jueves, 24 de mayo de 2012

UNA VUELTA POR EL BARRIO

Viajar a veces es una forma de encontrarse a uno mismo, tiempo de reencuentros, deja vu’s, reconocerse en lugares y rostros de quienes te rodeen, te asistan o acogen.

Viajar, viejo impulso de todo ser humano, el deseo de conocer y descubrir otros lares, de estrechar vínculos o reforzar los existentes, andar, alimentarse de experiencias, comparar realidades, tomarse el tiempo para ver la propia desde otra perspectiva, la de la distancia.

Viajar, por el simple hecho de hacerlo, como pausa de la rutina diaria, como recompensa de un largo período laboral sin tregua ni descanso, porque era una tarea pendiente, por ser un rito de viaje elegido tantas veces postergado.

Por estos días, mi madre, mi hermana y yo hemos buscado el Sur y lo hemos encontrado en pleno otoño con clima benigno, tibio y engañador en un principio, que se tornó frío y casi polar hacía las últimas jornadas de nuestro periplo.

Dice Rafo León que no es lo mismo ser un turista que ser un viajero, creo que la segunda categoría es la que mas se ajusta a nuestra última experiencia, la de vivir por dentro la ciudad o el lugar que se visita, experimentar su cotidianidad, encontrar que el lugar en donde estamos se convierte en nuestro propio barrio y hogar, lo cual dicho de esa forma no es simple floro o líneas que se disparen desde la añoranza.

Cuando a veces digo que los planetas parecen alinearse a favor de uno, muchas veces es así, tal cual. Me otorgaron vacaciones y pusimos  a andar las cosas, refrescamos un viejo proyecto con mi hermana y pactamos que saldríamos a dar una vuelta con Mamá, por ahí, como quien no quiere la cosa, una vuelta singular a la manzana, pero una vuelta que implique tomar un avión de largo recorrido –o dos-, enfundar los pasaportes, abrigos y chalinas y cambiar de aires, dándole un nuevo significado al mes de mayo.

Con creces, esos aires han sido positivos, nos permitieron además llevar de paseo una presencia constante en nosotros, con sus paralelismos, descubriendo contemporaneidad de lugares propios y ajenos y dejando fluir los recuerdos que nos permitieron ver nuestro otrora barrio del Jirón General Prado en Huánuco, reflejado en puertas, ventanas, rejas y fachadas por doquier que miráramos, encontrar que las baldosas de un teatro cerca del Abasto, hecho en una vieja casona de las años '20 ó '30 tenían idéntico patrón a las que teníamos en los pisos de nuestra vieja sala y comedor.

También, hemos compartido el mejor café y facturas en "Las Violetas" –un lugar emblemático y de hermosa arquitectura como detenido en el tiempo-, una confitería y cafetería que reúne todas las características que hubieran despertado el gusto, entusiasmo y satisfacción de nuestro querido Luchín, con una atmósfera que nos resultó absolutamente familiar, tan así que llegamos una tarde como guiados por él mismo hasta esa concurrida esquina de Rivadavia con Medrano y nos sentamos a una mesa que parecía estarnos esperando –para cuatro siendo tres-; así, conversando largamente o contemplando el trajinar de la calle tras los ventanales, plácidamente disfrutamos unas horas tan especiales que por si solas, es como si ya ese solo momento y sensaciones hubieran valido todo el viaje y el hecho de ir hasta allá.

Que si la situación del país no es la misma de otras visitas, ese es otro tema. Aún así, está; aún asi grabamos en nuestras retinas y en nuestro disco duro de la memoria estos nuevos recuerdos en tempo de 2 x 4, con la familia gaucha, con los amigos, en medio de días de pizzas caseras, bondiola, facturas, mantecol y tango, dando una vuelta por el barrio, dando una vuelta en mayo por la entrañable ciudad de la furia.

  

miércoles, 25 de enero de 2012

MAMETALENDA!!

Que bacán eso de tener el rol de ser el pilas o la pilas de la mancha, todos esperan que seas el del último chiste, tener siempre una ocurrencia, ser quien ponga las chapas mas bravas, y claro, quien se ría a carcajadas contagiando risa a todos los demás.

