miércoles 25 de enero de 2012
MAMETALENDA!!
lunes 2 de enero de 2012
25 de Diciembre (Niña Manuelita, que te puedo dar?...)
viernes 19 de agosto de 2011
Tobías Hemingway
Como han pasado los años. Llegaste a casa con una muy mala reputación, de nada te valía el pedigree ni lo mucho que costaste cuando cachorro, tu aversión a otros perros, el odio declarado que le tenías a las escobas aunque estuvieran quietas y el ataque a tu amita te habían convertido en un paria, y como última oportunidad de reivindicarte aparecías en casa traído por tía Choly con todas tus chivas y enseres. Aún así viniste panudo, con esa planta de chato bacancito y bravucón, entraste como quien pasea en sus propios dominios, como toro bravo que entra en el ruedo resoplando y gruñendo, haciendo que todos se pongan a buen recaudo, así, dejaste entrever el gesto que te caracterizaría por siempre, mandíbula hacia un lado, dejando ver los dientes y la punta de la lengua y el ceño como fruncido.Pienso en lo letal del tiempo y en la involución de la que somos materia, como tú, en que cesaron tus bríos, y que en los últimos tiempos, cada vez que volvía a casa por poco ya no me reconocías, si por la sordera, si por una especie de alzheimer que se apoderaron de ti. Ya solo contadas veces te volviste a dejar acariciar los lados de la mandíbula debajo de las orejas, como antes en que te quedabas como dopado y ronroneando cual gato, con las patas arriba en señal de sumisión canina, mientras te engreía haciéndote pucheros diciéndote ¡ese bichito renegón!.

lunes 27 de junio de 2011
DE EL PRAT A BERTAMIRANS
He andado, y he andado mucho si debo precisar, lo sé al ver estos pies cansados que juegan con el agua calma apenas ondulante de la playa de Esteiro, aquí donde el Rio Maior se une con el mar; lo sé, al ver la palidez de mi piel y mis pecas claras a través del agua transparente que me acaricia, que cubre mis tobillos, se retira y vuelve y así me da calma.viernes 25 de febrero de 2011
50,000 Sebastianes
Recuerdo que para un eventual primogénito era recurrente pensar en el nombre de aquel santo que llegó a ser capitán de la primera corte de la guardia pretoriana, aquel que siendo cristiano desafió a un emperador romano quien lo conminó a escoger entre la milicia o seguir a Cristo, y siendo que escogió lo segundo, el emperador encolerizado lo condenó a morir asaetado, es decir, bajo una lluvia de flechas estando atado a un poste de madera.
Sebastián, el santo mártir al que se representa con flechas incrustadas en su cuerpo, Sebastián, el nombre de origen griego que según dicen proviene de la palabra Sebastéuo, y de Sebázo que significa reverenciar ú honrar, el equivalente al vocablo latin Augusto en tiempo de los romanos. Nada mal –pensé alguna vez-, un nombre con historia y hasta con significado de admiración per se.
Hasta esos años de los que hablo tenía como únicos referentes contemporáneos o cercanos conocidos con aquel nombre, el que se tratara del segundo –nombre pocas veces utilizado- de unos de mis mejores amigos con quien estudiamos en el colegio, el comienzo de la universidad y compartimos el mismo oficio de las comunicaciones y la producción audio-publicitaria; el otro referente es que también es el segundo nombre del suegro de mi hermano, que en su caso, siendo una persona mayor respondía a la antigua costumbre de ver primero el calendario santoral antes de poner nombre a los niños, o ¿de donde creen que viene eso de referirse al día del cumpleaños como el “día de tu santo”?, o en forma simplificada “tu santo” que por estos lares es igual a decir: “tu cumpleaños”.
Hasta ahí el nombre resultaba caleta, poco usual, singular y original, así que por ahí la posibilidad de echar mano del nombrecito de marras era muy alta y casi excluyente, salvo la combinación que siempre he sostenido: el otro nombre que armonice debe ser elección de la madre. Dicho esto, mi futuro primer hijo varón ya tenía nombre y apellido.
Pero, algo pasó en los siguientes años, se alinearon o realinearon los planetas, cayó un cometa en este hemisferio o que se yo, solo se me ocurre un evento, y es que en una vieja película de los ochentas “The Never Ending Story” (“La Historia Sin Fin”) Bastian ó Sebastián en castellano, era el nombre del niño personaje principal que debía salvar el mundo fantasía con solo creer en sus sueños, leyendo un libro a oscuras en el desván de su casa y volando en un gran perro–dragón al final del film, ¿será esa la razón de la masificación y que por eso quedó el nombre en el inconsciente colectivo?. Así, quienes crecieron hasta la edad de procrear ¿sublimaron el nombre o algo por el estilo?; y es que el asunto de poner ese nombre se empezó a dar de modo recurrente y compulsivo por cuanto lugar estuve o he pasado, nunca imaginé la sostenida y hasta hoy inacabable tendencia de tantas personas que optaron y optan por poner el mismo nombre a sus vástagos, algo que se repite, y se repite, y se repite… aquí o allá, indistintamente; he tenido que ser testigo de esta multiplicada asignación / denominación = sebastianización, así, en los hogares de amigos, familiares, compañeros de trabajo y mas, los Sebastianes han brotado profusa y literalmente a mi alrededor y hasta donde alcance la vista, como alguna vez pensé que sucedía lo mismo (bueno, lo mismo si, pero en menor escala y proporción) con otros nombres como los de Rodrigos, Diegos y Camilas (a propósito, Camila encabeza este ranking en el caso de las niñas).
¿Cómo es posible tanta coincidencia, tanto consenso? ¿tanta sincronizada inspiración colectiva? ¿sintonizados todos en la misma exacta frecuencia?
