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Dame tu mano …

“Hijito, quiero que me tengan mucha paciencia, estoy que me olvido de todas las cosas”.  Escuché estas palabras hace unos pocos años y voy comprendiendo su real significado, eran un asomo, una advertencia explicita de situaciones y momentos que iríamos a vivir junto a ella. En esta vida damos muchas cosas por sentado, quienes somos, lo que poseemos, o cuanto hayamos aprendido, talentos o destrezas, y también –quien creyera- infinito y constantemente renovado conocimiento. Pero somos frágiles, somos un misterio o una promesa no cumplida de trascendente perpetuidad. Otrora entusiasta maestra de párvulos que eran su mundo y su motivación, a quienes formaba y estimulaba con canciones y relatos, con dibujos y manualidades que nutrían sus tiernas mentes, para que crecieran derechitos como solía decir, para que desarrollaran su motora fina y su lenguaje, tiempos de aprestamiento y desarrollo temprano del individuo, tiempos de educación inicial. Pero la plenitud de nuestras mentes es tan solo…

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