jueves, 24 de mayo de 2012
UNA VUELTA POR EL BARRIO
miércoles, 25 de enero de 2012
MAMETALENDA!!
Que bacán eso de tener el rol de ser el pilas o la pilas de la mancha, todos esperan que seas el del último chiste, tener siempre una ocurrencia, ser quien ponga las chapas mas bravas, y claro, quien se ría a carcajadas contagiando risa a todos los demás.Siempre habrá algo de que reir con quien es dínamo incansable y elemento imprescindible en cualquier reunión que se jacte de divertida y auténtica, sin darnos cuenta, hemos internalizado que estos queridos seres cercanos son como alimento de vida y fuente permanente de optimismo para quienes los rodeamos.
¡No pues mametalenda, premeta lenda de mi corazón!, la cara seria no te va, no hace juego contigo. Has de saber que aún tienes que soltar mas de un billón de carcajadas para que eso suceda, aún tienes que seguir inspirando la saludable risa de quienes te queremos tanto, así que cuéntame otro chiste o si quieres, ponme una nueva chapa, pero ríe como solo tú sabes hacerlo.
Dale, por favor ...
lunes, 2 de enero de 2012
25 de Diciembre (Niña Manuelita, que te puedo dar?...)
| Diciembre 25 del 2011, atardecer en el Océano Pacífico, viéndolo con Olguita y Koko |
viernes, 19 de agosto de 2011
Tobías Hemingway
Como han pasado los años. Llegaste a casa con una muy mala reputación, de nada te valía el pedigree ni lo mucho que costaste cuando cachorro, tu aversión a otros perros, el odio declarado que le tenías a las escobas aunque estuvieran quietas y el ataque a tu amita te habían convertido en un paria, y como última oportunidad de reivindicarte aparecías en casa traído por tía Choly con todas tus chivas y enseres. Aún así viniste panudo, con esa planta de chato bacancito y bravucón, entraste como quien pasea en sus propios dominios, como toro bravo que entra en el ruedo resoplando y gruñendo, haciendo que todos se pongan a buen recaudo, así, dejaste entrever el gesto que te caracterizaría por siempre, mandíbula hacia un lado, dejando ver los dientes y la punta de la lengua y el ceño como fruncido.Pienso en lo letal del tiempo y en la involución de la que somos materia, como tú, en que cesaron tus bríos, y que en los últimos tiempos, cada vez que volvía a casa por poco ya no me reconocías, si por la sordera, si por una especie de alzheimer que se apoderaron de ti. Ya solo contadas veces te volviste a dejar acariciar los lados de la mandíbula debajo de las orejas, como antes en que te quedabas como dopado y ronroneando cual gato, con las patas arriba en señal de sumisión canina, mientras te engreía haciéndote pucheros diciéndote ¡ese bichito renegón!.

lunes, 27 de junio de 2011
DE EL PRAT A BERTAMIRANS
He andado, y he andado mucho si debo precisar, lo sé al ver estos pies cansados que juegan con el agua calma apenas ondulante de la playa de Esteiro, aquí donde el Rio Maior se une con el mar; lo sé, al ver la palidez de mi piel y mis pecas claras a través del agua transparente que me acaricia, que cubre mis tobillos, se retira y vuelve y así me da calma.viernes, 25 de febrero de 2011
50,000 Sebastianes
Recuerdo que para un eventual primogénito era recurrente pensar en el nombre de aquel santo que llegó a ser capitán de la primera corte de la guardia pretoriana, aquel que siendo cristiano desafió a un emperador romano quien lo conminó a escoger entre la milicia o seguir a Cristo, y siendo que escogió lo segundo, el emperador encolerizado lo condenó a morir asaetado, es decir, bajo una lluvia de flechas estando atado a un poste de madera.