Es obvio que no hubo ningún acuerdo previo, ni lobby, ni la recurrente y simultánea iluminación sebastiánica de muchos padres responde a alguna influencia masiva del tipo: deportista o artista famoso que sin proponérselo impone aquella influencia –y nombre- a toda una generación, así que por ahí no va la cosa.
Estoy seguro que para cada padre o madre su respectivo Sebastián es único, irremplazable é irrepetible en todo el mundo, aunque seguramente cuando estén en el nido, el colegio, la calle, el cine, la playa o cualquier lugar público y concurrido y alguien los llame por su nombre de pila, volteen y respondan al llamado varios muchos tocayos suyos, formando todo un Sebastian’s Team del lugar y ocasión.
Al tiempo me he ido acostumbrando a que de cuando en cuando, con relativa frecuencia, alguien con nuevo hijo llegado o por llegar me diga que lo llamarán Sebastián, -mi nuevo sobrino, el engreído de mi ahijada querida ya fue etiquetado así y no hubo nada que lo evitara-; así los vemos crecer, a otros les he perdido el rastro. Cada uno va siendo personalizado en su respectivo entorno con cariñosos Sebas o Chebas, y aunque parezcan una estadística, hay que ir asociando su nombre a sus respectivos apellidos, para diferenciarlos, para singularizarlos pues!, así están, viniendo y andando por ahí, creciendo, desarrollando su singularidad.
¡Poblad el mundo Sebastianes!, y es que seguirán surgiendo aquí y allá, como la última vez en que la voz engolada, pausada, carente de toda emoción y flemática de un tipo con lentes y laptop en las rodillas sin apenas moverse de su asiento en la sala de espera del aeropuerto me lo ha confirmado: “Sebastián, no corras por favor que te puedes caer”. Caray, si que están por todos lados, veamos pues al pequeñín… ahí va, dos años promedio, con carrito rojo de plástico en las manos: Sebastián Nº 50,001 se incorpora oficialmente a la lista.
miércoles 1 de diciembre de 2010
DECISIONES
Decisiones, aquellos momentos de barajar nuestras cartas, de sopesar las circunstancias o las consecuencias, invertir o no, apostar o no, hacer u omitir, opinar o callar, obedecer a los impulsos o ser racional a ultranza, ser decente o pasarse la ética por las glándulas.
Decidir, optar, descartar, asumir… cuantas infinitas formas toma ese DECIDIR ¿Cuánto cambia alrededor nuestro? ¿Qué consecuencias esperar? ¿Qué frutos esperar? ¿cambiaré el curso de la historia? ¿cambiaré el curso de mi propia historia? Nada está dicho, no hay garantía de nada, no hay nada que te asegure que las cosas saldrán como las piensas o las planeaste, solo podrás tener la convicción que tomaste decisiones, tus decisiones, que nadie decidió por ti, escuché alguna vez a alguien decir que muchas cosas suceden porque nosotros decidimos que sucedan, o siendo mas precisos: dejamos que sucedan. No protestamos ni impugnamos, dejamos ser, y eso también es expresión de voluntad, así, la real lectura será que no te han maltratado, sino que dejaste que te maltrataran, que no te engañaron, sino que dejaste que te engañaran. Ojalá esa lógica se aplicara también a lo positivo, terminaríamos convenciéndonos que no te amaron, sino dejaste o permitiste que te amaran, que no te dieron oportunidades, sino te las diste tu mismo, decidiste que así fuera, así y mil ejemplos.
Decisiones, ¿ejercicio racional o instinto?, la acción o la inacción, igual algo se modifica, todo es dinámico, algo cambia, algo muta, crece o se extingue, nada permanece igual ni estático.
He decidido ser mas consciente de mis actos –léase: decisiones-, el instinto no siempre me ha dado buenos réditos, parece que las evaluaciones son una constante en mí y me cuesta, vaya que me cuesta, sobre todo porque soy proclive a revisar lo hecho y lo dicho y sustraerme a veces a los arrepentimientos, no debería, lo sé, pero suele ser una decisión crónica, arrepentirme, pesarme, porque a veces son mucho mas notorios los yerros y eclipsan lo mucho o poco que se haya andado bien –que ya es un camino largo y logro en si mismo-, aunque, superar tormentas también me ha hecho conocer la calma que las precede y les sucede, y si algo he aprendido es que cada revés es una lección de esas con golpe y todo y le toca a uno aprenderla o ignorarla, y decido lo primero.
Decisiones a fin de cuentas, asunto de cada uno, triunfo de cada quien.
miércoles 11 de agosto de 2010
Un cachorrito en el vuelo LP357
Siempre lo mismo, salvo variantes o cancelaciones de vuelo o algún retorno al punto de partida por la imposibilidad de aterrizar cuando hay mucha neblina, lo de siempre, las mas de las veces sin mayores contratiempos, aterrizar sin novedad y luego rescatar el equipaje de la faja trasportadora.
Todo debía ser rutinario, todo calcado como en plantilla, hasta esta vez en que alrededor de mi asiento 22A, lado izquierdo, ventanilla, casi nada mas instalarme, cargado el combustible y apenas las puertas fueron cerradas y la tripulación contaba los pasajeros y cumplía todas sus protocolos, me percaté que alrededor mío parecían haberse concentrado todos los niños y bebes de a bordo en diferentes grupos acompañados de sus respectivos familiares, algunos mas bulliciosos que otros, algunos disfrutando la experiencia y otros simplemente metiendo bulla, nada fuera de lo común, solo repetir para mi mismo el cojudo sarcasmo “¿Herodes, donde estás?” y a tomarse las cosas con calma nada más; pero quien se sentaba exactamente tras mío en la fila 23 me crispó los nervios desde el arranque, me sacó de quicio, definitivamente llamó mi atención y quebró mi paciencia, y como no hacerlo si gimoteaba como el más triste de los cachorros recién destetados, con su lamento a centímetros de mis oídos. En el reflejo de la ventanilla alcancé a verlo contorsionándose desesperado en su butaca vestido con un bluejean y un polo verde, no llegué a verle el rostro, a su lado una joven de menos de veinte años, y al lado del pasillo un tipo canoso y alto que debía ser el padre.
