lunes, 16 de marzo de 2009

SON SUEÑOS (*)


El médico no se anduvo con rodeos cuando tuvo que decirme como eran las cosas y como iban a evolucionar esas cosas. ¿Por qué carijos esto sucede cada vez que es mi turno?. Me había advertido esa mañana en que me quedé de largo tras mi guardia nocturna; pasó su revisión, vió, miró a su paciente, le preguntó un par de cosas de rutina y luego me hizo una seña para seguirlo al corredor.
El panorama es el siguiente –me dijo-, la reducción de la capacidad respiratoria responde a un enfisema pulmonar, de acuerdo a como responda el paciente usaremos oxigeno de bigote, mascarilla, mascarilla con reserva o entubaremos -muy directo, brutalmente directo y sin ninguna reserva-, además, he revisado el examen de sangre y hay presencia de blastos, eso nos indica una posible leucemia aguda, vamos a hacer un segundo examen, si el resultado es el mismo pediremos una muestra medular, una biopsia, esperaremos la opinión del neumólogo y ahí tendremos el diagnostico.
Ante mi curiosidad por saber cuales serían los posibles escenarios ante esos resultados, sin anestesia agregó: Como el segundo exámen de sangre prácticamente estaría confirmando nuestras sospechas, la biopsia nos indicaría el tipo de leucemia, y es que estaríamos ante dos posibles tipos de leucemia: la linfoblástica con la cual habría una expectativa de vida de unos cuatro o cinco años con tratamiento, y, la mieloblástica que es la mas agresiva con la cual la expectativa se reduce a un año como máximo. Escuchar todo eso fue como estar ante una visión apocalíptica del cuadro clínico, equivalente a decirme que estabamos bajando por un barranco sin frenos y que los exámenes nos iban a precisar a que velocidad lo hacíamos.
Tal cual lo dijo, en los siguientes días se hizo un segundo examen de sangre y luego un tercero ¿alguna duda? –me infundí fé-, ó ¿alguna certeza? –pisé tierra-, hasta que una tarde en que estaba solo entraron en la habitación un médico internista y una enfermera empujando un carrito en un protocolo distinto a lo habitual hasta entonces. Yo había estado conversando animadamente con mi paciente, internamente durante los últimos días había estado rogando que este exámen no se llegara a necesitar y es que ya habían sido varios días desde que conversé con el médico principal y el temor aumentaba pues el solo hecho que se hiciera la prueba ya sería como una confirmación del mal.
¿Estarás bien? . Si niñito estaré bien. Es lo que me dijo mi paciente tras consultar y recibir la negativa del galeno y la enfermera ante mi pregunta si podía quedarme. ¿Cuánto tiempo tomará realizar el examen o la toma de la muestra? 25 minutos -respondieron-. Tomé la mano de mi paciente y me repitió “estaré bien”. Salí de la habitación 1059 y tras de mi se cerró la puerta, intenté la mayor serenidad posible pero repasé y se repetía en mis oídos todo lo que me dijo el médico el sábado anterior como quien escucha una sentencia.
Me planté de pié como un soldado frente a la puerta cerrada, miré el reloj, marcaba las 4:05 p.m. me preparé, me calcé en las orejas los auriculares del celular y le pedí a Dios algo de misericordia que si era preciso me transfiriera todo el dolor que experimentaría mi paciente allá adentro. Pulsé el botón de reproducción de MP3, al poner play la elección aleatoria para empezar puso en mis oídos los acordes de un rasgueo de guitarra conocido
...RE-MI-Fa#m, RE-MI-LA, RE-MI-Fa#m, Sim-MI, RE-MI-Fa#m …
En ese momento sentí una punción encima de mi esternón seguida de la entrada de una cánula llegando hasta mi médula; algo me lanzó a un premonitorio futuro en que me encontraba muy triste tratando de asimilar una ausencia, por eso traté de imaginar en ese mismo instante que estabamos en una carretera devorando el asfalto sobre nuestras motos, con lentes oscuros, uno al lado del otro, yo en mi 150 cc. y él en su vieja Indian, con el viento golpeándonos el rostro a pleno sol.
La canción siguió sonando:
“Son sueños que son de verdad, me gustaría que fuera real
son sueños, quiero llegar hasta el final, y nada sirve si no estás
En silencio, te busco y sueño con poderte amar
Te sigo buscando tanto (…) por eso te tengo que inventar
Te sigo esperando tanto (…) por eso te tengo que encontrar
Son gestos que quiero mirar, me gustaría poderte tocar,
Son sueños, quiero que existas nada mas, sigo buscando ¿dónde estás?
En silencio te busco y sueño con poderte amar (…)
Te sigo buscando tanto, te sigo esperando tanto, por eso te tengo que inventar …”.

