafiando gendarmes en aquel Mayo francés en los días de vino y rosas y la reflexión y conclusiones de una nueva generación que pregunta a sus padres para que sirvieron todos esos mayos del ’68 de la historia si siguen los mismos muertos podridos de crueldad y las mismas absurdas guerras. Así, me descubrí soltando un lagrimón al final de la canción; emotivo fue también declarar a viva voz “Amo tanto la vida” o casi deprimirme oyendo “Vértigo” ó “Un muerto encierras” pensando en antiguos amores.
Alternando sensaciones, como no sonreír cómplice con las historias de “Caperucita” o “La extraña pareja” y al pasar al otro disco con “Últimamente” fue como escuchar un diagnóstico de uno mismo y “Canción de amor propio” fue descojonarse de risa identificando mis propias manías. Así fué que mi convalecencia de un accidente en ese entonces en plena primavera porteña tuvo no solo música sino letras inteligentes; de ahí en más fue seguirte el rastro y procurar tus discos a través de los amigos y familiares viajantes por que aquí en tierras incas solo te escuchábamos quienes hubiéramos tenido alguna aproximación casi casual como la mía.
Debo darte las gracias mi estimado Ismael por cada nuevo esfuerzo por hacerte escuchar, algo que a estas alturas felizmente es una experiencia compartida por mucha más gente que ha hecho suyas tus canciones. No hay persona con quien haya compartido mis CD’s que no haya terminado apreciándote y siguiéndote. ¿Ya ves? has hecho muchos amigos Ismael, así cantamos para recordar que aun seguimos vivos (“Ya ves” Los paraísos desiertos - 2000).
En unos días mas cantarás para nosotros en el Auditorio del Colegio Santa Úrsula, me enteré muy tarde de tu llegada cuando ya había pactado mi ida y vuelta, hubiera querido escucharte decir las cosas que uno también dice como cuando se está frente a un espejo “Ahora que la adolescencia es un septiembre lejano… Ahora que duelen las resacas y cortan como una navaja. Ahora que nadie nos saluda por los bares de Malasaña, que pido auxilio, besos y comida por teléfono, que fumo flores y lloro a veces mientras duermo. Ahora que tiemblo como un niño abandonado. Ahora que viejos amigos nos han traicionado” (“Ahora” La traición de Wendy - 2002); hubiera querido que me cuentes más sobre los sueños del futuro de tu nueva “Casandra” o sobre el contenido de la sonda Voyager llegando a los confines del universo hasta Alfa-Centauro, o las historias de sala de cine en “Sesión continua”.
Eran muchas las cosas sobre las que teníamos que hablar y cantar, sin embargo, mientras yo esté dejando Lima en la madrugada del lunes volando sobre los Andes para retornar a mi selva laboral, tu recién estarás llegando para conversar tal vez con Mabela Martínez o dar alguna entrevista antes del recital del miércoles 22 por la noche; a esas horas no me quedará entonces otra cosa que poner a girar los CD’s como quien revisa antiguas o recientes cartas de un amigo entrañable.
Será para otra oportunidad Ismael, la próxima vez ¡avisa con tiempo pues hermano!
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Lo siguiente es lo que publicó Ismael Serrano en su blog respecto a su paso por Lima: (*)
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"... Viernes 24 de octubre de 2008
Garúa
Para mi amigo Pascual
El cielo opaco de Lima despliega su manto de garúa sobre los recién llegados. La fortuna de cada viaje viene acompañada siempre por un rayo de nostalgia que atraviesa mis párpados cada vez que los cierro. Imagino como será todo lejos. En casa. Y veo a un niño riendo a carcajadas sobre una cama. Y el mundo extraño e impaciente esperando su mirada. Cuando yo regrese ese niño será otro pero ya me sé de memoria su olor y gesto inquieto.En el salvapantallas de mis sueños aparece toda la gente a la que quiero. Y la melodía tarareada de las canciones que aún no he escrito toca mi piel como esta garúa indecisa, sin traspasar la ropa que me cubre pero avisando de que otras lluvias encharcarán mi habitación.Ahora viene a mi mente el olor del campo en otoño. Los berrocales a lo lejos abrigados de encinas y el olor de las chimeneas recién encendidas. El rumor del bar de la aldea, entorno a las mesas, y, de fondo, el telefilme de la siesta. Envido. Quiero un envite.Y en este día, color de ropa antigua, que diría el poeta peruano César Vallejo que puso la piedra blanca sobre la piedra negra, lejos de París y sin que alumbren el día aguaceros, muero un poco. Hay fracasos que nos muestran la medida de nuestra sombra, recortándose en el camino que dibujamos al salir de casa. En busca de un tesoro, o simplemente de tabaco. Fumo un cigarrillo, ese de más, y vengo de responder a preguntas con poca convicción y pido disculpas por la osadía con que arrojo contra el micrófono palabras y deseos. Llega el concierto y, como una flor que se abre, la música tiende sus estambres a un público que generoso canta y comparte el sueño que se posó en la ciudad portuaria que en estos días es mi vida. Durante el recital, al cerrar los párpados siguen atravesándome los recuerdos de mi gente como una saeta invisible y dolorosa. Pero ahora la nostalgia es alumbrada por los planes de futuro, la certeza de que en nuestras manos está abrir la cancela tras la que adivinamos la luz de otros amaneceres. El diálogo durante el concierto es un bálsamo porque saberse acompañado nos hace más fuertes en los momentos de adversidad. Agradezco infinitamente la noche compartida en Lima y nos despedimos sin hacer promesas vanas. Porque sé que volveremos. Afuera la garúa insiste en llenarnos de melancolía. Pero esta noche recibimos nuestra dosis de analgesia a través de las canciones y la charla, que extendemos hasta la sobremesa, hasta tarde mientras en Madrid amanece.Allá, al otro lado del océano, estarán bebiendo a sorbos la mañana junto con el café y el primer cigarrillo. Una alfombra de hojas secas se habrá extendido camino de la oficina. Y los plátanos desnudos de la calle enseñarán soberbios sus nudos como unas manos viejas abriéndose al cielo. Lima duerme y fumo otro cigarro, ese de más, mientras la garúa trata de meterse bajo mi ropa. Buenos amigos me acompañan. Los mejores. Y entre calada y calada se cuela la risa, haciéndose hueco entre el repaso de lo vivido. Nos despedimos y nos citamos temprano para viajar a Paraguay al día siguiente. Temprano. Demasiado. Sabrán soportar mi malhumor matinal como tantas veces.La garúa sigue cayendo sobre Lima mientras, feliz por el concierto, me acuerdo de todos. ..."

viernes 3 de octubre de 2008

DX-ismo (cuando las emociones llegaban también a través de la onda corta)