El cachorro arrancó su letanía reclamando por que se habían cerrado las puertas, que él quería ir a casa con su mamá, que él le tenía miedo a los aviones, todo sazonado con un llanto lastimero e intermitente, eterno, insufrible. Debo decir que el lloriqueo mismo no era lo más mortificante, lo era la inercia y absoluta falta de reacción o instinto del padre, ni un cálmate cachorro, no va a pasar nada, disfruta del vuelo o ya verás que vas a reencontrarte con tus primos, ver a tus abuelos o que se yo, mil cosas que podría haberle dicho para calmar su ansiedad y su fobia, solo alcancé a oirle decir: -“Mira Luis –si, ese era el nombre del cachorro-, cuando lleguemos a Lima te compro un pasaje de retorno para que vuelvas de inmediato”. Moví la cabeza incrédulo ante lo que escuchaba, ¿con ese argumento pretendía calmarlo?, o en otro momento cuando nos elevábamos le dijo: “Mira la ventana –no dijo: mira por la ventana, dijo: ¡mira la ventana!-, agregando a continuación “Mira el paisaje”.
Detengámonos aquí, ¿paisaje?, el vuelo había salido a las 10:20 p.m. con noche oscura sin luna, al elevarnos se alcanza a ver un poco de la ciudad iluminada que vamos dejando atrás y en menos de un minuto cuando abajo se va extendiendo la espesa selva, ya estamos atravesando una gruesa capa de nubes, entonces… ¡¿Qué paisaje por Dios?!, cachorro alcanzaría a ver solo la nubosidad que venía hacia él como espectros iluminados con la luz intermitente del ala del avión, como un caos visual, todo eso solo incrementó su angustia, otra vez, en el reflejo de la ventanilla alcancé a verle hecho un manojo de nervios, acurrucándose, haciéndose un ovillo en su asiento repitiendo Ay, ayayyyy, ayayaayyyyy y asi sucesivamente.
Delante suyo ya habían pasado varios miembros de la tripulación intentando calmarlo infructuosamente, le ofrecieron el oro y el moro, el solo quería bajarse del avión. Entretanto, a esas alturas los otros chicos como aquel que iba adelante en la fila 21 había logrado que sus padres cambiaran asientos y de lo más tranquilo continuó su viaje con su progenitor al costado y hasta un purser muy pilas le trajo un vaso enorme con el logo de la aerolínea repleto de caramelos.
Repartieron los snaks y bebidas, el vuelo transcurría con apenas un poco de turbulencia y cachorro seguía en lo suyo, solo cambió o alternó sus ayayes con la exposición seria de sus argumentos ante los oídos mas sordos del planeta, “Tu sabes que yo le tengo miedo a los aviones” “Quiero ir a la casa de mi mamá” –con lo cual deduje que los padres de cachorro eran separados o padres independientes o algo similar-, “Dijiste que solo íbamos a dar una vuelta” “Papá, que malo que eres”, ¡ufa!, caramba -pensé-, ¿no podía haber ensayado este hombre algún argumento más eficaz para convencer a cachorro de hacer este viaje?, he aquí el repetido error de muchos mayores de subestimar o menospreciar la inteligencia o entendimiento de los niños, me fue inevitable ponerme en sus zapatos, el sentido común me hubiera hecho plantearle el viaje a cachorro con el argumento más convincente, ¡la verdad!, tan simple, tan directo, tan correcto, Hijo, vine a recogerte, nos vamos de viaje unos días en fiestas patrias (No papá, le tengo miedo al avión), No te preocupes hijo, yo estaré a tu lado, no hay que tener miedo (Pero papá, yo quiero quedarme acá con mi mamá) Vamos cachorro, te prometo que nos vamos a divertir, iremos al circo, veremos la parada militar, iremos a la Feria del Libro, veremos una peli en 3D, estrenaremos el Metropolitano… (Pero papá, tengo miedo de viajar en avión) No te preocupes, te cuento algo, cuando yo era chiquito como tú también me daba miedo volar, pero cuando viajaba con mi papá ya no tenía miedo y nos divertíamos mucho… ¿que dices, vamos? (Ya pá’ ¡vamos!)
Pucha, pero cachorro no era mi hijo, ni yo su canoso, impasible y torpe padre, yo continué escuchando los lamentos del niño y mas ayayayays… hasta que por fin la iluminada y fría Lima se desplegó a nuestros pies, aterrizamos, y llegando al fin del viaje me dije con curiosidad que ahora iba a conocer el rostro de aquel pequeño que había estado llorando tanto. Solo cuando nos detuvimos y empezó el típico despliegue de abrir compartimientos, buscar el equipaje de mano y prepararse para salir, solo en ese momento cachorro dejó de llorar, lo busqué y encontré con la mirada cuando por fin se calmaba con el gesto por el que tanto había reclamado, su padre con cara de nada cargándolo en una especie de abrazo y el pobrecito rodeándole el cuello con sus brazos y apoyando su carita en el hombro paterno buscando refugio. Debía tener unos cuatro o cinco años, larguirucho y de finas facciones, con el cabello castaño oscuro muy cortito y cejas pobladas. Eres un niño muy lindo cachorro –pensé- y estabas pidiendo tan poco, y te la tuviste que arreglar por tu cuenta, mírate pues.