Siempre habrá algo de que reir con quien es dínamo incansable y elemento imprescindible en cualquier reunión que se jacte de divertida y auténtica, sin darnos cuenta, hemos internalizado que estos queridos seres cercanos son como alimento de vida y fuente permanente de optimismo para quienes los rodeamos.
Definitivamente hay gente con una energía que parece inagotable, gente que parece detenerse solo cuando hay que tomar algún respiro antes de seguir corriendo, antes de subir mas alto, antes de soltar la carcajada mas estruendosa y vacilonera, riendo de si misma y hasta de lo mas absurdo y cotidiano.
Teniendo toda esa calle de energía, siendo así de indoblegable, ¿acaso ahora vas a dejar de sonreir? ¿vas a dejar que este upps por mas serio que sea te corte la corriente?

¡No pues mametalenda, premeta lenda de mi corazón!, la cara seria no te va, no hace juego contigo. Has de saber que aún tienes que soltar mas de un billón de carcajadas para que eso suceda, aún tienes que seguir inspirando la saludable risa de quienes te queremos tanto, así que cuéntame otro chiste o si quieres, ponme una nueva chapa, pero ríe como solo tú sabes hacerlo.

Dale, por favor ...

lunes, 2 de enero de 2012

25 de Diciembre (Niña Manuelita, que te puedo dar?...)

Por universales obvias razones el mes de diciembre es un tiempo muy particular, propicio para que afloren nuestros mejores sentimientos y hasta reconciliarnos de alguna forma con los demás y hasta con nosotros mismos.

Es tiempo de navidad, en que evocamos el nacimiento del Niño Dios, y para mi familia es doblemente especial, no es “solo” la navidad, que ya de por sí tiene toda una magia, si no también el onomástico de nuestro ser más querido, el cumpleaños de mamá es precisamente … el día de navidad!.

Estar frente a mamá probablemente sea una forma de ser niño siempre, buscar su regazo aunque sea a través de una señal telefónica, aunque medien ochocientos y tantos kilómetros de distancia física, tomar conciencia que tu presencia y existencia en esta vida es por ella, y que siempre –aunque no necesariamente-, ella creerá que aún debe guiar tus pasos, aunque pintes canas y hasta hijos o nietos tengas.

Mamá especial, única, irrepetible, que no solo ha sido mamá, ha sido y es columna fuerte de una familia en todo tiempo y circunstancia.

En el año 1930 sucedieron muchas cosas, y muchas cosas hicieron su aparición, es el año en el salió al mercado la cinta adhesiva más conocida como Scotch Tape o Cinta Scotch, es el año en que se descubre y bautiza oficialmente al planeta Plutón, es el año del Primer Mundial de Fútbol, del estreno de la película “El Ángel Azul” donde debuta Marlene Dietrich, es el año que la Real Academia Española de la Lengua aprueba el uso femenino en los sustantivos que indiquen cargos y profesiones, es el año de nacimiento de grandes actores como Steve McQueen, Gene Hackman, Clint Eastwood o Sean Connery, personajes históricos como el astronauta Neil Amstrong, y es también el año en que nació mamá…un 25 de Diciembre, mientras en todo el mundo todos se deseaban Feliz Navidad, en una ciudad pequeña y hermosa como un pedacito de paraíso a orillas del río Huallaga, ahí nacía la mayor de los hijos de un riojano llamado Justo y una bellavistina llamada Rosa, la primera de cinco hijos de los López-Cárdenas.

La imagino siendo pequeña, dando sus primeros pasos, rosada y con el pelo finito y claro, con el temple y carácter que ya se asomarían en ella, la bautizaron Olga Manuela.