Sebastián, el santo mártir al que se representa con flechas incrustadas en su cuerpo, Sebastián, el nombre de origen griego que según dicen proviene de la palabra Sebastéuo, y de Sebázo que significa reverenciar ú honrar, el equivalente al vocablo latin Augusto en tiempo de los romanos. Nada mal –pensé alguna vez-, un nombre con historia y hasta con significado de admiración per se.
Hasta esos años de los que hablo tenía como únicos referentes contemporáneos o cercanos conocidos con aquel nombre, el que se tratara del segundo –nombre pocas veces utilizado- de unos de mis mejores amigos con quien estudiamos en el colegio, el comienzo de la universidad y compartimos el mismo oficio de las comunicaciones y la producción audio-publicitaria; el otro referente es que también es el segundo nombre del suegro de mi hermano, que en su caso, siendo una persona mayor respondía a la antigua costumbre de ver primero el calendario santoral antes de poner nombre a los niños, o ¿de donde creen que viene eso de referirse al día del cumpleaños como el “día de tu santo”?, o en forma simplificada “tu santo” que por estos lares es igual a decir: “tu cumpleaños”.
Hasta ahí el nombre resultaba caleta, poco usual, singular y original, así que por ahí la posibilidad de echar mano del nombrecito de marras era muy alta y casi excluyente, salvo la combinación que siempre he sostenido: el otro nombre que armonice debe ser elección de la madre. Dicho esto, mi futuro primer hijo varón ya tenía nombre y apellido.
Pero, algo pasó en los siguientes años, se alinearon o realinearon los planetas, cayó un cometa en este hemisferio o que se yo, solo se me ocurre un evento, y es que en una vieja película de los ochentas “The Never Ending Story” (“La Historia Sin Fin”) Bastian ó Sebastián en castellano, era el nombre del niño personaje principal que debía salvar el mundo fantasía con solo creer en sus sueños, leyendo un libro a oscuras en el desván de su casa y volando en un gran perro–dragón al final del film, ¿será esa la razón de la masificación y que por eso quedó el nombre en el inconsciente colectivo?. Así, quienes crecieron hasta la edad de procrear ¿sublimaron el nombre o algo por el estilo?; y es que el asunto de poner ese nombre se empezó a dar de modo recurrente y compulsivo por cuanto lugar estuve o he pasado, nunca imaginé la sostenida y hasta hoy inacabable tendencia de tantas personas que optaron y optan por poner el mismo nombre a sus vástagos, algo que se repite, y se repite, y se repite… aquí o allá, indistintamente; he tenido que ser testigo de esta multiplicada asignación / denominación = sebastianización, así, en los hogares de amigos, familiares, compañeros de trabajo y mas, los Sebastianes han brotado profusa y literalmente a mi alrededor y hasta donde alcance la vista, como alguna vez pensé que sucedía lo mismo (bueno, lo mismo si, pero en menor escala y proporción) con otros nombres como los de Rodrigos, Diegos y Camilas (a propósito, Camila encabeza este ranking en el caso de las niñas).
¿Cómo es posible tanta coincidencia, tanto consenso? ¿tanta sincronizada inspiración colectiva? ¿sintonizados todos en la misma exacta frecuencia?
Es obvio que no hubo ningún acuerdo previo, ni lobby, ni la recurrente y simultánea iluminación sebastiánica de muchos padres responde a alguna influencia masiva del tipo: deportista o artista famoso que sin proponérselo impone aquella influencia –y nombre- a toda una generación, así que por ahí no va la cosa.
Estoy seguro que para cada padre o madre su respectivo Sebastián es único, irremplazable é irrepetible en todo el mundo, aunque seguramente cuando estén en el nido, el colegio, la calle, el cine, la playa o cualquier lugar público y concurrido y alguien los llame por su nombre de pila, volteen y respondan al llamado varios muchos tocayos suyos, formando todo un Sebastian’s Team del lugar y ocasión.