Al cabo de un rato olvidándome por un momento la escena de antes de salir del avión, ya en la sala de equipaje recogí mi maletín azul y cuando me disponía a dejar el área de llegadas del aeropuerto, volví a ver a cachorro, ya más tranquilo, aunque moqueando, compungido y triste todavía, pero subido en lo alto de las maletas en un carrito portaequipaje llevado por su padre; así que me despedí mentalmente: Espero que pronto le pierdas el miedo a los aviones, veras que disfrutarás tomarlos para ir de un lugar a otro, a lugares cercanos y lejanos, a encontrarte con gente querida, para conocer nuevos lugares o hacer realidad algunos sueños, solo eso, que tengas un viaje de vida sin mayores turbulencias pequeño cachorro…
martes 11 de mayo de 2010
UN CLASICO VIGENTE –QUIERO CREER-
Tras de mi, las quimeras y promesas, lo mas querido y lo mas planeado; tras mis pasos, los caminos que se bifurcan y entrelazan o van paralelos a los de otra gente. Darse cuenta que muchas veces para llegar a un determinado punto, muchas veces no escogí ni el camino mas directo ni el mas lógico, si no, que me di un tremendo vueltón, hasta con vuelcos y vueltas de tonel y de campana incluidos, y es que me he ido de cara cuantas veces.
Si hago balance de cómo me siento y lo que veo en el reflejo del espejo, he de decir que soy consciente que no encuentro en mi un vehículo del año, tampoco uno de moda, ni tuneado ni repotenciado; siendo optimista, probablemente encajo mas en la descripción de un clásico vigente, ochentero o noventero, operativo, recio y rendidor, según como se viera. Eso veo, o eso quiero ver, y es que seguiré retando mis días y mis años, seguiré riendo cojudamente creyendo que un halago es una oportunidad, o que cada inicio de mis años es preludio y prolegómeno de cosas de las que me sentiré orgulloso y hasta feliz en un futuro.
Contraviniendo mi instinto trotamundo he dejado de viajar –metafórica y literalmente-, mis sueños hibernan, he esperado tercamente el chispazo detonante que simplemente no ha llegado, sin darme cuenta que era mas probable que el nervio expuesto en que me he convertido, sea lo que finalmente me lleve a confrontarme y contentarme a mi mismo, aun a costa de mi mismo, mudando dudas é inseguridades por certezas y convicciones, terminando de convencerme que como el vino o los carros, los años solo pueden ser la mejor etiqueta de mi cosecha o fabricación, que no he vivido en vano y que -aunque no vengan en copetín ni envueltas en celofán ó papel de regalo-, en verdad hay grandes y también simples razones para seguir sonriendo o volver a sonreír francamente.
lunes 21 de diciembre de 2009
Recuerdos de Navidad y de quienes hacen su magia (reflexiones de la pugna entre el Grinch y el Papá Noel que llevo en el interior)
Los regalos no se abrían como hoy en día cuando dan las 12 de la noche y las casas son un solo de critters haciendo funcionar y estrenado sus juguetes todos al mismo tiempo; se estilaba cenar temprano, cerca de la medianoche salíamos a la puerta de la casa a ver pasar los grupos de pastorcillos cantando villancicos o a las primeras cofradías de negritos de la temporada o familias enteras acompañadas de bandas de músicos yendo o viniendo de las misas de gallo cargando imágenes de niños Jesús unos mas bonitos que otros, y de ahí a dormir sin chistar.
miércoles 16 de diciembre de 2009
BALANCE (…y que venga ese 2010!!)
En los últimos meses y en casi todo este año –errático la mas de las veces-, casi-casi he tenido que amarrarme las manos en muchas oportunidades para no escribir, para no tener que inundar este espacio particular con mi tristeza y melancolía, para no dejar fluir palabras cargadas de lo que me ha embargado y seguramente seguirá embargándome un buen tiempo; para no dar cuenta que mis panoramas inmediatos, lo público, lo privado, lo personal, lo laboral, lo familiar, lo social, todo lo he estado viendo con filtros monocromáticos, o en sepia, como quien añade tiempo y nostalgia o añeja adrede cada nueva instantánea, cada nuevo retrato, como si el solo registro de cada instante que se está viviendo ya formara parte de un pasado, archivándolo todo sin disfrutar, o como si instintivamente yo tomara maníaca consciencia que nada me será eterno, ni los momentos, ni las satisfacciones, ni los seres que me rodean. A veces no es bueno ser tan analítico ni consciente ni conciensudo, se corre el riesgo de ser muy duro, cruel y despiadado con uno mismo, se termina siendo crítico a ultranza y uno no se otorga siquiera el beneficio de la duda ni da por descontado que siempre se actuó de buena fe, en resumen nuevamente todo se ve en monocromático gris.
sábado 17 de octubre de 2009
lunes 14 de septiembre de 2009
CANSADO (o como resumir en una palabra un urgente e insurgente ¡Necesito vacaciones!)
Cual veterano de guerra solo quiero reposo, quiero yacer plácido y amodorrado sobre blancas y almidonadas sábanas de algodón hundiendo mi rostro con el mentón a un lado en una almohada suave y mullida, o disfrutar sin pausa la eternidad placentera del décimo de segundo que me tome caer estrepitosamente con mis 91 kilos en el agua calma de una piscina azul, sin bulla, sin jaleo y sin vulgares disturbios, a pleno sol.
Sumergirme, redimirme, silenciar toda distracción del mundo infame, buceando con vigor a grandes brazadas para luego emerger soltando un bramido de combate al alcanzar mi otra orilla, luego, descansar tumbado al sol absorbiendo su energía, reclamando mi energía.
Quiero disiparme, quiero descansar, hacer una breve pausa en la constancia, quiero instaurar paz y sosiego en mi, recuperar la capacidad de mandar por un tubo a quien me afrente o me rebata, capacidad de neutralizar lo que sea que se interponga entre yo y mi mismo y que a veces se empeña en tenerme lejos de mis nortes, atado y cautivo de mis propios miedos y falencias.
miércoles 19 de agosto de 2009
A PROPÓSITO DEL 15 DE AGOSTO
Con lo que no contaba es que recibiría un regalo inesperado, a propósito que sea o haya pasado el 15 de Agosto, el aniversario de una de mis tierras queridas, y es que soy huanuqueño, me siento huanuqueño por herencia y vida entera aunque mi partida de nacimiento diga lo contrario. Al llegar a la juguería me sorprendió una banda de músicos en el exterior, de pronto todo me supo a Huánuco.