Este es un vocablo, un concepto que siempre estará asociado a mi pubertad y a mi adolescencia, junto a un potente radio JVC regalo de mi padre, algo que se convirtió en la extensión más emocionante de mis conocimientos y las relaciones sociales en esa fase de mi vida. Si las revistas de mi infancia sirvieron para asomarme a un mundo infinito y mío, debo admitir que fue el DX-ismo la herramienta que me permitió dar pasos que me hicieron protagonista de muchas cosas inusuales para mi edad pero felizmente habituales entre mi circulo de amigos de entonces.
Una vez aprendido que los medios de comunicaciones son la suma de muchos elementos, que son la expresión de lo que un ser humano comunica a otro apoyado con la ciencia y la tecnología de cada época, que permite que los contenidos y los conocimientos de una determinada región o país puedan ser transmitidos hasta lugares distantes, una vez asimilado eso como algo natural, uno no podía limitarse a ser un mero receptor de esa información y conocimientos, uno debía también ser protagonista, formar parte de aquel sistema de comunicaciones.
En el colegio los amigos compartíamos datos, frecuencias y horarios de radios o programas recién descubiertos y ya en casa cada quien por lo general a partir de las seis de la tarde (23:00 Hora del Meridiano de Greenwich – Hora GMT u Hora UTC - United Time Cordinated) iniciábamos la singular cacería en la banda de onda corta, enterarse de la noticias que no verías ni en la tele ni la radio local, escuchar la música mas reciente y rebuscada y tomar conocimiento de otras realidades en la voz de amigos lejanos, estableciendo el vinculo con solo sintonizar y tener la paciencia de captar la señal adecuada de onda corta, al principio buscando las emisoras mas potentes y populares y después agarrar el gusto y reto de captar las emisiones mas lejanas y exóticas; aún recuerdo la emoción que provocaba escuchar el canto del “irakeere” anunciando el inicio de transmisiones de Radio RSA desde Johannesburgo.
Diexista es una castellanización de la expresión DXer, y el DX-ismo como actividad proviene de las siglas D = distancia y X = incógnita, y como afición podría definirse como la búsqueda de lo desconocido o lo que nos viene de la lejanía. Las personas que se dedican al diexismo son aquellas que con su aparato de radio se dedican a sintonizar, identificar, escuchar y monitorear emisoras de radio, bien sea que se trate de radiodifusoras o bien las señales de radioaficionados o señales utilitarias como las de barcos o aviones (aunque en estos casos actualmente el uso de dichas frecuencias solo se limita a momentos de maniobras o su uso en naves pequeñas tipo bolicheras), en mi caso y el de mis amigos, la carnecita de esta actividad –sobra decirlo- lo constituían las emisiones de radiodifusoras lejanas a nuestro lugar de recepción, desde las mas grandes y emblemáticas tipo Radio Nederland, Radio Deutsche Welle, BBC de Londres, Radio Suecia International, Radio France Internationale, Radio Praga, BRT de Bélgica, RAI de Italia, Radio Exterior de España, Radio Pekín, Radio South África, entre otras, y también aquellas emisoras que aunque no siendo las grandes corporaciones radiales de sus respectivos países en cambio tenían el encanto de su difícil sintonía sea por lejanas o por inusuales.
La mayoría de estas emisoras tienen transmisiones en varias lenguas, y las emisiones en castellano suelen ser felizmente muchas con todo un espectro de opciones para escoger, así, la afición inicialmente técnica de escuchar señales de onda corta que llegan hasta nuestros receptores según las condiciones de propagación, la potencia de las emisoras, las interferencia que sufran y la hora de la escucha, también permitía otro aspecto importante de conocimientos y experiencias que era conocer e informarse de primera mano con las noticias, la cultura y costumbres del país de origen de la señal, agregando a ello una actividad propiciada por las mismas emisoras cual es el ponerse en contacto con ellos mediante correo (si, correo convencional, recuerden que hablo de mi pubertad y adolescencia, el internet y el e-mail son temas recientes), lo que permitía consultarles aspectos de interés o compartir la experiencia de la sintonía.
Adicionalmente según el caso y la disposición de la emisora recibía información y material impreso de diversos tópicos del respectivo país (temas de turismo, cultura, actualidad, etc.), así como distintivos de cada radio como stickers y banderines o gallardetes. En resumidas cuentas, todo eso eran los trofeos de la escucha, que luego llenarían álbumes y paredes de la casa; y, lo principal, como complemento de la captación de la señal uno debía enviar informes de recepción y obtener como confirmación de la misma una Tarjeta QSL (tarjeta de confirmación de recepción o acuse de recibo), esos informes debían indicar día, hora de inicio y fin de la escucha, frecuencia de sintonía, situación geográfica del radioescucha, equipo receptor y antena empleados y un pequeño resumen de la escucha, junto con ello, una evaluación técnica de las características de la recepción, usando para ello el código SINPO, una escala de 1 al 5 que cubre y evalúa los siguientes aspectos:
Strength - Intensidad de la señal;
Interference - Interferencia de otras emisoras, equipos eléctricos, etc.;
Noise - Ruido, interferencias ambientales de tipo natural;
Propagation - Condiciones de la propagación y estabilidad de la señal (también el desvanecimiento de la señal o fading; y,
Overall - Apreciación en conjunto de la recepción. Con lo cual, un hipotético y casi improbable SINPO 55555 equivaldría a una recepción digamos perfecta.
El DXismo como afición principal de esos tiempos para mi implicaba todo un conjunto de otras actividades paralelas compartidas y competidas -como no- con algunos otros colegas de mi querido Colegio Leoncio Prado, así, cada uno de nosotros contaba con su respectivo Apartado Postal ó P.O. Box, con lo que debo decir que la llegada de correspondencia a mi Apartado Postal N° 270 era toda una materialización de las experiencias escuchadas, y el volumen era impresionante. La salida del colegio siempre incluía la visita obligada a la Oficina Central de Correos para ver que novedad había llegado para cada uno, en muchos casos el entusiasmo nos ganaba y ya no nos conformábamos con QSL’s y a veces recibir los sobres mas grandes eran motivo de mayor orgullo, suscripciones de revistas, etc, otras veces incluso la escucha había permitido participar de concursos que te compensaban con cosas mayores del merchandising de las emisoras, inclusive radios receptores Grunding (un amigo lo ganó dos veces), en mi caso uno de mis tesoros fue un afiche autografiado por los 49ers que me mandó la radio cristiana KGEI - La Voz de la Amistad desde San Francisco, Ca. En suma, la escucha de la onda corta no podía ser mejor estimulada.
Otra ventaja fue la posibilidad de contacto con otros oyentes de la misma radio que fueran de otras latitudes, lo que permitía que a través de la correspondencia uno tomara contacto directo con otra gente de tu misma edad é intereses, demás esta decirlo, hice amigos en lugares lejanos y cercanos, Japón, Francia, España, USA, Chile o Argentina proveyeron los mas recordables, aunque las cartas podían llegar de lugares inimaginables como Angola, Filipinas o Israel, algunos de esos amigos se convirtieron verdaderos familiares si no hermanos a la distancia. Claro, todo este intercambio significaba un reto a su vez, uno se convertía en una especie de representante del propio país, así se daba una saludable retroalimentación, un aprendizaje impresionante, de ahí en mas no hubieron mas fronteras ni barreras, si la cultura general fuera una materia que rendir, esta se aprobaba con notas de excelencia.
En cuanto a la formación de cada uno de nosotros esta actividad supuso una expansión de conocimientos enorme, conocer y entender principios físicos y mucho mas, ciencia multidisciplinaria en suma para lograr captar las señales de radio, para mejorar su recepción y junto a ello la interrelación tanto con las emisoras como con otros DXistas permitió que adquiriéramos ese “mundo” que en otras circunstancias hubiera sido parte de un proceso mas largo o habría tenido que darse en alguna otra coyuntura extraordinaria, nada habitual en gente de nuestra edad, independientemente que se tratara que viviéramos en una ciudad del interior y no en la capital –o quizá precisamente por eso-, lo que nos dio un plus para ver la vida de otra manera integrados desde entonces a esa gran aldea global que somos. Lo que vino años después ya fue el perfeccionamiento de todo lo andado, nosotros ya habíamos recorrido distancias infinitas, las distancias ya habían dejado de ser una incógnita.