Al tiempo me he ido acostumbrando a que de cuando en cuando, con relativa frecuencia, alguien con nuevo hijo llegado o por llegar me diga que lo llamarán Sebastián, -mi nuevo sobrino, el engreído de mi ahijada querida ya fue etiquetado así y no hubo nada que lo evitara-; así los vemos crecer, a otros les he perdido el rastro. Cada uno va siendo personalizado en su respectivo entorno con cariñosos Sebas o Chebas, y aunque parezcan una estadística, hay que ir asociando su nombre a sus respectivos apellidos, para diferenciarlos, para singularizarlos pues!, así están, viniendo y andando por ahí, creciendo, desarrollando su singularidad.
¡Poblad el mundo Sebastianes!, y es que seguirán surgiendo aquí y allá, como la última vez en que la voz engolada, pausada, carente de toda emoción y flemática de un tipo con lentes y laptop en las rodillas sin apenas moverse de su asiento en la sala de espera del aeropuerto me lo ha confirmado: “Sebastián, no corras por favor que te puedes caer”. Caray, si que están por todos lados, veamos pues al pequeñín… ahí va, dos años promedio, con carrito rojo de plástico en las manos: Sebastián Nº 50,001 se incorpora oficialmente a la lista.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
DECISIONES
Decisiones, aquellos momentos de barajar nuestras cartas, de sopesar las circunstancias o las consecuencias, invertir o no, apostar o no, hacer u omitir, opinar o callar, obedecer a los impulsos o ser racional a ultranza, ser decente o pasarse la ética por las glándulas.
Decidir, optar, descartar, asumir… cuantas infinitas formas toma ese DECIDIR ¿Cuánto cambia alrededor nuestro? ¿Qué consecuencias esperar? ¿Qué frutos esperar? ¿cambiaré el curso de la historia? ¿cambiaré el curso de mi propia historia? Nada está dicho, no hay garantía de nada, no hay nada que te asegure que las cosas saldrán como las piensas o las planeaste, solo podrás tener la convicción que tomaste decisiones, tus decisiones, que nadie decidió por ti, escuché alguna vez a alguien decir que muchas cosas suceden porque nosotros decidimos que sucedan, o siendo mas precisos: dejamos que sucedan. No protestamos ni impugnamos, dejamos ser, y eso también es expresión de voluntad, así, la real lectura será que no te han maltratado, sino que dejaste que te maltrataran, que no te engañaron, sino que dejaste que te engañaran. Ojalá esa lógica se aplicara también a lo positivo, terminaríamos convenciéndonos que no te amaron, sino dejaste o permitiste que te amaran, que no te dieron oportunidades, sino te las diste tu mismo, decidiste que así fuera, así y mil ejemplos.
Decisiones, ¿ejercicio racional o instinto?, la acción o la inacción, igual algo se modifica, todo es dinámico, algo cambia, algo muta, crece o se extingue, nada permanece igual ni estático.
He decidido ser mas consciente de mis actos –léase: decisiones-, el instinto no siempre me ha dado buenos réditos, parece que las evaluaciones son una constante en mí y me cuesta, vaya que me cuesta, sobre todo porque soy proclive a revisar lo hecho y lo dicho y sustraerme a veces a los arrepentimientos, no debería, lo sé, pero suele ser una decisión crónica, arrepentirme, pesarme, porque a veces son mucho mas notorios los yerros y eclipsan lo mucho o poco que se haya andado bien –que ya es un camino largo y logro en si mismo-, aunque, superar tormentas también me ha hecho conocer la calma que las precede y les sucede, y si algo he aprendido es que cada revés es una lección de esas con golpe y todo y le toca a uno aprenderla o ignorarla, y decido lo primero.
Decisiones a fin de cuentas, asunto de cada uno, triunfo de cada quien.
YA TE EXTRAÑO
Pareciera que no hay nadie, ni una sola persona en mi entorno que pudiera terminar de entender la dimensión de este particular univ...
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