Finalizados los 25 minutos, luego de esa y varias canciones, con un gran dolor en el centro de mi pecho supe que las sentencias se cumplen y esta inexorablemente se cumpliría; enjugué mis lágrimas y me hice el valiente, me dije a mi mismo que era el hombre mas fuerte del planeta antes de volver a la habitación donde el más dócil y valiente de los pacientes con una palmadita en mi hombro me recibió y me dijo “Todo está bien niñito, todo está bien, no me dolió nada”.
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(*) "Son sueños" parte del album "A contracorriente" (El Canto del Loco)

lunes, 2 de marzo de 2009

UN BOSQUE Y UN CAMINO DE EUCALIPTOS

El camino de la vida se asemeja a una alameda o un camino rodeado de arboleda, se asemeja a un ir y a un volver, nos lleva a algún lado, cada camino lleva a alguna parte.
Mi núcleo familiar al igual que casi todos los demás tiene la existencia paralela de otros núcleos familiares, otras familias a las que podríamos catalogar de contemporáneas, en particular lo digo por que en mi caso siendo cuatro hermanos, hemos tenido a la mano primos hermanos muy cercanos, cada uno de nosotros con primos afines, con mucho en común, compartiendo la misma edad muchas veces o hasta las mismas aulas inclusive. Guardo en la memoria muchas anécdotas y momentos compartidos con todos mis primos tanto de la línea materna como paterna, sea que se tratara de fiestas familiares, viajes, el ir a conciertos o incluso algunas borracheras, evoco especialmente las experiencias compartidas con dos de mis primos de edad mas próxima: Marco y Augusto, con quienes me llevo una diferencia de seis meses con cada uno.
Siendo que los momentos compartidos son tantos, recuerdo en particular nuestras salidas cuando éramos apenas niños o púberes, cuando nos invadía el espíritu de exploradores incansables, como quien arma su propia mancha scout, mis primos ya se habían ido a radicar a Lima, pero retornaban a Huánuco cada verano, el grupo se expandía con mis sobrinos Hugo y Kike y a veces también se nos unían Beto y Mingo, unos antiguos vecinos de mis primos muy ligados a la familia. Lo nuestro era salir muy temprano en la mañana con la idea de regresar al mediodía o media tarde para el almuerzo.
Una ruta que recorrimos muchas veces es la que hacíamos a lo largo de las faldas y laderas del Cerro San Cristóbal, a lo largo de una acequia o canal de regadío que corría paralelo al camino que llevaba desde Llicua hasta La Esperanza, empezando exactamente detrás de una antigua garita de la policía enfrente del Puente Calicanto que previamente debíamos cruzar; ese era un camino muy particular que para nosotros significaba la experiencia de ser independientes, de salir a andar solo nosotros, recorríamos todo ese camino bucólico rodeado de altísimos eucaliptos cuyas hojas caídas hacían toda una alfombra que amortiguaba nuestros pasos, el agua limpia que corría a nuestro lado nos refrescaba cuando queríamos, si había hambre comíamos tunas o guayabas del camino, no necesitábamos mas, era otro lugar, era otro espacio, no era usual que una mancha de mocosos estuviera en ese plan, de vez en cuando nos cruzábamos con señores o señoras cargando pasto o alfalfa que se detenían para intercambiar saludos con nosotros o simplemente vernos pasar, debía ser toda una estampa ver a esos sudorosos pequeños caminantes muy cordiales y alegres, que afán el nuestro en verdad.
Era increíble, tan cerca del centro de la ciudad y estábamos en contacto total con la naturaleza, recorriendo ese camino de tierra que habíamos hecho nuestro de tanto andarlo, cada salida nos proponíamos llegar mas lejos, la idea era recorrer a pie ese camino hasta La Esperanza un poblado desde donde venía a mi casa en la tardes trayéndonos leche fresca la señora María una robusta mujer de coloridas polleras y blanquísimas mantas donde envolvía una gran garrafa de zinc o aluminio, llevaba el pelo trenzado envuelto en rueda y sujeto en su cabeza a manera de una corona, tenía una rosadez, unos ojos azules intensos como mucha gente de su localidad y una bondad tremenda.
No siempre lográbamos llegar a nuestro destino, pero cada vez hacíamos un recorrido mas largo y nos acercábamos más, después ya cansados pero muy satisfechos compartíamos todas nuestras pequeñas pero grandes hazañas en el almuerzo preparado por alguna de nuestras madres, o en casa de Mamá Vica nuestra abuela, todos juntos, como grandes invitados, cual cruzados que retornan de una batalla y son recibidos con honores.
Ya adulto, me apena comprobar empero que ese mismo camino que fue testigo de nuestros pasos infantiles y pre adolescentes no existe mas que en nuestra memoria, no existe mas el canal de agua limpia ni nuestro bosque de eucaliptos a lo largo del camino donde pensé que algún día transitaría también nuestra descendencia para tener nuestras mismas experiencias y comprobar que aun se puede conversar con la gente del camino sin recelos ni temores; ahora esta todo atestado de casitas mal concebidas e insalubres, donde se respira mucha miseria, desidia y polvo y solo se ven rostros adustos.
Sé que físicamente no podemos pretender que los lugares y caminos sean los mismos, aunque uno siempre quisiera que si hay cambios los cambios sean para bien y no todo lo contrario y no tengamos que ser solo testigos del deterioro sistemático del entorno y de sus habitantes. Por eso es que ese camino siempre será un referente en muchos aspectos.
Nuestros caminos suelen ser intensos y enriquecedores, vamos tras algún objetivo o destino, siempre queremos llegar mas lejos. Lo andado, lo que se deja atrás, lo que forma parte del recuerdo, se guarda a veces en algún rincón y se olvida, sin embargo tienen el valor y la importancia de haber ido formado nuestro carácter, de habernos dado experiencias de vida. Así hemos crecido y así seguiremos andando, buscando y recorriendo nuestros propios bosques y caminos de eucaliptos.