jueves 18 de septiembre de 2008

MI CUBIL FELINO

16:15 hrs. Martes 16/09/2008 – En un lugar de Pucallpa, Perú
Nada mas abrir la puerta de ingreso se podía percibir que las cosas no eran normales este día; una serie de detalles me lo decía, un silencio extraño en el gran canchón el terreno que a manera de gran depósito y estacionamiento de cisternas tiene además en un ángulo de la izquierda entrando una construcción de material noble como un bungalow -que es mi casa en estos lares-, con dos ambientes mas un baño interior y otro exterior y en la parte lateral una lavandería; la puerta de ingreso de la casita tiene seis paños o ventanitas con vidrio catedral en su parte superior, una de ellas antes de este día en vez de vidrio estaba con una cubierta plástica improvisada. Apenas traspasar el portón metálico desde donde se ve la casa y la puerta con vidrios eso llamó mi atención, la cubierta estaba rasgada y podía verse el interior; tampoco salió a mi encuentro la gata negra jaspeada sin nombre que me adoptó como su amo hace unos meses y que cada tarde al llegar y sobreponiéndose a su carácter asustadizo siempre me da la bienvenida estirándose como gata que es y maullando reclama su Cat Chow. Extraño, muy extraño, calma tío –me dije-, respira y piensa, es algo predecible que en algún momento podía suceder, solo debe haber sido un pillo que habrá querido coger lo que estaba a su alcance por la ventanita abierta, eso debe ser…
Lejos estaba de imaginar que no era solo eso, cual C.S.I. hice un rápido análisis de “la escena del crimen”, me asomé por la ventanita, adentro era un tiradero, todo revuelto y notorios rastros de lo debe haber sido la desesperación por encontrar cosas de valor, sin embargo a la vez habían cosas que estaban intactas como mi casco de motociclista, en su lugar sin haber sido tocado siquiera, así como los contenedores de mis provisiones –no les gusta el café, que bueno-, el microondas sin novedad, la refri cerrada, solo un botellón de Ginger Ale en el piso en medio del regadero de papeles, cajas y bolsas mas unos palos con los que intuyo en un principio el pillo debió intentar infructuosamente alcanzar las cosas mas portables y sacarlas por la minúscula ventana. Era poco aún lo que veía, abrí la cerradura y tras recapitular lo antes visto pasé del vestíbulo al dormitorio, la primera imagen que tuve fue toda la luz que se filtraba del baño en el fondo, en el espacio de unos 30 x 70 cm ya no había ventana, ni los vitroven ni las vallas. ¡Chucha, entraron a robarme en serio!, en el piso, la cama, la maleta, la cómoda, ropa, almohadas, mas papeles, mas bolsas, todo revuelto, todo regado.
Mi bunker había sido vulnerado, el pillo o pillos habían logrado ingresar al más recóndito de mis espacios y se pasearon en el como si nada. Nuevamente, rápido y veloz análisis de la escena: un robo es un robo, solo me quedaba decir ya perdí, me llamó la atención sin embargo ver que algunas cosas de aparente valor estuvieran ahí sin mas; me alegré que no hubieran sido sustraídas pero a la vez me extrañó que no hayan sido llevadas. Reacción inmediata, cierra todo y continúa la indagación en otro frente, buscar ayuda, explicaciones que se yo.
Salí rumbo a la oficina administrativa del grifo adyacente al terreno, huelga decirlo, como en casi todos estos casos nadie vio nada, nadie sabía nada; con suerte encontré a mi tío y tras bromear conmigo por llevar corbata a esas horas de la tarde me acompañó a revisar el lugar de los hechos.
16:30 hrs.
Algunas reflexiones sobre la marcha y tras ver y deducir lo que había pasado y sobre todo como había pasado, inspeccionamos los alrededores, una vuelta a la lavandería y confirmar por fuera la visión de la ventana por la que ingresó y salió el pillo y estimar además que debo haber llegado a una hora providencial y que el sujeto debe haber estado en plena sustracción por que dejó tirando un maletín nuevo y mis raquetas de frontón sobre el lavadero. ¿Estaría aún por ahí entre los arbustos o entre la cisterna y otras cosas? ¿Cómo entró y salió de un terreno cercado con paredes tan altas y con la puerta cerrada con tres vueltas de llave? No hubo nada, no hubo mayor rastro.
Del balance de lo robado caí en la cuenta que pensaban encontrar dinero o mas cosas de valor, se pelaron pues, pero si cargaron con cosas increíbles considerando todo lo hay dentro, quizá por cuestión de prisa o de formato y es que cosas de mediano o gran volumen no podían salir por diminutas ventanas; eso si, chau a mi reproductor de MP3, algunas herramientas, una mochila con parte de su contenido –me dejaron las raquetas, gracias-, una navaja, un reloj de pulsera Swiss Army -¡tamare!-, dos pares de zapatillas, un par de botines todo terreno y un celular en desuso que aun me servía de agenda. La tele, el equipo de sonido y parte de la ropa permanecieron en su lugar, lo demás revuelto y por los suelos. Monses o no, agradeciendo al de arriba que el robo no haya sido mayor, concluí que había que tomar precauciones drásticas, la casita no podía seguir expuesta, ni su habitante, ni sus cachivaches; con mi tío trepamos en su carro en busca de refuerzos ¿Dónde se metieron todos los cerrajeros y metal mecánicos de la ciudad?, no había ninguno, luego de buscar varias opciones, al cuarto intento dimos con el señor Julio y sus dos asistentes, el resultado: ahora la ventana del baño ostenta una señora reja con ángulos de fierro de pulgada y media por donde no pasaría ni Houdini, y en la puerta, las seis dichosas ventanitas tienen tras de si una gruesa cortina de hierro –tal cual-, empernada y engastada en toda la madera.
¿Qué si duermo mas tranquilo? ¿Qué si puedo salir a trabajar con cierta seguridad? Algo así, pero ninguna precaución será suficiente, siempre estaremos expuestos a estos pillos de mierda, en casa o fuera de ella, en lugares públicos o privados, pero hay que reducir los riesgos aún a costa de nuestra comodidad. En casa aún faltan algunos detalles y ya estoy pensando en un rotwailler afuera. Solo espero acostumbrarme a esta nueva sensación de estar metido dentro de un carro blindado de PROSEGUR, inexpugnable, con menos luz natural en la mañana. En fin, había que hacer algo, no se las iba a dejar tan fácil.