Como no querer esa tierra con tanta historia, con tantas cosas y lugares queridos, mas aun al haber sido escenario de tanto de mi propia historia, lugar de mi barrio querido de la niñez y adolescencia en la cuadra ocho del Jirón General Prado a un pasito de la Plaza de Armas con antiguas y fascinantes casas y negocios, una cuadra con gente de todas partes, como una versión adelantada de los contemporáneos strip centers, con su Café Ortiz en la esquina, en el extremo que da a la plaza, luego la Heladería “My Friend”, al frente la peluquería de don Pepe Shirakawa, la Bodega y Bar de los esposos Araujo, el Hotel y Pollería “La Cabaña”, la distribuidora de llantas B.F. Goodrich de don Ugo Buzzi, la Panadería Noda y su hasta hoy inigualable pan francés, la Sastrería Salazar, el Hotel “Astoria” (habían dos, el otro, el principal estaba en la cuadra nueve del mismo jirón), ahí estaban ese hotel y el antiguo local del Colegio Illatúpac que después se convirtieron en la Cámara de Comercio y una distribuidora de autos; colindante con mi casa estaba la Imprenta “Febo” en cuya casa anexa llegó a vivir un buen día la niña mas hermosa del universo que parecía salida de un dibujo de Sarah Key y con quien nos dimos el primer beso en la boca de nuestras vidas a sus 6 y mis 8 años respectivamente; y para cerrar la cuadra, el taller de electrónica “Marconi” y ya en la esquina con el Jirón Hermilio Valdizán la tienda de muebles y artefactos del tío Lucho Seijas; y entre negocio y negocio algunas casas como la mía, casi todas con características de trastienda y mil lugares que descubrir, en resumen, una calle entrañable por donde muchas veces transcurrieron comparsas, corsos, desfiles, procesiones y cofradías, la ventaja de vivir en pleno centro de la ciudad.
Quiero a Huánuco por que me siento orgulloso de pertenecer a la misma tierra del ejemplar Leoncio Prado, de Daniel Alomía Robles el genial creador de "El cóndor pasa", del gran Hermilio Valdizán, de los bravos Illatupac o Aparicio Pomares, de la poetisa Amarilis; me siento también orgulloso de haber estudiado mi primaria en una escuela como la de las profesoras Garay (antes, cuando habité sus aulas se llamaba C.E.“Práctica Mixta” y en tiempos actuales, en memoria de su inolvidable Directora y Fundadora lleva su nombre “Felícita Garay de Hinostroza”), y la secundaria en el mas emblemático y tradicional de sus colegios, el “Leoncio Prado”, todo un honor aun con sus estatales carencias y limitaciones.
Vivir en Huánuco es participar de sus costumbres mas arraigadas, algunas muy ligadas a sus tradiciones religiosas y lo que hay alrededor de ellas, lo mas representativo quizá sea la tradicional danza de “Los Negritos” cofradías que pertenecientes a una determinada iglesia o barrio salen a las calles en el tiempo de navidad y año nuevo visitando los nacimientos y las imágenes de Niño Dios que guardan templos o casas particulares cuyos miembros se convierten en mayordomos que agasajan a los danzantes con abundante comida y licor, ahora claro, por obvias razones también se pueden ver en otras fechas y lugares como cuando es aniversario de Huánuco o hasta en el Gran Corso de Wong en Lima en fiestas patrias.
La puesta en escena de esta danza tiene diversos elementos, religiosos y paganos, todo un sincretismo, es una alegoría a la antigua liberación en tiempos de navidad de los negros esclavos que ataviados con las ropas de sus amos iban de casa en casa para adorar y bailar ante las efigies del niño Jesús recibiendo comida y bebida a cambio; la danza en si esta compuesta de varios momentos por decirlo de alguna forma, están las pasadas cuando recorren las calles y van de un lugar a otro, las paradas cuando llegan a un templo o casa de algún mayordomo, la adoración al niño que es muy festiva y cuando es el final de los días de baile de cada cofradía hay un baile final en que los danzantes se despedirán hasta el próximo año, será el momento del ayhuallá el baile melancólico y cadencioso marcado por el sonido de las campanillas y el bombo, en que paulatinamente se despojarán de sus sombreros, sus cotones o casaquillas de fantasía y sus máscaras profusamente adornados, será la única vez en que en cada temporada el público en general pueda ver sus rostros al bailar.
Dicho esto, hablar de Los Negritos es hablar de tradiciones huanuqueñas y allá donde los vieras te sentirás mas cerca de la tierra, así me pasó aquel domingo, llegar a la juguería y sorprenderme con el lugar repleto de danzantes de Los Negritos en pleno desayuno, dispuestos en grupos de 4 o 5 en cada mesa repletando el local, eso explicaba la presencia de la banda de músicos afuera, me alegró la escena, me hice a la idea que con tanta gente ahí mi jugo especial y mis sándwiches iban a demorar, pero bien valía la pena, así que me hice de un lugar y esperé, el lugar era un jolgorio, los visitantes venidos de mas de 400 km se alimentaban y se tomaban fotos, los gorochanos (vale también llamarlos “corochanos”) hacían de las suyas con bromas a doquier.
jueves 30 de julio de 2009
DIA DE IRSE
Que queda en esta vida sino soñar tan solo un poco; soñar, dejarse llevar por los pensamientos; yo que hice todo lo encomendado, que cuidé tanto el fuego e hice el sustento, que paseé al perro, que amé, sonreí, que entregué el alma y expuse confiado ese músculo magnífico que impulsa y lleva vida roja a todo mi cuerpo.