Cuenta Olguita Manuela / Olga Manuelita, cuenta mamá de una niñez y juventud fresca y espontánea como la propia selva, pero severa y rigurosa en su educación y sus valores, me cuenta de sus maestras de escuela, de como desde pequeña ayudaba en la tienda de mi abuelo -o Papá Justo-, de como con mi abuela -o Mamá Rosa-, en sus vacaciones del colegio confeccionaban ropas con las que de tiempo en tiempo en tiempo salían siguiendo el curso del río a poblaciones vecinas en pequeños raids de trueque solidario con quienes lo necesitaran, intercambiando prendas por víveres o animales de corral. Cuenta también como la abuela tenía mil ahijados a quienes agasajaba con tantas cosas de la tienda, en retribución cuando le venían trayendo carne de monte u otros antojos suyos por los que el abuelo –más tradicional y conservador- discrepaba y renegaba.

Cuenta mamá que en esos tiempos la educación más allá de la primaria no era un asunto de todos, no era usual que las familias se esforzaran para que sus hijos hicieran la secundaria y menos aún los estudios superiores, los colegios de mayor graduación estaban en ciudades más grandes o lejanas, que cuando llegó el momento, mis abuelos prepararon un viaje especial para llevarla a Tarapoto a terminar sus estudios, y que aquí o allá, en cada lugar la familia extendida, tíos y tías y los respectivos primos y primas, hicieron leve el salir de aquel pequeño paraíso de la Región San Martín para estudiar lejos de casa. Después, emigró a Lima, y que tiempo después por una afección respiratoria terminó afincándose en Huánuco, con su benigno clima seco y templado, y que a sus 21 años un hombre noble la desposó llamándola de ahí en adelante “mi niña” y con quien formó su propia familia.

Se de todos sus avatares para sacar adelante esta familia, se de su empeño por darnos siempre lo mejor aún en las situaciones más difíciles. Puedo renegar de algunas cosas con ella, discrepar en algunos puntos de vista, pero son más, muchísimas más las cosas que me unen con ella, que me hacen quererla y admirarla, de su mano, con ella empecé de muy pequeño en eso de tener oficio para los viajes y ser una especie de nómada en mi propio Perú, la acompañé en innumerables viajes de cortos y largos trayectos, por costa, sierra y selva, yendo a visitar a papá cuando anduvo trabajando lejos o en periplos urbanos en las vacaciones de verano acompañándola en interminables trámites que debía hacer en el Ministerio de Educación o el antiguo Banco Central Hipotecario.

De su carácter debo destacar su temple y perseverancia que ya quisiera para mí en esa medida, es una leona cuando de los suyos se trata, pero tiene a la vez un gran corazón de mantequilla, proclive a la sensibilidad más pura. Quien la viera, recuerdo de pequeños mis sobrinos y yo debíamos respetar su siesta o su –a veces- mal genio que contrastaba con su paciencia infinita viéndola en su Jardín de Infantes de la que fue Profesora y Directora sus otros “crios” eran su debilidad y vivía con pasión su rol de guía y maestra. A propósito, deben ser muchos los antiguos alumnos suyos que deben tener algún momento suyo grabado en la memoria como parte de su infancia en aquel kínder, yo tuve a esa maestra en casa, así que “el momento” ha sido y es un presente constante.

Voy con mucho entusiasmo al encuentro de este 25 de Diciembre, pienso en lo que se le puede dar, que para el caso y parafraseando el villancico aquel no serán: “…rosas y claveles para deshojar…” Cuento los días para que los kilómetros que nos separen sean cero, para que el abrazo no sea imaginario, para que el “hijito de mi alma” que siempre me dice no sea decodificado y recodificado por una señal digital telefónica, sino sea una vibración de la garganta en directo, cerquita, a pocos centímetros de mis oídos. La quiero feliz y contenta, hermosa y enérgica, terca en la medida justa y orgullosa de sus hijos y nietos, como nosotros de ella.
Diciembre 25 del 2011, atardecer en el Océano Pacífico, viéndolo con Olguita y Koko














viernes, 19 de agosto de 2011

Tobías Hemingway

Como han pasado los años. Llegaste a casa con una muy mala reputación, de nada te valía el pedigree ni lo mucho que costaste cuando cachorro, tu aversión a otros perros, el odio declarado que le tenías a las escobas aunque estuvieran quietas y el ataque a tu amita te habían convertido en un paria, y como última oportunidad de reivindicarte aparecías en casa traído por tía Choly con todas tus chivas y enseres. Aún así viniste panudo, con esa planta de chato bacancito y bravucón, entraste como quien pasea en sus propios dominios, como toro bravo que entra en el ruedo resoplando y gruñendo, haciendo que todos se pongan a buen recaudo, así, dejaste entrever el gesto que te caracterizaría por siempre, mandíbula hacia un lado, dejando ver los dientes y la punta de la lengua y el ceño como fruncido.