martes 16 de septiembre de 2008

TODO LO QUE VI (A VUELO E’PAJARO)
(Gómez/Morales/Valladares)

Piensa, respira, y emprende ese vuelo furtivo
Reúne fuerzas, descubre fronteras perdidas

Solo piensa, ya no puedo sonreír,
el sol que quema, creo que antes ya estuve aquí
allá abajo, solo veo gente correr,
y aquel río gris, creo que algo quiere decir.

Muchos valles, muchos sueños tras de mi
el viento ahora está en la misma dirección
cruzo el centro, ya es de noche, me perdí
no es muy cuerdo este viaje que emprendí.

Solo piensa, ya no puedo sonreír,
el sol que quema, creo que antes ya estuve aquí
allá abajo, solo veo gente correr,
y aquel río gris, creo que algo quiere decir.
(solo)
Solo piensa, ya no puedo sonreír,
el sol que quema, creo que antes ya estuve aquí
allá abajo, solo veo gente correr,

y aquel río gris, creo que algo quiere decir.

Me estremezco con imágenes de ayer,
No es lo mismo allá arriba que verlo aquí
Artificio, ruido, acaso esto es normal?
Es muy tarde el viaje tengo que seguir.

Solo piensa, ya no puedo sonreír,
El sol que quema, creo que antes ya estuve aquí
Allá abajo, solo veo gente correr,
y aquel río gris, creo que algo quiere decir.

viernes 5 de septiembre de 2008

ACUA MÓVIL

¿Han escuchado esa frase “Es mi hermano, no pesa”?
Me recuerda un poco ese pasaje que te cuentan del tiempo de los romanos y en mi mente visualizo esa clásica imágen de San Cristóbal cruzando un río caudaloso cerca de Samos cargando al niño Jesús sobre sus hombros.
Todo esto viene a propósito que tengo un recuerdo recurrente asociado a momentos que disfruté mucho en la infancia y que hoy asoman como pequeño tráiler de película casera de 8mm.
Cuando pequeño habían en casa pocas cosas que pudieran tener la denominación de “juguetes”, tiempos de austeridad crónica en que a falta de hermanos menores tuve dos sobrinos-hermanos que me seguían por 2 y 3 años respectivamente. Para entretenernos a veces había que inventar e improvisar un poco y he de decir que –a veces también- la imaginación era grande y que teníamos aliados.
Siempre me ha gustado la lluvia, ver caer la lluvia, mojarse bajo la lluvia, jugar a protegerse de la lluvia, en fin, sin contar también la fascinación por los rayos, relámpagos y truenos y la costumbre de ponerse a contar los kilómetros donde se hubieran producido con solo enumerar los segundos entre el resplandor y el estruendo que le sigue.
Recuerdo haber tenido un vehículo anfibio sorprendente y fabuloso con su parabrisas panorámico dominando todo mi horizonte, un acuático monoplaza increíble donde permanecía seco durante toda mi travesía, desplazándome a toda velocidad dando infinitas vueltas, recorriendo todo el ancho y largo del patio de mí casa en pleno diluvio.
Demasiada felicidad, que libertad, cuanta vida… Quien diría que mi máquina poderosa y alucinante estaba construida sobre el “chasis” de un viejo triciclo heredado de mis hermanos más de una década mayores, al cual con imaginación y destreza se le habían acoplado unas estructuras de alambre y forrado prolijamente todo con grandes bolsas plásticas, oscuras arriba, atrás y a los lados y transparentes al frente.
¡Que fantástico triciclo convertible a prueba de lluvia!
De reojo en cada vuelta yo miraba al aliado hacedor de esos momentos, parco y a veces renegón -alicate en mano y medio empapado-, con la misma cara de satisfacción, del deber cumplido, la misma mirada que le vería en otros tiempos como cuando mas adelante me enseñó a manejar moto o cuando me gradué.
“No pesa, es mi hermano menor” parecía decir, eso parecía decir. ¿Te acuerdas Carloncho?