sábado, 21 de febrero de 2009

Viejito Lindo, Luchito, Lucho, Luchín, Viejo Signacho, Papá Lucho, Lú, Tío Lucho, Don Lucho, AbueLucho …


UN HOMBRE MUY SINGULAR
¿Cómo contar la historia de este hombre singular?
Como decirles que con él hemos tenido todo un ejemplo constante de generosidad, cordialidad y respeto a los demás.
¿Como decirles, como encontrar palabras para describir su estampa y porte de caballero gentil?, de su espíritu optimista, capaz de ver siempre el lado positivo de todas las cosas.
Como decirles que junto a él uno podía recorrer el mundo, descubrir y descifrar casi todo lo que uno quisiera.
Como decirles que aunque a veces se le pasara la mano, era capaz de repararlo todo, un tocadiscos, una lámpara, una puerta o a veces tu alma o tu corazón.
Como decirles que con mucho o poco en el bolsillo siempre procuraba lo mejor para nosotros, que si de Mamá aprendimos de coraje y ganas de salir adelante, de él aprendimos de desprendimiento y que una sonrisa y un gesto amable son capaces de abrir casi cualquier puerta.
Como decirles que de él aprendimos a tenerle tanto gusto a la música, a la buena lectura, a la fotografía y al buen cine, como sino decirles que “El puente sobre el Río Kwai” también lo construimos Papá y todos sus hijos y sus nietos con solo silbar como él la melodía de ese soundtrack.
Como decirles que a este hijo de Ignacio y Elvira siempre lo caracterizó la inventiva y la pulcritud, que si sé anudarme esta corbata es por que él me lo enseñó.
Como decirles que su presencia está en cada rincón de nuestras vidas y en cada gesto compartido.
Como decirles que cuando elevo una oración a Dios, imagino que Dios tiene el rostro de este hombre noble que es mi Padre.
Como decirles que ahora pensar en él será pensar en una marcha triunfal de Aída o en un silbido en el aire de esos que delataban alguna travesura suya o la existencia de caramelos o chocolates en sus manos o bolsillos para sorprendernos y compartirlos con nosotros.
Si antes admitía miedo pensando en todo aquello que nos quedó por hacer, hoy me llena de orgullo y felicidad pensar que disfrutamos tanto juntos, que sonreímos por pequeñas y grandes cosas, que nos quisimos y nos querremos siempre, por eso nos queda la convicción que siempre estaremos juntos, que siempre estarás con nosotros Viejito Lindo, Luchito, Lucho, Luchín, Viejo Signacho, Papá Lucho, Lú, Tío Lucho, Don Lucho, AbueLucho …
Créanme… un hombre muy singular.
(Lima, Febrero 18 - 2009)