Confesé cada emoción, abracé cuanto pude, bailé e hice mía cada canción que llegó a mis oídos; hice toda la tarea, quizá hice demasiado, el mensaje muy claro, sin preguntas, sin más; dominé la fórmula que no existe, tomé todos los riesgos, y sin embargo, a la vez también tomé todas las precauciones, todas.
¿Donde estuve todo este tiempo que no me di la oportunidad de errar? de disfrutar una salida del camino, de un día sin ducharme ni la presión de un cruel reloj, de diferenciar un día del otro, de hacer de un día cualquiera un perfecto día normal.
El día de irse puede ser cualquier día de estos o de aquellos, será un momento no escogido ni planeado, será la conjunción de muchas cosas o la sucesión de algunos acontecimientos menores y mayores, un momento en que habré de estar en medio del trayecto de un sino artero e incompasivo, momento en que se reirá de mi el futuro y me hará reproches sin reservas el pasado soñador dibujante de planos espectros y abstracciones.
El día de irse puede ser cualquier día, sin adioses de por medio, sin balances ni cierres, un instante, un momento apenas, una imperceptible instantánea fugaz y efímera, un punto de quiebre que no detendrá ni por un milésimo de segundo el curso del mundo ni el andar de nadie, de absolutamente nadie, y es que formar parte de todo es a veces formar parte de la nada, ajeno al conjunto, outsider sin contradicción.
El día de irse puede ser cualquier día, el día que menos me lo proponga, el día menos planificado, el día en que deshacer mis pasos signifique remontarse a ningún lado o el de haber llegado sin llegar, en que Itaca sea por fin un destino inesperado.
El día de irse tiene que ser cualquier día, tiene que ser cualquier momento de coraje o de extraña redención, de impulso, o de recuperación de la conciencia, el golpe de timón vital para eludir lo sinuoso y lo esquivo.
Así he de convencerme que el día de irse no tiene que significar necesariamente tener que irse, sino simplemente un día de alcanzarme a mi mismo y de poder llegar.
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(*) "Camino certero a la derecha" (Óleo - Erick Miraval)
miércoles 1 de julio de 2009
MAMÁ OSA, LA ÚLTIMA MATRIARCA
98 años de vida no son poca cosa, no pasan en vano. Quien haya vivido esa cantidad de tiempo bregando constantemente puede considerarse no solo un testigo sino protagonista de la historia de toda una comunidad.La historia de la Familia Cárdenas es equivalente a hablar de la historia misma de Bellavista, que es hablar de pioneros y de hombres y mujeres ilustres.
Un recodo a orillas del Huallaga en el gran paraíso sanmartinence ha sido escenario de la historia y vida de ésta emblemática mujer de gran carácter ROSA AURORA CÁRDENAS RAMÍREZ: maestra, esposa, madre, abuela, bisabuela, tatarabuela, madrina, señora de señoras, ciudadana ilustre, matriarca elemental en todos sus años de vida, la Mamá Rosa por excelencia.
Querida y respetada, formó e inició junto al recordado Papá Justo una prole vasta bajo la conjugación López-Cárdenas, imprimió su sello y su presencia en la vida de cada uno de ellos, a su manera y a su modo siempre pendiente de su bienestar y sus necesidades, presente en cada nacimiento.
Quien lo diría, tras ese rostro serio y de suma rigidez había una personalidad locuaz con un gran sentido del humor capaz de las chanzas más inesperadas, sino recordemos cada uno de nosotros algún sobrenombre del que nos haya hecho blanco, del que casi ninguno ha escapado; mi gordura infantil le inspiró llamarme “pollo gordo”, solo siendo ya adolescente pude tomarme la revancha devolviéndole el favor rebautizando su robustez, su nombre y su mal genio como: “Mamá OSA”, algo que ella me consintió siempre con beneplácito y una sonrisa pícara de complicidad.
Mi “Mamá OSA”, mi abuela Rosa fue así, sorprendente y admirable en todas sus facetas, autoritaria si, sobria, seria e inquebrantable pero con gran sentido del humor; directa y mordaz en sus opiniones pero generosa, desprendida y tierna en sus afectos –a veces selectivos-.
jueves 18 de junio de 2009
EL PAPÁ ERRANTE

La ansiedad no es poca cuando está ante fechas emblemáticas que recuerdan reuniones lejanas en el tiempo o en que se imagina un presente ideal entrando por la puerta de casa cargado de regalos e historias por contar, sabe que hasta se conformaría simplemente con llegar hasta ellos, dando gracias por la bendición de tener a su familia a su lado o de poder ir a ver a su anciana madre.
No puede ser vano tanto sacrificio, no puede ser vana toda esta soledad mereciendo otros momentos de unión familiar. Esperará pacientemente unas vacaciones austeras en que por unas pocas semanas acudirán a hacerle compañía unas veces su hija, o su esposa y el menor de sus hijos, o quizá un día hasta su hermana y su sobrina, lleguen para darle calidez de hogar a su frío espacio convertido en su casa y su trinchera, en que un improvisado mobiliario hará las veces de perfecto comedor. Dejará de hacer frío, y aunque quizá hasta llueva nada impedirá salir a recorrer esos mismos lugares testigos de su desarraigo, esos mismos lugares que mostrará con candor e inocultable orgullo, sus nuevos pagos, su extensa y lejana jurisdicción, su lugar de trabajo; no tiene idea de cuanto de eso quedará grabado en la memoria de esos otros, los suyos, solo sabe que aun a la distancia se puede seguir estando cerca.