lunes 4 de agosto de 2008

PAPÁ LUCHO EN ESPAÑOL

Cuando era un niño, y cuando la mayoría de los de mi edad disfrutaban saliendo a jugar a la calle, a perseguir una pelota, o darle una palmazo en la espalda a cualquiera para decirle “la llevas”, mi mente y yo mismo me sumergía en una aventura, cada tarde de fin de semana, -entre semana no tanto por que el horario partido de la primaria no lo permitía-, por que el fin de semana era otra tranquilidad, la gente reposando haciendo siesta después de almorzar, solo el sonido lejano de radios encendidas escuchando el fútbol en la amplitud modulada, o los huaynitos que escuchaban mis vecinos de la sombrerera con cuyo patio colindaba el nuestro.
Yo me iba de viaje, andaba en otros tiempos, en otros lugares tan remotos para mí, o tomaba clases particulares y talleres de cosas que me servirían en la vida, cuando fuese grande, cuando tuviera que hacer las cosas solo, cuando una casa imaginada necesitara un columpio, una baranda, una banca alrededor de un árbol o una ventana en un segundo piso desde donde ver caer la lluvia desde lo alto.
Podía pasar interminables horas así, haciendo mías experiencias lejanas, subido y galopando en un caballo teniendo como fondo las montañas rocosas, pasearme sobre un camello cerca de Luxor, o ver la luna más grande, cercana y palpable por una escotilla del Apollo 11 junto a Neil Armstrong y Edwin Aldrin, enterarme que en Lima los estudiantes de San Marcos abuchearon a Nixon, y que no sé por que razón hice mía también la experiencia de ser un soldado llegando a Saigón y meterme en una guerra incomprensible. Fui testigo, tuve en mis manos también la secuencia gráfica del asesinato de Kennedy, no necesité un satélite, ni el cable, ni el internet, yo estuve ahí, lo vi todo con mis propios ojos haciendo zoom en cada hoja de papel.
Vivir en una casa alquilada hacía que en el fondo de mi mente -aún cuando en ese tiempo no fuera siquiera una preocupación perentoria-, yo soñara con una casa ideal, como en las revistas, no con la fachada dando directamente a la vereda y la calle –pese a que mi casa era hermosa en su tipo-, sino soñara con una casa con jardín adelante, con césped donde jugar con mi perro o tener un árbol donde construirme una casa en lo alto para jugar, para trepar con una soga; los planos, las escalas estaban ahí en esas revistas, solo era cuestión de empezar.
El depósito de mi casa era mas que un depósito, era un trastero, todo aquello que no fuera usado de forma regular iba a parar ahí, -ergo, si alguien se va de viaje algunas de sus cosas ya no se usan y en algún lugar deben estar-, a mi sin embargo me fascinaban todas esas cosas, exploraba un mundo en esos objetos, había martillos para cada necesidad, alicates, llaves de tuercas, llaves de precisión, frascos y frasquitos con todos los objetos posibles, tornillos, clavos, plomos, alambres, todo se usa, todo servirá en alguna urgencia, -Mc Gyver eres una zapatilla comparado con esto!-. Ahí, junto a escaleras esperando una obra o una reparación, junto a trastos y cosas guardadas en entrañables cajas de pino de whisky Black & White con sus dos perritos como guardianes, ahí, junto a todo eso, descubrí una ventana a otros mundos, descubrí que mi mundo, que mi hogar, mi ciudad, mi país, formaban parte de un inmenso planeta y universo, descubrí mas de lo que me contaba una maestra en clases y más de lo que me pudiera decir mi Enciclopedia Bruño, aún cuando me alucinaba con cada ilustración del dibujante que firmaba como Nelson.
LIFE = Vida, para mi “Life en español” era un sinónimo de imágenes, de reportajes, de aventuras, de viajes, solo salía de aquel depósito cuando ya era casi de noche, cuando ya no había luz natural para ver y leer, y no es que no hubiera un foco en el lugar, sino que la aventura era mas aventura y el viaje solo era viaje a la luz del día, no lo sabría explicar, solo me sacaba de esa concentración el llamado de mi madre quizá despertando de su larga siesta invitándose é invitándome también: “Hijitooo, Tincitooo ¿tomamos lonche?”; el viaje, la aventura continuaría el próximo sábado o domingo, tenía para mí una torre enorme de Life’s y de Mecánica Popular para seguir viajando.
Siempre quise saber el por que de esa extraña fascinación por aquellas revistas, se que aquellas me llevaron por lugares lejanos, hasta por mundos inexplorados, me enseñaron a soñar, me enseñaron a componer cosas de mi casa -y de mi vida por que no-. No sé si cuando fueron compradas cada una de esas revistas se pensó en su utilidad práctica ó lo que producirían en terceros, no sé si esa especial dedicación a juntarlas, a coleccionarlas serviría para hacerse rico o daría para comer, solo sé que lo que hayan costado fue poco, de lo que estoy seguro es que el dinero invertido y el tiempo que haya tomado apilarlas fueron una inversión de vida invaluable; ahora que soy grande, ahora que pienso con añoranza en un hijo que ya vendrá, pienso en ese niño disfrutando y aprendiendo de las lecturas y las imágenes de esas revistas y me doy cuenta que aunque físicamente haya estado a muchos kilómetros de distancia, ahí estuvo su Papá Lucho con bigote recortado y un Ducal en la mano mostrándole un mundo inmenso, enseñándole a crecer y a ser el hombre que hoy es.
Gracias por haber estado ahí Luchin, por no haber estado ausente del todo, por haberme dejado la fantástica tarea de leer todas esas “Life en español” y “Mecánica Popular”, me sirvieron, me sirven y me seguirán sirviendo.


martes 25 de marzo de 2008

QUERIDA RECUERDOS (o pequeño ensayo de un auto-exorcismo necesario)

Junta todas esas veces en que moriste un poco por amor o desazón a lo largo de tu vida, será muy escaso el saldo vital a tu favor...

Una de estas tardes de mi Lima gris y húmeda volví a morir otro tanto, hacía tiempo que no sabía o tenía novedad alguna de ella. Estaría inmersa –imaginaba y daba por descontado- en ese crispante ambiente de noticias y entrevistas cumpliendo su papel de “jornalista” extranjera de una connotada agencia internacional de prensa. Fue así, con características de flash de último minuto que me vine a enterar de su nueva cercanía geográfica, y hoy, como un impulso, en inconsciente comisión de reportaje de investigación empecé a rebuscar en esas olvidadas cajas llenas de “inservibles prescindibles” arrumadas en el closet: recortes, folders, diplomas, revistas, folletos, mis antiguas adolescentemente preciadas colecciones de calcomanías y banderines de radios de todo el mundo, postales y QSL’s que alguna vez se lucieron cual trofeos empapelando las paredes de mi habitación; tarjetas de todo tipo –boté una que otra de intrascendente procedencia-, y encontré en medio de aquellos “momentos” de mi vida, esa hoja con apariencia por demás sencilla que me reclamaba leerla. Había sido arrancada del medio de uno de esos blocks tipo escolar cuadriculado de papel reciclado y estaba allí, convertida en carta. Apenas había que reparar en sus descoloridas escrituras hechas con tinta verde para darse cuenta del tiempo de por medio entre el hoy y ese ayer en que la recibí.

Esa vez me puse a leerla frente al panel de control de mi cabina de radio, por entonces aún tenía en el ambiente el recuerdo de su presencia -no muy lejana-, algo que como es de suponer solo yo y nadie mas que yo podía percibir.

Hacía poco mas de un mes que nos habíamos vuelto a ver, vino un día a la radio acompañada de su primita, aquella cuyo hermanito conocí de año y medio de nacido, que era mi vivo retrato como alguna vez ella misma sentenció al ver una foto mía de cuando tenía la misma edad y a partir de entonces llamó “su hijito”; quería ver a un compañero de trabajo mío, eso dijo y eso anunció a la secretaria justo cuando tras suyo bajaba yo las escaleras:

- ¿Está Nico?, me dijo que a esta hora iba a estar por acá.

Extraña amistad –siempre me pareció-, creo que el flaco la antojaba secretamente, pero, sabiéndose casado, ella muy chibola y tan fresco el hecho que haya sido mi enamorada, se regocijaba al menos teniéndola cerca. Por su parte para ella era una suerte de confidente, su hombre infiltrado y además le daba cuerda con el asunto de que tenía pasta para las comunicaciones –el tiempo le daría la razón, absolutamente-, así, tenía el pretexto ideal para seguir frecuentando mi territorio.

- No, Nicolás no ha llegado todavía.