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"¿Cómo llegar a tus oídos ahora que duermes?

Descansa querido abuelo, manos de sauce…te lloramos.
Reímos con cada recuerdo, con cada bocanada de vida que nos has dado, tronco recto y enérgico, alegre y vivaz, fuerza de la tierra, has sido nuestro, eres de todos.
Aun te veo con tu sombrero de lado y tu voz divertida saludando a la gente a tu paso, no importaba si la conocías o no, llevabas (quien te viese)…caramelos en el bolsillo y se lo ofrecías a quien sea, y soltabas algún invento lingüístico sin tapujos.
Creo que sin la imagen de tus manos no soy capaz de ver un buen café a media tarde…Estoy distante, al otro lado. Sin duda sabías perfectamente que me siento reflejo tuyo. Me duele pensar que no despiertas, me duele saber que mi ilusión al ir a casa y verte sea un sueño no cumplido, aun así y sin estar: estoy contigo, con tus juegos de palabras y tus mundos fantásticos enclavados en lo cotidiano. A tu lado un objeto dejó de ser solo un objeto, la fantasía me ha desbordado creciendo a tu lado.
Ya son muchos los años que estoy lejos, y algo de ti siempre pongo en mi vida. Siempre he hablado de mi abuelo inventor, pues quien inventa encuentra y se puede llegar a definir como “en el viento”: in-ventum. Tal vez sea la palabra que mejor define a mi abuelo, alguien que lo contiene todo y en todos como ese aire, viento que respiramos, existen pocas personas con esas capacidades, mutar, mudar, cambiar a cada paso que daba en la vida, una constante aventura, y es así que invento y aventura (adventum) se unen en un tipo de carácter que es poco común: “Un caleidoscopio cargado de conciencia”. Este fue PapaLucho un capricho de mente que brillaba constantemente.
Disculpen que busque significados tan rebuscados, pero para mí mi abuelo es esta condición, la de una Gran enciclopedia llena de humanidad, curiosa y delirante en algunos casos, esta relación entre aventura e invento me llevaran a pensar que lo encontraré siempre donde haya viendo, donde la voz aguda de un silbido me anuncie su presencia."
(Erick Miraval Gómez - Madrid, Febrero 18 del 2009)

jueves, 19 de febrero de 2009

EL LEGADO DE PAPÁ

Miércoles 18 de Febrero del 2009
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"...Como no creer en Dios si por permisión divina yo llegué a tener a mi linda y valiente Olguita y a mis hijos queridos Jorge Luis, Rosa Elvira, Juan Carlos y José Martín. Como no creer en Dios.
Los quiero... L.E. Gómez"
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LUIS ESTEBAN GÓMEZ ARGANDOÑA
31.Diciembre.1920 - 18.Febrero.2009
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Una canción favorita de Papá:

martes, 10 de febrero de 2009

DESDE MI ATALAYA

Por estos días, este es mi pequeño gran universo, de la casa al hospital, del hospital a la casa, perdiendo la noción de los días y las fechas y a veces hasta de las horas, en vigilia y alerta, debiendo sueño, con los sentidos agudizados, analizando todo a mi alrededor. Así, al dar la bienvenida al nuevo día, cual organismo visto a través de un microscopio que se reproduce y amplifica veo la formación de vigilantes particulares en el área central del primer piso delante del estacionamiento; son las 6:45 am y es casi el único movimiento circundante, al principio solo dos filas con guachimanes uniformados de clásico marrón y crema con gorro, corbatita, insignias y marbetes, entre hombres y mujeres, al frente suyo tres o cuatro coordinadores sin uniforme que los lideran y hacen lo que parece ser una toma de asistencia, los rezagados aparecen de varios lados, uno a uno, de dos en dos o en grupos, algunos aceleran el paso al ver la formación que comenzó sin ellos; me pregunto que historias habrán detrás de cada uno de estos individuos, si pudieron desayunar, de cuan lejos vienen, que es lo que cargan en sus bolsos, que pensamientos los embargan, que tan simple o complicada es su existencia individual, y es que cada persona es un universo, pero en este momento integran una suerte de batallón unitario –al igual que yo y toda mi familia-, así que se unen a esa formación casi marcial de colores marrón y crema.
Son casi las siete, terminan las instrucciones y la correcta formación de mas de diez filas se dispersa, se desencadena, rompen filas, como si fueran hormigas desorientadas que ahora van en distintas direcciones, se quiebra entonces esa unidad que en su caso duró unos pocos minutos, cogen sus bolsos algunos y automáticamente cada uno enrumba a su punto de trabajo designado en el hospital; un nuevo día ha comenzado, finaliza mi cuarta guardia nocturna en menos de diez días.
Desde mi atalaya en el piso décimo diviso el horizonte urbano de edificios irregulares que se muestra soleado, el tránsito ya fluye por calles y avenidas, no para; agotado pero en pié concuerdo que la vista promete un domingo de verano con clima interesante, -contradictorio con el hecho que a mi recién me tocará dormir-, sin embargo, independientemente que necesite recargar mis baterías mi mente esta llena de incertidumbres, no se a ciencia cierta que me deparen los siguientes días, no se que tan fuerte y ecuánime pueda estar, tampoco se que tan en breve como quisiera deba o pueda volver a esta misma misión de velar el sueño y la salud precaria de papá; mas tarde cuando salga por una de esas puertas rumbo a casa y me cruce con alguno de esos vigilantes vestidos de marrón y crema imaginaré en su argot contra gramático la respuesta provisional a todas mis interrogantes: la verdad… “desconozco mayormente”.
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miércoles, 28 de enero de 2009

TENGO MIEDO

Tengo miedo, lo confieso, tengo miedo que a mitad de la noche una llamada me despierte para decirme lo que nunca quisiera escuchar.
Tengo miedo por que todo es frágil y siempre pensaré que hay tanto por hacer, tanto por reír, tanta música por escuchar.
Tengo miedo que amanezca, ¿Qué puedo hacer, que puedo decir? Hoy ya no puedo subir al tejado de la casa de General Prado como cuando niño para ponerme a pensar que tan lejos estarías y limitarme a esperar.
Tengo miedo de ver como pasa el tiempo y su decadencia, implacable, marcándolo todo. Quisiera documentarlo todo, perpetuar todo lo que nos hace sonreír.
Tengo miedo de admitir que en verdad la vida es un momento y es que fue hace solo un instante que me enseñabas a montar a caballo para recorrer Cutervo o paso a paso como hacerme el mas perfecto nudo de corbata para mi primera fiesta formal.
Tengo miedo de no haberte dicho suficientes veces cuanto te quiero y que quisiera que estuvieras fuerte como siempre para salir de viaje con Mamá a surcar un río inmenso de la selva o subir a un bus o un avión y encontrarte paisanos o parientes que nunca conocí.
Tengo miedo, no lo niego, pero también tengo fe, mucha fe que nunca bajarás los brazos ni las revoluciones y seguirás bromeando con lo cotidiano, diciéndole testarudamente “mochilla” a la mochila y “llantop” a la laptop, filosofando con todo lo que te ha tocado vivir, y es que aun tienes tanto por dar viejito.
Tengo fe … tengo fe…

jueves, 22 de enero de 2009

ME IMPORTA UN BLEDO ... !!