Yo bajé las escaleras y me senté en el primer escalón viéndote llegar, no sé qué o a quien buscabas reconocer o encontrar, todo era expectativa a tu alrededor, todos celebraban tu llegada y parecías ser consciente de ello, parecía que disfrutabas ser el centro de atención desde el arranque. Te detuviste en medio del comedor, oteaste tu panorama y miraste fijamente hacia mí cuando palmoteé dando dos golpes suaves en la madera del peldaño donde me había sentado, invitándote a venir, accediste, fue instintivo o era quizá la señal que esperabas, no lo pensaste dos veces, reanudaste tu trote, tu paso panudo y viniste a sentarte y recostarte a mi diestra, acerqué el dorso de mi mano a tu hocico, olfateaste y te dejaste acariciar increíblemente ante el asombro de todos.

Ese día me adoptaste como amo y de ahí en más tomaste tu chamba muy en serio, dejabas tu mullida cama molinera con la que te trajeron y preferías quedarte a dormir sobre el parquet en el umbral de mi cuarto, velando mi sueño, y ay del que quisiera entrar, solo dejabas pasar a mamá o papá con un leve gruñido de puro protocolo, y si tal vez tosía o estornudaba o daba cualquier signo que interrumpiera mi sueño, corrías y parado posando tus patas delanteras en el borde de mi cama casi preguntabas que era lo que tenía o que me pasaba, y solo te quedabas tranquilo y te ibas a dormir si te decía ¡No pasa nada Bicho!, y te pasaba la mano por la cabeza.
 
Recuerdo que renegué de tu nombre, por común, por convencional y por previsible en el nombre de un perro. Te llamé “Waype con patas” por tu color crudo moteado y lo rebelde de tu estambre, te llamé “Bicho” como un apodo cómplice de amigos y por tu docilidad conmigo, y te llamé Tobías Hemingway, rescatando y variando tu nombre original y apellidándote como el gran escritor de “Por quién doblan las campanas” y “El Viejo y el Mar”, por la estampa parecida, como la de un viejo marinero barbado, unas veces bonachón y otras irascible, con la mandíbula descuadrada hacia un lado, y es que solo te faltaba la pipa encendida y el merlín recién pescado como decía papá.


Faltoso y buscapleitos, había que verte cuando salías al parque ladrando y haciendo bronca hasta a los perros más grandes. Difícil contener tus fuerzas y tus bríos pequeño shih tzu con complejo de pitbull endemoniado, si se te acercaba otro can atacabas cual centellante áspid como suspendiéndote en el aire y mordías el vientre o la cintura de tu oponente, rápido, veloz y hacías el quite de inmediato dejando aullando de dolor al otro. Y pobre del que osara acercarse a tu inseparable compañera Mona -nuestra otra shih tzu-, la bronca era mayúscula y a todo ladrar.

Solo bajabas tu adrenalina y tus ímpetus cuando de tiempo en tiempo de vuelta de la veterinaria y ante la imposibilidad de desenredar las motas de tu pelo, como último recurso y luego de casi anestesiarte para que no mordieras a los empleados, volvías a casa con el pelaje cortito casi rapado, para tu vergüenza o pudor, o acaso -cual Sansón despojado de su cabellera-, te sentías un inseguro animalejo, a tal punto que entrabas en casa caminando pegado a las paredes con la cabeza baja, y cuando mamá te decía “Pobrecito mí Tobito”, faltaba solo que te sonrojaras.

Pienso en lo letal del tiempo y en la involución de la que somos materia, como tú, en que cesaron tus bríos, y que en los últimos tiempos, cada vez que volvía a casa por poco ya no me reconocías, si por la sordera, si por una especie de alzheimer que se apoderaron de ti. Ya solo contadas veces te volviste a dejar acariciar los lados de la mandíbula debajo de las orejas, como antes en que te quedabas como dopado y ronroneando cual gato, con las patas arriba en señal de sumisión canina, mientras te engreía haciéndote pucheros diciéndote ¡ese bichito renegón!.