Respondió la secretaria, advirtiéndole con un arqueo de cejas que este sorprendido conocido suyo bajaba las escaleras interrumpiendo su tarareo de alguna canción que dejó sonando en la cabina.

Se veía graciosa, adorable si se quiere, enfundada en sus jeans, chompa ceñida a rayas de colores –probablemente tejida por ella misma-, con tirantes y esa actitud tan suya, con los brazos en jarra apoyando las manos en las caderas y ese leve movimiento de cabeza; desafiante, arrogante, rebelde, pero con un toque de nerviosismo con que casi pude verla mordiéndose los labios, luego un beso aquí y un beso allá.

- ¡Hola!.
- ¡Hola! ¿Qué tal, como te ha ido?

Aquella carta escrita en tinta verde parecía un diario, respondía a una suplicante necesidad de abrigo, de afecto que se echa en falta, resultaba un sinceramiento, un hablar a piel expuesta y viva sabiendo la existencia de ese algo con el otro que la empujaba a establecer esta comunicación. Por eso no me importó el papel, ni la tinta, ni los errores, ni los borrones –si hablaba su alma-, bien pudo haber escrito con una crayola en un pedazo de cartón... igual me hubiera conmovido.

Me escribió sobre lo mal que estaba su abuela, sobre lo duro que resultaba abrirse camino en lo que estaba estudiando, sobre su última desilusión y sobre nuestro encuentro cuando estuvo en Huánuco. La melancolía que se colaba en esas líneas era un sentimiento compartido, la noche anterior ella soñó que estábamos juntos, que me quería mucho, que nos besábamos y era feliz. Se despertó en medio de una gran angustia, no pudo evitar llorar y se sintió muy sola.

“... Perdóname, no sabes cuanto me hubiera gustado sentir algo ese día. Yo sencillamente no lo podía creer, toda la vida pensé que tú no querías nada, yo tuve que matar todas mis ilusiones.
No sé a donde fue a parar tanto amor, tanto cariño. Aquel día cuando fui a la radio, yo tenía tantas ganas de abrazarte, quería abrazarte fuerte no sé por que. Solo eso quise hacer... ”


- Que bueno verte flaquita.
- Si, eh... Te estuve escuchando, digo, antes de venir, pusiste la canción de “El último de la fila”...

Increíble, había pasado el tiempo incierto en que nos hacíamos daño con tan solo compartir el mismo espacio, en que nos desgarrábamos, ella en llanto y yo en plan de fuerte, del “cosa terminada”, del “no va más”; estábamos ya en la etapa de los ecuánimes, de los civilizados, volvíamos a encontrarnos como ahora sin tener que protagonizar ningún show. Y eso ¿es bueno?. Pese a mi –para otros- dominio de la situación, no podía evitar sentir que esto y yo mismo marcábamos un punto muerto.

Me detuve en esas palabras que me movieron el piso: “...tenía tantas ganas de abrazarte”, sus palabras realmente fueron las mías, yo también tuve tantas ganas de abrazarla...

No sé como, pero en esa oportunidad buscamos y procuramos ser y parecer tan amigos, tan adultos. Nos medimos, nos probamos, nos retamos mutuamente; quedamos en vernos y nos vimos, quedamos en salir y salimos, no había mas ese sentirse sofocados, lo que sugiriese uno al otro estaría bien, al fin y al cabo ¡éramos amigos!, ex-enamorados, no nos debíamos explicaciones ni había que rendirle cuentas a nadie –faltaba mas-.

Esa misma noche ya sin la primita por compañía la recogí de casa de una de sus amigas y nos fuimos casi instintivamente al departamento, a “mi departamento” –como le solía decir-, a aquel nuestro antiguo refugio. Allí, cada centímetro cuadrado, cada baldosa, cada mueble, cada rincón y mi habitación, esa con sus paredes cubiertas de distintivos de radios, tarjetas, QSL’s, fotos... cada cosa que estuviera encerrada en esas paredes le dio la bienvenida, como yo que sin admitirlo me alegraba al tenerla de vuelta.

Allí estuvimos, bajo las miradas de Lerner o Vicentico asomando en sus postales, bajo los saludos de Radio Nederland, WNOE, Radio Puerto Plata o la Metro Radio, en penumbra con algo de las luces del jardín que se filtraban por las cortinas; nos amamos... nos amamos pero a la vez nos hicimos a los valientes, a los indiferentes, como si solo fuera atracción del momento, como si después solo fuéramos a encender un cigarrillo y seguir cada cual con su vida, -de algún modo lo hicimos-, fingiendo lejanía y cierta indiferencia. No hubo ni un te quiero o te eché de menos... Extraño, por que el pecho me explotaba, pero ni aún así la garganta traducía en susurro o en grito aquel mensaje; pasaría mucho tiempo hasta que yo pudiera decírselo, hasta que yo mismo pudiera gritármelo, quizá, demasiado tarde.

Nos duchamos juntos, sin mediar palabras nos engreímos bajo el agua y el vapor solo con los reflejos de unas velitas que daban en el espejo y nos iluminaban de verde a través de la mampara traslúcida, haciendo especial el momento en que nos amamos más. Pese a que no fuimos sinceros, ese se constituyó en uno de nuestros encuentros más memorables, -esa noche quedamos con la sonrisa dibujada en la cara-. Nos vestimos y con el pelo aún mojado abandonamos el lugar y nos encaminamos al centro; al día siguiente ella partiría temprano de vuelta a Lima así que nos dedicamos mas tiempo esa noche, hablamos de todo, de sus estudios, de su abuela, de mi universidad encaminada, de nuestros nuevos amores, del “nos vemos cuando vaya para allá” y que “en navidad seguro nos cruzaremos... para variar”.

Los preparativos para recibir el año nuevo del ’91 fueron algo distintos a lo habituado entre los amigos; la fiesta no sería solo entre el reducido y entrañable grupo de los de siempre, en algún momento unimos nuestros planes al de otra gente que puso el local: una especie de casona que aún conserva parte de su antigua prestancia, con un gran salón, techos altos, hierro forjado en ventanas y barandales, muebles de buena factura, mucha madera y una galería interior que al igual que los balcones del segundo piso dan a un patio con muchas plantas. Luego a un zaguán y de ahí a la calle, muy cerca, apenas a unos metros de una de las esquinas de la Plaza de Armas y de las fiestas en dos grandes hoteles donde hay que bailar con orquesta y rodeado de tíos.