Hay veces en que hay que ser un poco caradura o quizá simplemente ser un tipo consecuente con lo que uno piensa, consigo mismo o con nuestros principios. El crecimiento de una persona implica un aprendizaje constante, escuchar consejos, practicar lo aprendido y sobre todo sacar lecciones de todas las experiencias, las propias, sobre todo las propias y hasta de las ajenas, por que hay que ser muy bobo para tropezar con un mismo obstáculo conociéndolo de antemano.
Parte de ese crecimiento también consiste en dominar la forma de interactuar con tu entorno; por ejemplo, en mi experiencia, siempre me ha costado decir no, terminar siendo condescendiente muchas veces aun a costa de pequeños o grandes sacrificios, ceder un poco o mucho en algunos casos en pro del bien común o algunas veces como parte de un inevitable proceso de ser aceptado como parte de algo, de un grupo, de un clan; algo aparentemente tan simple, esto quiero, esto no quiero, punto!, fácil es decirlo, a algunos nos ha costado adoptar el careto, la actitud de caradura en el buen sentido, del “me llega altamente”, si, con esa actitud en la que si con nuestra respuesta alguien se siente mal, piña pues!!, pero lo habitual era hacer lo políticamente correcto, conciliar antes que pelear, en fin, no sentirse mal luego de dar una negativa, insisto, me ha costado mucho ponerme esa otra piel.
Hace algunos varios muchos años –¿hace falta decir cuantos?-, en los incipientes comienzos de mi primer grupo o banda de rock al que me uní casi sin proponérmelo, me tocó intentar eso de ser un poco conchudo y decir un no aunque fuera en el último segundo. Club Mayor era el nombre que le pusimos a nuestro proyecto, si dije que esos inicios fueron incipientes, debo agregar que fue mas que eso, de hacer gorgoritos en cada cumpleaños, serenata o peña familiar o entre amigos y convencernos que había algo de talento entre la mancha, empezamos a ensayar, primero en las casas de los Díaz o de los Morales, pero, empeñoso como el mas, Lucho, nuestro lead guitar, encontró algo muy conveniente para nosotros, una sala de ensayos equipada con todos los instrumentos y hasta tecladista incluido, todo gratis, mmm… ¿todo gratis?, ¿seguro?, ¿que como se traduce eso?, pues bien, a la letra, en el grupo lo que sobraban eran guitarras y guitarristas, casi todos excepto yo que de dos o tres acordes aprendidos no he pasado, a la hora de asignar los puestos el asunto vino casi natural de acuerdo al virtuosismo de cada quien, Lucho en la primera, Enzo en la segunda guitarra y segunda voz, Marco al bajo, y sorprendiéndome a mi mismo casi a empujones asumí el papel de front man del grupo, el vocalista, el gritante de la banda, la batería aún inexistente fue asumida sucesivamente por varios prospectos hasta que nuevamente Lucho reclutó a un miembro singular, Percy “Pitufo” al que captó en un festival en el que empezamos a tocar semanalmente.
Volviendo al tema, habíamos conseguido lo soñado entonces, un lugar idóneo para ensayar, fue nuestro primer contacto con los amplificadores y con guitarras que no fueran acústicas y el poder escuchar nuestra voces amplificadas; nuestra privilegiada situación tenía características especiales, muy especiales diría yo, Lucho dió con un compañero suyo de promoción de colegio cuya familia es dueña de un ahora legendario grupo cumbiambero surgido en los setentas, es decir, cumbia chichera con look Woodstock y punteos elementales con efectos waa waa y teclados con reminiscencias espaciales tipo pimball, ¿bacan no “Choches”? macanudo, nuestro primer tecladista al que apodamos “Choches” por la muletilla con que se refería a cada uno de nosotros era el mismo tecladista de “Los Totems”, mama mía!, a cruzar los dedos, empeño le sobraba felizmente; empezamos y le dimos para adelante, así tuvimos ensayos con la regularidad que nuestros estudios permitían y con la ventaja que nuestro tecladista era hermano del dueño y señor de todas esas ventajas para nosotros. Ensayos van, ensayos vienen, no tuvimos otro camino que ir perfeccionando sostenidamente nuestras performances, de la desordenada bulla aparente de los primeros días empezamos a aproximarnos a medianamente decentes versiones o covers de lo que se escuchaba esos años, Enanitos Verdes, Hombres G, Miguel Mateos, Soda, y a esgrimir también nuestras primeras composiciones, de cuando en cuando por ahí aparecía el gran Elmer, el tótem mayor, serio, circunspecto, con cara de nada, hasta que un día habló y sugirió algo a lo que ni por asomo podíamos haber dicho que no.