Es entendible que muchas veces las cosas en la vida no resulten como las planeamos, los proyectos y emprendimientos familiares no siempre tienen éxito, a veces hay que volver a empezar de cero, ajustarse el cinturón mil veces, hacerse de tripas corazón y optar por las oportunidades que se presenten, dar un golpe de timón, aun cuando ello signifique hacer concesiones dramáticas como alejarte físicamente del hogar y de los tuyos.
Cuando hubo que hacerlo este errante no pudo darse el lujo de pensarlo demasiado, solo tomar el reto, dar las gracias por la oportunidad y hacerse de lo indispensable antes de partir a su propio exilio laboral, un destino de sierra norteña nunca antes andado, -un ejemplar de “Documental del Perú” le dio algunas pistas de lo que le esperaría-, no era el lugar mas emblemático o conocido de las provincias de Cajamarca como si lo eran otros tan mentados como la propia Cajamarca capital del departamento, Chota ó Celendín, sin embargo las notas del libro hablaban de un lugar incomparable y apacible, con su propia historia, muy tradicional, de hermosa campiña y con un gran parque nacional: era Cutervo, con su capital situada a los pies del cerro Ilucán, el otro Cajamarca, el menos conocido, el que todos se estaban perdiendo por no haber ido a conocerlo, por no haber recorrido aún sus calles en carnaval o sus ferias de los domingos viendo esa gran alfombra de ponchos rojos y granates, alforjas y sombreros enormes de paja en la explanada del mercado y que es todo un espectáculo que yo vería embobado tantas veces desde el balcón de la Sub Prefectura, todo eso y más es Cutervo con sus corridas de toros en las Fiestas de San Juan en junio o la Feria de la Virgen de la Asunción en febrero con retretas en su plaza escuchando alguna gran banda de músicos como cuando me tocó escuchar a la legendaria Banda de Músicos Santa Lucía de Moche. Cutervo es una provincia que también guarda lugares incomparables repartidos en otros distritos como Sócota, Callayuc, Choros, Cujillo, La Ramada, Pimpingos, Querocotillo, San Andrés, San Juan, San Luis de Lucma, Santa Cruz, Santo Domingo de la Capilla, Santo Tomás ó Toribio Casanova.
Indudablemente las artes del destino o un designio superior brindaron al errante un rumbo geográfico con una gran belleza y potencial que albergaba gente que lo acogió tan bien o mejor que si lo hubieran hecho sus coterráneos en circunstancias difíciles, eso hizo menos grave la distancia y el alejamiento familiar, menos pesada la carencia de contacto directo con sus afectos principales; nuevas amistades, nuevos retos, en tiempos en que desplazarte a otro lugar significaba el desarraigo y el no pensar en la temporalidad sino en un cambio radical por un período extenso, de larga permanencia. Un encargo y un trabajo gubernamental le confirieron llegar con prerrogativas de autoridad que supo ejercer con sabiduría y tino, así se ganó la simpatía y respeto de todos, sin aspavientos, con mucho de sí, con honestidad, decencia y gran derroche de carisma, como en todos los aspectos de su vida.
Tiempo después repitió trabajos similares en otros lugares, algunos lejanos e insospechados como Lircay en Huancavelica, o mas próximos a casa como La Unión, Panao y Ambo en Huánuco, en cada lugar sembró y cosechó respeto y amistad, a cada lugar llevó una parte de su hogar y nos llenó de orgullo, de cada lugar volvió cargado de experiencias y recuerdos, de cada lugar me emocionó tanto verlo volver aunque lo hiciera con ese pesado maletín de cuero repujado negro, ya serían otros tiempos, ya estaba mas cerca.
El paralelo y las analogías son inevitables, identificarse es natural, las coincidencias son abundantes, solo cambian los escenarios, los tiempos y los personajes, la historia y experiencias parecen tan mías, en estos tiempos en que me toca estar lejos del hogar, lejos de los míos, en que las vivencias a veces cuentan de noches con uno mismo y nadie mas, o de monólogos con el espejo, o de las ingentes cantidades de galletas y leche que consumo, en esos momentos es que pienso en el errante padre mío y como habrían transcurridos sus días lejos del hogar, las que habrá pasado sereno y firme.
jueves 11 de junio de 2009
NORA DE CHILE
Sin disfuerzos, sin poses, sin reservas ni nada que impidiese la química grupal, así conocí, así conocimos a Nora.Desde siempre el subconsciente particular y el colectivo me habían hablado de lo tirantes de las relaciones entre peruanos y chilenos a todo nivel y de lo inevitables que a veces resultan las confrontaciones y las puyas; en mi experiencia, salvo un encontronazo con un infeliz que nunca falta en una excepción que me tocó vivir en otro lugar neutral, siempre he sostenido cordiales interrelaciones con los vecinos del Sur que he tenido ocasión de tratar.
Antes de conocerla, conocimos su voz, una voz ronca de tanto fumar, voz autoritaria y con don de mando como se suele decir, con mis dos compinches de juventud más un asimilado piurano que se nos unió al salir de Lima y nos acompañaría en buena parte de nuestro periplo. Recalamos por primera vez aquellos tres “pata amarillas” en Santiago en un ahora lejano 1992; en nuestro larguísimo viaje por tierra en pleno verano recién nos permitíamos el primer descanso y pernocte bajo techo y en tierra firme.
Habíamos rebotado en el intento de alojarnos en otro hospedaje recomendado por otros amigos viajeros que hicieron antes la misma ruta, ahí mismo, luego de excusarse indicándonos que no tenían disponibilidad, nos sugirieron otro hotel/hospedaje cercano, hacia allá enrumbamos cargando nuestras mochilas y maletas desplazándonos por las calles del centro que a las primeras horas de ese domingo era un simpático panorama de calles despejadas con poca gente asomando a sus puertas, despertando, saliendo a sus veredas o yendo por el pan y los periódicos. Al llegar al lugar sugerido una amable dependienta en riguroso mandil khaki que luego conocimos como Martita y era la diligencia en persona y casi casi se desvivía por atendernos, nos invitó a pasar a aquel hospedaje con más pinta de casa familiar que de hotel que nos dio automático e inmediato confort.