Cuesta hacerme a la idea que cuando vuelva a casa de Los Tulipanes ya no escucharé en las noches tus aullidos de lobito impenitente, ni podré retarte por tu mal carácter y tus indomables motas; ya estabas mal, lo sé, ya querías buscar broncas en un cielo perruno, así las cosas, no queda más que decirte adiós pequeño compañero, escudero de polendas.
.

lunes, 27 de junio de 2011

DE EL PRAT A BERTAMIRANS

He andado, y he andado mucho si debo precisar, lo sé al ver estos pies cansados que juegan con el agua calma apenas ondulante de la playa de Esteiro, aquí donde el Rio Maior se une con el mar; lo sé, al ver la palidez de mi piel y mis pecas claras a través del agua transparente que me acaricia, que cubre mis tobillos, se retira y vuelve y así me da calma.
He andado mucho, me lo dice este terco corazón que no se anda con miramientos ni medidas, porque sólo conoce la medida de darse entero y sin condiciones, aunque eso signifique muchas veces estampar mi rostro contra alguna pared o puerta que se cierre; y es que darlo todo no necesariamente implica tenerlo todo; es que mucho también es poco, -lo que también me lo dice el corazón-, porque aún ahora, aún con lo andado, aún así sigue dándole a la ilusión y a la lágrima, y al amor y al desamor, con lo que ello implique, y con el resultado que arroje la apuesta de jugárselo todo.
He andado mucho, lo saben mis ojos que lo han visto todo o casi todo y aun así quisieran ver más, más vida, más amaneceres, más atardeceres, más sonrisas francas y espontáneas, ver mucho más, más allá, allende los mares más allá de Finisterre y su horizonte de mar como una prolongación de mis propias pupilas.
Es mucho lo recorrido, son muchas las canciones que hice mías al ponerle mi voz y mi emoción, y han sido y son mi música y mi bandera.
Desde las tierras del delta del Llobregat, mis pasos se han sucedido junto a los de otros que me han dado en igual medida alegrías y tristezas, alientos de vida ó lecciones que asimilar, sin proponérmelo siquiera plasmé en mis experiencias el más completo manual del como andar las sendas de la existencia, aprendiendo insaciablemente de cada caudal de conocimiento que me fuera propicio.
He andado mucho, he andado tras los pasos de un hijo al que no quise lejano, pensando acompañar sus sueños, para no dejar de ser parte de su día a día o sus entre días o sus fines de semana, queriendo que fuéramos cómplices de andares y periplos distantes e impensados, prolongando la idea de ser tahitianos en un cuadro de Gauguin.
Mis pies siguen jugando en el agua transparente, en su poca profundidad donde busco berberechos y también busco quietud, vuelvo a ver el horizonte y me pregunto cuanto más y por donde he de andar, cuanto más han de ver estos ojos de mar y si he de instalarme un día otra vez de cara al Mediterráneo. Cual apóstol siento que he hecho mi propio Camino de Santiago, adoquinando mi propia ruta, piedra a piedra, uniendo El Prat a Bertamirans.

viernes, 25 de febrero de 2011

50,000 Sebastianes

A mediados de los ’90 cuando con mi entonces enamorada ensayábamos y planeábamos como sería una vida juntos, esbozábamos también los posibles nombres de nuestros críos por venir.

Recuerdo que para un eventual primogénito era recurrente pensar en el nombre de aquel santo que llegó a ser capitán de la primera corte de la guardia pretoriana, aquel que siendo cristiano desafió a un emperador romano quien lo conminó a escoger entre la milicia o seguir a Cristo, y siendo que escogió lo segundo, el emperador encolerizado lo condenó a morir asaetado, es decir, bajo una lluvia de flechas estando atado a un poste de madera.