Por esos días en el cine nos partíamos de la risa con las situaciones extremas de un grupo de cadetes en “Locademia de Policía”, entre los personajes uno en particular, un rockero anónimo loco de atar, con voz de gallo Claudio, adicto en abstinencia y recuperación, que llegaba al nirvana hasta con los gases pimienta o lagrimógenos de los entrenamientos, tenía al borde del colapso a su pobre compañero de cuarto y recitaba siempre que podía los poemas absurdos de un tal “Manfredo”.
El gran Elmer nos felicitó por los progresos, con las palabras justas nos dijo algo que sonó a “pasen por caja”, - Nosotros (Los Totem’s) a veces amenizamos matrimonios o quinceañeros, creo que “podríamos alternar” algunas canciones “modernas” con ustedes… léase, canciones que suenan en las radios y que a nosotros nos empezaban a salir bien, y el “podríamos alternar” no significaba otra cosa que quiero que canten con nosotros.
Ejem, ejem, pasar saliva y escuchar al unísono a mi gente un “por supuesto, claro que si”, la oportunidad de retribuir los favores, de ser agradecidos, etc, etc, yo volvía a tragar saliva, claro, claro que si.
Y llegó el momento de ser agradecidos, sin embargo el dichoso sábado siguiente de pagar nuestra deuda no fue como me lo hubiera imaginado, no iba a tocar o cantar con mi gente, no, la propuesta era tocar “alternar” con el sonido de Los Totem’s, efectos waa waa y muchos pero muchos efectos siderales tipo pimball seguramente, y digo seguramente por que no hubo siquiera un ensayo previo con ellos, era un a lo que salga, ¿cuadrar las canciones? Menos!, ¿para que? Gulp, a pasar mas saliva; por si fuera poco, mis “solidarios” amigos que tenían una fiesta ese preciso día prefirieron eso a ir a cumplir con lo pactado, no estaban ni siquiera para dar aliento o convencerme que cantara nomás, así igualito a como habíamos ensayado pero con otro marco y otros ejecutantes. Mmm, ¿me lo puedo pensar un poco?.
Resignado a mi suerte y pensando en el bien del grupo fui al lugar de la presentación, el restaurante y salón de agasajos mas ficho, pijo, fresa, cheto de la ciudad, en pleno malecón, nada mas entrar, reconocer muchas caras conocidas, amigas de mi mamá y convencerme que no llegaba en plan de invitado, sino con cara de mártir a punto de ser inmolado por la causa de la sala de ensayo all free. Mmmm, esta vez ya no tragué saliva, hice un análisis somero de la situación, hasta que todo me llegó literalmente al pincho.
Providencialmente mi puntualidad no coincidió con el inicio real de la fiesta, veamos: no hemos ensayado ni cuadrado las canciones y se pretende que yo cante como sea, como alguien que camina a ciegas sobre una cuerda, ¿solo yo debo ser agradecido?, ¡NICA!, el lugar y la gente conocida anticipaban para mi un soberbio roche un papelón anticipado. Saben que?, no me importó nada, planté todo, sin despedirme de nadie retomé mis pasos hacia la entrada del local y tomé el primer taxi que pasó y me fui a casa. Me sentí aliviado de zafar del compromiso pero también me invadió la culpa, si, y llegue a pensar que de ahí en mas ya no tendríamos sala de ensayo.
Al día siguiente para mi sorpresa me citaron para un nuevo ensayo, avergonzado acudí y ese día casi no ensayamos, mis compañeros y los dueños de los equipos y su grupo prácticamente tirados al piso y agarrándose la panza no paraban de reir y repetir uno de los absurdos de la película “Conocen a Manfredo, el que se tira un pedo y le importa un bledo?”. Los había dejado plantados y no hacían mas que celebrar mi reacción. Demás esta decir que cargué con el sobrenombre el resto de la existencia del grupo y el siguiente, pero supieron para siempre que cuando no me gusta algo mandaré todo por la borda y me importará realmente un bledo, ¿vieron que no siempre es difícil decir que no?.

Esa es la historia del seudónimo, y siendo entrañable como fue me ha servido para identificar los relatos y reflexiones de este blog.

YA TE EXTRAÑO

Pareciera que no hay nadie, ni una sola persona en mi entorno que pudiera terminar de entender la dimensión de este particular univ...