¡Que parecida a mi antigua casa o la de mis vecinos Urdanivia en Huánuco! con sus antiguas puertas y ventanas estilizadas de madera y hierro dando directamente a la calle, podía adivinar como se vería dentro, con su estilo republicano, salones y habitaciones de techo alto, baldosas en el patiecito central y en la galería que conduce al comedor, la cocina y el área de servicio.
Repartidos en dos habitaciones hicimos de Santiago nuestra casa antes de partir al día siguiente rumbo a Mendoza; entre descansos y salidas breves y no tan breves se escuchó su voz, llegando o saliendo, dando órdenes, preguntando por esto o aquello y como respuesta el corretear de las “niñas” del servicio satisfaciendo cada requerimiento o información solicitada, mas tarde tendríamos ocasión de verla en persona.
Como quiera que la capital mapocha era un destino intermedio del itinerario, la ansiedad por continuar nuestro South American Tour hacía que no viéramos las horas de treparnos al siguiente bus, entretanto y ya siendo de noche como ya lo habíamos visto en cada lugar de paso o parada previa por Arica, Antofagasta o La Serena, de lo que mas se hablaba era de todo lo que sucedía en Viña del Mar y su famoso festival, así que nosotros contagiados del asunto andábamos buscando un televisor donde espectar lo que no podíamos ver en vivo como habían sido nuestros planes iniciales y que lamentábamos no hacer estando tan cerca pese a ser conscientes que eso hubiera distraído nuestro ajustado presupuesto; así que fuimos al comedor donde conocimos a Nora y nos “enamoramos” de ella y ella de nosotros.
Que personaje, que personalidad la suya, que mujer, cuanta historia viva se desplegó esa noche con tanto conversar. Mientras acompañábamos al piurano en la ingesta de su colación impostergable de pollo empanizado con papas fritas, tuvimos ocasión de ir descubriendo lo que había tras esas manos arrugadas con sus largas uñas pintadas de rojo y ese rostro que maquillado con énfasis no lograba ocultar los muchos años que cargaba encima, de gesto adusto, cabello lacio teñido de rubio cenizo con un corte simétrico caído a los lados a la altura del mentón, la chompita abierta colgada sobre sus hombros y el cigarrillo perpetuo en su mano derecha, apariencia lánguida e imperturbable hasta que hablaba, ese sería el retrato suyo con una actitud y rasgos duros como de actriz retirada pero lista a entrar en escena.
Mecano ofrecía en la Quinta Vergara una performance espectacular, volvíamos a lamentar no estar allá, aunque de hacerlo nos hubiéramos estado perdiendo esta tertulia que empezamos a matizar con muchas Pilsener Cristal y Becker, y salud por estos peruanos conversadores y por esta chilena encantadora, crítica y directa que decía sentir solo antipatía por los argentinos por lo del conflicto del Canal de Beagle y cada vez que podía decía “hasta ahí con los argentinos”, haciendo un gesto con la palma recta de la mano a la altura del cuello sacándola adelante, algo ofensivo debía significar, así era Nora, sin medias tintas, o le caías bien o hasta ahí con ella.
Mientras conversábamos imaginaba como habría sido de joven, mujer espigada y de gran carácter yendo a por lo suyo y haciendo lo que quisiese, siendo posiblemente la líder de sus amigas y rompiendo muchos corazones, nos dijo que cuando joven ella y sus amigas eran la mar de sociables y que en esos tiempos andaban encantadas cuando conocieron a unos extranjeros con quienes llegaron a ser muy amigos, ahí empezaron a cruzarse y acomodarse los datos y los reconocimientos, empezamos a escuchar y recordar nombres de leyendas nuestras, de referentes históricos de nuestro deporte, de integrantes de una generación de futbolistas que muchas veces nos dieron verdaderas satisfacciones y genuinas ganas de decir ¡Arriba Perú!, nos habló de su amistad con Otorino Sartor que alternaba el arco con Caico Gonzáles, que conoció a Velásquez, Casaretto y toda esa gente de la selección de los setentaitantos, calculo que debió ser para el Campeonato Sudamericano que hoy conocemos como Copa América del ’75 que ganamos finalmente frente al combinado colombiano en El Campín de Bogotá; que sorpresa, quien se lo iba a imaginar, ahí nos dijimos que brava la tía.
Fue generosa en detalles y en halagos hacia esos amigos suyos de antaño, que el guapo tal, que el otro cual, que el moreno nosecuantos, caramba, si que andaron revueltas las hormonas esos días y es que los ojos de Nora se iluminaban al compartir sus experiencias de esos tiempos, agregamos reflexiones mentalmente pensando que bien lo pasaron nuestros viejos futbolistas en esas canchas mapuches.
Tiempo después volvimos a Santiago y cual lo prometido nos recibió en su otra casa hospedaje, nos trató como a sus hijos o sobrinos queridos, se negó rotundamente a que le pagáramos un solo centavo por la nueva estadía; en esos últimos días que compartimos con ella supimos que era la única hija mujer de un militar de aquellos, que su casa siempre había sido un pequeño cuartel, con todo en escrupuloso orden y brillando, los cepillos alineados en el lavabo, la ropa dobladita y limpia, la cama lisa y bien tendida, con la comida hecha y servida a hora fija y con todos presentes; todo eso explicaba su especie de religión en la forma de conducir sus negocios, todo en orden todo bajo control, control que sin embargo no alcanzó a su vida personal, nunca se casó pero si fue madre soltera ya entrada en la madurez de su vida, llegó a tener un hijo al que también conocimos y nos sirvió de guía antes de irse a estudiar.