Sebastián, el santo mártir al que se representa con flechas incrustadas en su cuerpo, Sebastián, el nombre de origen griego que según dicen proviene de la palabra Sebastéuo, y de Sebázo que significa reverenciar ú honrar, el equivalente al vocablo latin Augusto en tiempo de los romanos. Nada mal –pensé alguna vez-, un nombre con historia y hasta con significado de admiración per se.

Hasta esos años de los que hablo tenía como únicos referentes contemporáneos o cercanos conocidos con aquel nombre, el que se tratara del segundo –nombre pocas veces utilizado- de unos de mis mejores amigos con quien estudiamos en el colegio, el comienzo de la universidad y compartimos el mismo oficio de las comunicaciones y la producción audio-publicitaria; el otro referente es que también es el segundo nombre del suegro de mi hermano, que en su caso, siendo una persona mayor respondía a la antigua costumbre de ver primero el calendario santoral antes de poner nombre a los niños, o ¿de donde creen que viene eso de referirse al día del cumpleaños como el “día de tu santo”?, o en forma simplificada “tu santo” que por estos lares es igual a decir: “tu cumpleaños”.

Hasta ahí el nombre resultaba caleta, poco usual, singular y original, así que por ahí la posibilidad de echar mano del nombrecito de marras era muy alta y casi excluyente, salvo la combinación que siempre he sostenido: el otro nombre que armonice debe ser elección de la madre. Dicho esto, mi futuro primer hijo varón ya tenía nombre y apellido.

Pero, algo pasó en los siguientes años, se alinearon o realinearon los planetas, cayó un cometa en este hemisferio o que se yo, solo se me ocurre un evento, y es que en una vieja película de los ochentas “The Never Ending Story” (“La Historia Sin Fin”) Bastian ó Sebastián en castellano, era el nombre del niño personaje principal que debía salvar el mundo fantasía con solo creer en sus sueños, leyendo un libro a oscuras en el desván de su casa y volando en un gran perro–dragón al final del film, ¿será esa la razón de la masificación y que por eso quedó el nombre en el inconsciente colectivo?. Así, quienes crecieron hasta la edad de procrear ¿sublimaron el nombre o algo por el estilo?; y es que el asunto de poner ese nombre se empezó a dar de modo recurrente y compulsivo por cuanto lugar estuve o he pasado, nunca imaginé la sostenida y hasta hoy inacabable tendencia de tantas personas que optaron y optan por poner el mismo nombre a sus vástagos, algo que se repite, y se repite, y se repite… aquí o allá, indistintamente; he tenido que ser testigo de esta multiplicada asignación / denominación = sebastianización, así, en los hogares de amigos, familiares, compañeros de trabajo y mas, los Sebastianes han brotado profusa y literalmente a mi alrededor y hasta donde alcance la vista, como alguna vez pensé que sucedía lo mismo (bueno, lo mismo si, pero en menor escala y proporción) con otros nombres como los de Rodrigos, Diegos y Camilas (a propósito, Camila encabeza este ranking en el caso de las niñas).

¿Cómo es posible tanta coincidencia, tanto consenso? ¿tanta sincronizada inspiración colectiva? ¿sintonizados todos en la misma exacta frecuencia?

Es obvio que no hubo ningún acuerdo previo, ni lobby, ni la recurrente y simultánea iluminación sebastiánica de muchos padres responde a alguna influencia masiva del tipo: deportista o artista famoso que sin proponérselo impone aquella influencia –y nombre- a toda una generación, así que por ahí no va la cosa.

Estoy seguro que para cada padre o madre su respectivo Sebastián es único, irremplazable é irrepetible en todo el mundo, aunque seguramente cuando estén en el nido, el colegio, la calle, el cine, la playa o cualquier lugar público y concurrido y alguien los llame por su nombre de pila, volteen y respondan al llamado varios muchos tocayos suyos, formando todo un Sebastian’s Team del lugar y ocasión.