El 31 había sido un día agotador; las campañas de fin de año, un programa especial en vivo, grabaciones y los brindis hicieron que recién pasadas las 11 pudiera ir a ducharme y cambiarme de ropa. Cuando al fin estuve casi listo empezaron a tronar los cohetes con mayor intensidad –faltaban minutos para la medianoche-, corrí, saqué la moto, cerré todo y arranqué el motor. El trayecto al centro fue espectacular, antes de cruzar un puente sobre el río me fue regalada una vista nocturna magnífica de la ciudad, luego, aceleré hacia ese horizonte de luces y de casitas iluminadas en los cerros como en un nacimiento, con los fuegos artificiales brillando en lo alto y los truenos del festejo después de cada resplandor, -ya eran la doce- ¡Abrázame Recuerdos!, ¡Abrázame mi amor!. Pasar por el jirón Huallayco fue una gozada, maravilloso, lúdico y hasta surreal, con mi moto esquivando fantoches de trapo que ardían a cada tramo, pequeños castillos con aspas que giraban silbando y arrojando sus chispas a discreción, mensajes de artificio desplegados a lo ancho de la calle “FELIZ AÑO 1991”, el olor de la pólvora y al pasar por San Francisco: los negritos enmascarados danzando, dándole a la campanita y a la matraca. Emocionado como un niño, fui inmensamente feliz durante esos minutos en que en mi mente y ante mis propios ojos las imágenes se sucedían como en cámara lenta, con mi propia música de fondo, viendo a la gente reír, salir a sus puertas copa en mano, o a los chicos prendiendo cohetecillos o corriendo con sus maletas alrededor de la manzana. Era un testigo sobre ruedas del rito de fuego y estruendo que era ese exorcizar el año viejo.

Los abrazos dieron lugar a la música entremezclada proveniente de las mil fiestas que vi en mi camino. Llegué a la plaza, guardé la moto en los bajos de la radio y fui directo a la casona caminando los escasos cien metros que me separaban de ella. Vaya... –iba pensando-, recibí el año nuevo ¡sobre una moto!. A toda velocidad, con gente desconocida deseándome felicidad con solo verme pasar.

El lugar de nuestra celebración era un lleno de bandera, estaban todos: los amigos, los amigos-hermanos, los conocidos, los por-conocer, los visitantes, los plancitos, las serias... todos, y los encontré mas que alegres, para ellos la algarabía y el brindis habían comenzado hace horas, ni modo ¡salud! y a ponerse al día. No recuerdo haber tomado mucho, aunque si que mi vaso no estuvo vacío en momento alguno. Bailé y tomé, tomé y bailé, nada especial, debí aceptar la propuesta de “Recuerdos” -pensé- “No tengo nada para Año Nuevo ¿porqué no me invitas a pasarla contigo?”. Por ganso, claro; por ganso y orgulloso –me increpé-. Había olvidado su carta y con ello la posibilidad de un nuevo encuentro. ¿Estaría aquí? Al menos habrá venido a pasar la navidad con sus padres...

Hacia las tres de la mañana, luego de muchos “salud” y producto de mi poca tolerancia al alcohol me bajó la presión y fue una chica de sonrisa franca y cabello cortito –que alguna vez quise- quien aliviaba mis sudores con caricias en mi sien. Estábamos en la galería y una lluvia constante y menudita mojaba el patio y sus helechos, mas tarde ya no la vi. Yo reposaría luego en un sillón apoyando mi cabeza en una pierna generosa perteneciente a una de mis entrañables “amigas”, otras al lado, turnándose se esmerarían en estorbar.

- Pobrecito... –con tonito y caras de puchero-.
- Es que tomó mucho –añadiría alguna-.

Me sentía como un ahogado que acaba de ser llevado a la arena y ya está rodeado de un montón de curiosos –vistos desde abajo, gigantescos-. Una de las chicas acariciaba mi frente, yo solo quería dormir, por eso no escuché a mi amigo Lucas quien cual perro guardián vino y acabó con el alboroto –que no fue tal, en todo caso era sujeto de una suerte de halagadora disputa-, les dijo algunas cosas que quizá no venían al caso, las espantó de alrededor de la “presa acechada” y me hizo llevar a una de las habitaciones para que pudiera descansar. Pude dormir al fin, como quería.

Dormí mas de una hora hasta que amaneció, desperté con un gran dolor de cabeza, al lado en una cama junto a la mía “yacía” otro “herido”, era el buen Fernandito, amigo mío desde que este era apenas un púber y conocedor de mis andanzas pese a que ya no vivía en el Perú. Apenas si habíamos hablado durante la fiesta, solo para presentarme a una chiquita de ojos verdes a la estaba dándole letra. Medio somnoliento balbuceó:

- Hermano lindo... ¡Feliz año!.
- Lo mismo para ti Marini –y le aventé un cojín-.
- Oye ¿qué es de tu flaca?, no la he visto.
- Yo tampoco, creo que no ha podido venir, en Navidad nos hemos cruzado.
- Ah... ! -y se volvió a dormir-.

Salí al patio con una incipiente lucidez, había dejado de llover, la fiesta estaba terminando, ya me tenía que ir. Los últimos en salir, los de siempre, cogieron la última caja de cerveza que quedaba –no la podían desperdiciar- y me invitaron a acompañarlos, al rato estábamos en el atrio de la catedral con algo de frío, formando un círculo repitiendo el consabido salud.

Las calles casi desiertas habían sido lavadas por la lluvia, unos pocos salían de algún lado, de algunas de las mil fiestas. Mi mirada se concentró entonces en un animado grupo que en diagonal tomaba uno de los senderos centrales de la plaza, salté a la vereda, llamé su atención y grité un nombre. Alejándome de la sorna de mi clan me dirigí a aquel grupo, allí estaba ella, espigada, avanzando hacia mí, muy linda pese a la circunstancia y por demás animada, riéndose de sí misma con un calzón amarillo en la mano.

- Te lo regalo –me dijo sonriendo en vez de saludar-.
- No te veía desde el año pasado –bromeé, cogiéndola de la cintura-.

Nos dimos un beso espontáneo, prolongado y descarado. Los muchachos que la acompañaban no tuvieron otro remedio que despedirse y seguir su camino, me odiaron -creo-. Aceptó quedarse, me comprometí a llevarla a su casa y eso haría. Aunque aún me sentía un poco mal continué tomando con la flaca abrazándome, abrigando sus brazos bajo mi casaca. El lugar y mi embriaguez hicieron que en algún momento me sincerara y le dijera que sentía mucho el haber terminado con ella sin decirle alguna vez en serio que la quería. Le dije que la habría amado y se desencajó. Al día siguiente me reprochó con rabia controlada el destiempo de esas palabras, conversamos sin prisa sentados en un muro del malecón, con el sol de media tarde sacándole destellos al río furioso que raudo pasaba rumbo a la selva. Ahí estuvimos, buscándole la lógica y el sentido a lo que nos pasaba, analizándonos, a ella, a mí, a los dos, en los momentos en que éramos dos.

No llegamos a ningún lado, seguimos en lo mismo, cada quien con su vida independiente y lejana de la otra, pero yendo a por lo nuestro cada vez que nos encontrábamos, siendo dos aunque hubieran terceros involucrados, aunque tuvieran que sufrir. Demasiado fuerte, demasiado frágil a la vez... Fuerte para no resistir los impulsos y frágil para no poder permanecer unidos. Una vez mas, nos separamos, una ves mas morimos un poco, sin saber.