Al tiempo me he ido acostumbrando a que de cuando en cuando, con relativa frecuencia, alguien con nuevo hijo llegado o por llegar me diga que lo llamarán Sebastián, -mi nuevo sobrino, el engreído de mi ahijada querida ya fue etiquetado así y no hubo nada que lo evitara-; así los vemos crecer, a otros les he perdido el rastro. Cada uno va siendo personalizado en su respectivo entorno con cariñosos Sebas o Chebas, y aunque parezcan una estadística, hay que ir asociando su nombre a sus respectivos apellidos, para diferenciarlos, para singularizarlos pues!, así están, viniendo y andando por ahí, creciendo, desarrollando su singularidad.

¡Poblad el mundo Sebastianes!, y es que seguirán surgiendo aquí y allá, como la última vez en que la voz engolada, pausada, carente de toda emoción y flemática de un tipo con lentes y laptop en las rodillas sin apenas moverse de su asiento en la sala de espera del aeropuerto me lo ha confirmado: Sebastián, no corras por favor que te puedes caer”. Caray, si que están por todos lados, veamos pues al pequeñín… ahí va, dos años promedio, con carrito rojo de plástico en las manos: Sebastián Nº 50,001 se incorpora oficialmente a la lista.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

DECISIONES


Ejercicio elemental de la vida, desde siempre, desde que estamos en este mundo, para bien o para mal, para optar por tal o cual camino, tomamos decisiones a cada paso, a cada momento, y es que aun el permanecer inmóvil es una decisión. Consciente o inconscientemente optamos por algo, por alguien, asumimos riesgos o los eludimos, nos esforzamos mas, peleamos, hacemos la lucha o dejamos que todo se caiga y se derrumbe a nuestro alrededor.
Decisiones, aquellos momentos de barajar nuestras cartas, de sopesar las circunstancias o las consecuencias, invertir o no, apostar o no, hacer u omitir, opinar o callar, obedecer a los impulsos o ser racional a ultranza, ser decente o pasarse la ética por las glándulas.
Decidir, optar, descartar, asumir… cuantas infinitas formas toma ese DECIDIR ¿Cuánto cambia alrededor nuestro? ¿Qué consecuencias esperar? ¿Qué frutos esperar? ¿cambiaré el curso de la historia? ¿cambiaré el curso de mi propia historia? Nada está dicho, no hay garantía de nada, no hay nada que te asegure que las cosas saldrán como las piensas o las planeaste, solo podrás tener la convicción que tomaste decisiones, tus decisiones, que nadie decidió por ti, escuché alguna vez a alguien decir que muchas cosas suceden porque nosotros decidimos que sucedan, o siendo mas precisos: dejamos que sucedan. No protestamos ni impugnamos, dejamos ser, y eso también es expresión de voluntad, así, la real lectura será que no te han maltratado, sino que dejaste que te maltrataran, que no te engañaron, sino que dejaste que te engañaran. Ojalá esa lógica se aplicara también a lo positivo, terminaríamos convenciéndonos que no te amaron, sino dejaste o permitiste que te amaran, que no te dieron oportunidades, sino te las diste tu mismo, decidiste que así fuera, así y mil ejemplos.
Decisiones, ¿ejercicio racional o instinto?, la acción o la inacción, igual algo se modifica, todo es dinámico, algo cambia, algo muta, crece o se extingue, nada permanece igual ni estático.
He decidido ser mas consciente de mis actos –léase: decisiones-, el instinto no siempre me ha dado buenos réditos, parece que las evaluaciones son una constante en mí y me cuesta, vaya que me cuesta, sobre todo porque soy proclive a revisar lo hecho y lo dicho y sustraerme a veces a los arrepentimientos, no debería, lo sé, pero suele ser una decisión crónica, arrepentirme, pesarme, porque a veces son mucho mas notorios los yerros y eclipsan lo mucho o poco que se haya andado bien –que ya es un camino largo y logro en si mismo-, aunque, superar tormentas también me ha hecho conocer la calma que las precede y les sucede, y si algo he aprendido es que cada revés es una lección de esas con golpe y todo y le toca a uno aprenderla o ignorarla, y decido lo primero.
Decisiones a fin de cuentas, asunto de cada uno, triunfo de cada quien.

YA TE EXTRAÑO

Pareciera que no hay nadie, ni una sola persona en mi entorno que pudiera terminar de entender la dimensión de este particular univ...