Penoso saberse vivo cada mañana, estúpido saberse capaz de remontar cualquier camino, lejos del otro. Al tiempo, nuestras carreras se fueron desarrollando con cierto éxito; ella relatando noticias, mostrando sonriente su rostro pecoso de nariz fina enmarcado en una rojiza melena ensortijada, después; haciendo sus propios reportajes e informes especiales para un noticiero nocturno, lo que le fue valiendo para hacerse de un nombre y un lugar en su medio. Por mi parte, ya de vuelta en mis pagos, reinstalado en nuestra caótica capital, yo libraba mis propias batallas, sorteaba mis propios obstáculos y explosiones, en eso fue convirtiéndose mi vida profesional que de las comunicaciones derivó en los trajines y avatares de resolverle los líos judiciales a los demás.

Saber de ella en los últimos tiempos resultó en algo tan ocasional como raro; escasas comunicaciones directas, apenas algún “feliz cumpleaños” o “te llamé por que me siento mal”, no hubieron mas encuentros memorables, se casó, me casé, se fue a vivir de cara al Atlántico, y yo, me quedé donde puede verse al sol ocultarse en el Oeste, por el lado del mar.

Mi vida, mi rutina y mi guión... El cargoso timbre del teléfono me devolvió al presente cuando apresurado bajaba las escalinatas de Juzgados Civiles, olvidando por un momento la audiencia conciliatoria de la que acababa de salir. Iba abstraído, con la mente en otro tiempo y lugar, sacudiéndome el mal humor, tarareando casi para mí mismo las letras de la carta que llevaba en un bolsillo del uniforme el muerto soldado Adrián de la canción de los catalanes; se vió interrumpido en ese instante el mismo tarareo, como aquella -lejana- vez en la radio.

El recado me tomó por sorpresa, si bien ya estaba enterado que ella había vuelto a radicar en Lima, no sabía los pormenores de su regreso, -aún cuando trascendió que respondía a un serio problema que aquejaba su salud-. El mensaje, escueto y directo, obedecía a una llamada que realizó su hermana a casa de mis padres donde viví hasta antes de casarme: “Llamó fulana de tal, hermana de sutanita, dice que es urgente, llámala al siguiente número...”

Me quedé parado, haciéndome infinidad de preguntas sin atinar a nada. Al segundo una palmada en mi hombro derecho –mi socio dándome alcance-, apuraba mi camino al estacionamiento.

Llamada de por medio y en lo que me llevó llegar, me encontré en los prolijos pasillos de una clínica buscando el B-306, me vino a la mente una escena casi olvidada, fugaz, luminosa que me envolvió, con ella riendo a carcajadas, una tarde con sol tibio en el campo cerca de Kotosh, junto al río, jugando, dando vueltas asida de mi brazo, con su pelo suelto a contrasol y luego cayendo sobre mí, riendo, una tarde...

Entré en la habitación, besé a la madre –los años nos habían convertido en amigos-, aquel debía ser el marido, desconcertándome se apuró en estrecharme la mano y me abrazó, -jamás nos habíamos visto-, luego se retiraron todos en riguroso silencio dejándome solo en la inmensidad de aquel lugar que albergaba a una envejecida pero bella mujer en su cama frente a una gran ventana. Acercándome finalmente percibí una sonrisa en ese rostro inmóvil, me senté a su lado con suavidad, tomé su mano como quien toma algo sagrado y me estremecí cuando apretó la mía fuertemente. Sin palabras, en esa conmovedora intimidad solo besé sus nudillos y se enteró que la amé. Los siguientes días serían un paulatino decaimiento, hasta apagarse una mañana, cuando llovía.

Demasiado fuerte, demasiado frágil... quien lo iba a decir, pese a la distancia, pese al silencio, permanecimos cercanos, unidos al “no fue”, dueños de instantes de la vida del otro... Aquí estoy, como haciéndome eco de las letras de la canción, teniendo por compañía a la soledad que anduvo conmigo en cada visita que hice todas estas tardes, sintiendo el frío del mármol y el cemento en esta mi Lima mas gris y más húmeda que nunca, sintiendo que parte de mí yace junto a ésta mujer, estoy aquí, cuadrado, al pié del cañón, sin poder decir su nombre, ya no tiene sentido, es muy tarde y me tengo que ir.

“He visto las explosiones brillando a mi alrededor... llevo seis días aquí, muchos han muerto, casi todos morirán... Querida Recuerdos, me tengo que despedir. Siempre te quiere tu soldado Adrián...”
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(1998)

martes 18 de marzo de 2008

ALBAR

(M2)


Amanece y no sé muy bien a cuanto estoy de despertar, impulsivamente me desdoblo, busco el silencio, los sonidos, los ruidos del descanso del resto del mundo, puedo estar a 8°22'57.52" de latitud sur, asomando la cabeza bajo una sábana empapada de mi propio sudor, insomne, mirando por una ventana alquilada como se moja e inunda una ciudad, gotas, goterones haciendo percusión eterna en calaminas y palmeras, relámpagos lejanos, truenos cada vez mas cerca.
Dondequiera que esté, mas lejos o mas cerca de casa. ¿Será que solo yo estoy despierto? Tu, yo y unos cuantos perros ahuyentando a alguien que merodea por las casitas de un cerro. Te frotas los brazos, sientes ese aire helado, ese viento suave de madrugada que se condensa en los vidrios y estremece las ramas del molle.
¿Cuanto falta para que amanezca?. Tren, trensito lejano y en fuga, ruido, ruidito de un colectivo que va llegando, pasa, acelera y cruza Rivadavia. Yo te espero “día”, te espero y te temo, estoy despierto y seguro, como cuando el mar hace el ruido y te arrulla en una playita lejana, con la luna de un norte que te regala noches de claridad en blanco y negro, en plata o azul.
¿De quien es la noche? ¿de quien es el mar? ¿de quien es esta vía? ¿servirá para llegar?. Estaré en mi ventana intentando escuchar y escucharte, buscando, buscandote en los grupos de adolescentes que vuelven a sus casas en pedo o en bomba y me quitan el sueño al pasar bajo mi balcón.
Te esperaré una madrugada de verano, estaré atento al ruido, atento al silencio, para descubrir tus pasos. Estaré descalzo, no podré dormir, lloverá, dormiré, calzaré unos sueños para poder andar. Hoy viniste a mi ventana pero no te pude ver, no sentí tus pasos ni tu modo de andar, se apagaron los ruidos, el viento, el tren, los perros y el mar. A punto estaba de tocarte, pero ha vuelto a amanecer.


(02:35 a.m. del 16/01/2004)