martes, 11 de mayo de 2010

UN CLASICO VIGENTE –QUIERO CREER-



He llegado a un punto en que creo ya en pocas cosas, desconfiado y apático hasta no más; así enfrento una nueva temporada de este reality que es mi vida, el nuevo ciclo de repitentes 365 días contados a partir de Mayo.
Tras de mi, las quimeras y promesas, lo mas querido y lo mas planeado; tras mis pasos, los caminos que se bifurcan y entrelazan o van paralelos a los de otra gente. Darse cuenta que muchas veces para llegar a un determinado punto, muchas veces no escogí ni el camino mas directo ni el mas lógico, si no, que me di un tremendo vueltón, hasta con vuelcos y vueltas de tonel y de campana incluidos, y es que me he ido de cara cuantas veces.
Si hago balance de cómo me siento y lo que veo en el reflejo del espejo, he de decir que soy consciente que no encuentro en mi un vehículo del año, tampoco uno de moda, ni tuneado ni repotenciado; siendo optimista, probablemente encajo mas en la descripción de un clásico vigente, ochentero o noventero, operativo, recio y rendidor, según como se viera. Eso veo, o eso quiero ver, y es que seguiré retando mis días y mis años, seguiré riendo cojudamente creyendo que un halago es una oportunidad, o que cada inicio de mis años es preludio y prolegómeno de nuevas cosas de las que me sentiré orgulloso y hasta feliz.
Contraviniendo mi instinto trotamundo he había dejado de viajar –metafórica y literalmente-, mis sueños hibernan, he esperado tercamente el chispazo detonante que simplemente no ha llegado, sin darme cuenta que era mas probable que el nervio expuesto en que me he convertido, sea lo que finalmente me lleve a confrontarme y contentarme a mi mismo, aun a costa de mi mismo, mudando dudas é inseguridades por certezas y convicciones, reinventandome, terminando de convencerme que como el vino o los carros, los años solo pueden ser la mejor etiqueta de mi cosecha o fabricación, que no he vivido en vano y que -aunque no vengan en copetín ni envueltas en celofán ó papel de regalo-, en verdad hay grandes y también simples razones para seguir sonriendo o volver a sonreír francamente.


(Happy birthday to me)

lunes, 21 de diciembre de 2009

Recuerdos de Navidad y de quienes hacen su magia (reflexiones de la pugna entre el Grinch y el Papá Noel que llevo en el interior)

En estos tiempos hay muchas costumbres y tradiciones de estas pascuas que casi todos damos por sentado: el árbol, el pavo, el panetón, el chocolate caliente, los cohetones, el Belén o pesebre (no es casualidad que ponga el pesebre en este orden, ya me entenderán), y el consumismo in tremens que hace que tengamos la “necesidad” imperiosa de regalar a diestra y siniestra; quienes hayan nacido en éstas últimas 2 o 3 décadas asumirán que las navidades han sido siempre así, lo cual no es tan exacto, al menos no por estos lares.
Las últimas dos décadas han sido de cambios muy acelerados en todos los aspectos de nuestras sociedades, cambios en la tecnología, política, información globalizada, etc, a lo que hay que agregar una economía nacional emergente y una elevación de la capacidad adquisitiva, todo ello explica cuando menos en parte, los cambios, la mutación o evolución –si se quiere- de nuestras costumbres, como las muchas cosas que hacemos y consumimos alrededor de la navidad.
Como a muchos, las navidades que mas me marcaron son aquellas las de la niñez, pese a no ser tiempos de bonanza, en casa el espíritu navideño se manifestaba de diversas formas y siempre despertaba nuestra expectativa e ilusiones, además del hecho que la navidad es como el colofón de un año escolar y que marca el inicio de nuestras vacaciones del “verano oficial”, lo cual ya es todo un regalo para los niños acá.
En mi casa la cercanía de la navidad lo marcaba la anticipación de al menos un par de semanas con que llegaban las encomiendas de mi Mamá Rosa –mi abuela materna-, que muy previsora ella desde Bellavista en San Martín nos mandaba a su emisario cada diciembre, un pavo criollo de corral en pié que hacía todo un viaje hasta llegar a Huánuco correctamente acondicionado, y al que debíamos terminar de criar por breve tiempo y engordar hasta el día que le tocaría convertirse en cena, ojo que todo eso fue hace apenas unos veintitantos años cuando no había la masificación del consumo del pavo de granja congelado y casi listo para hornear, y para todos los gustos y bolsillos. Así que concluyendo el tema del Sr. Pavo, su consumo no era masivo, y tenerlo en la mesa no respondía al llamado de la buena familia San Fernando, su periplo era otro.
Pero el emplumado no llegaba solo, en equipaje aparte mis abuelos nos mandaban todos los delicatessen posibles a los que siempre han estado acostumbradas las familias de la selva –o de la montaña como se suele decir-: quesos holandeses y suizos, sardinas portuguesas, mantequilla Pluma Roja, galletas y embutidos daneses, aparte de las delicias de propia factura de mi Mamá Osa o las mandadas a hacer por ella especialmente: cecinas, chorizos, bizcochuelos, ñutos, rosquitas, bocaditos de maíz, que en la noche buena alternarían con empanadas de pollo huanuqueñas de la Panadería Pinocchio hechas de suave masa de pan y espolvoreadas con azúcar en grano.
La parafernalia de la navidad también ha sufrido transformaciones, mientras para algunos el arbolito con luces es el tema y símbolo principal, aquí quiero rescatar el punto central de la simbología navideña de mi casa ya desde entonces. No me considero un tipo religioso ni practicante riguroso de tales preceptos, pero siempre he estado convencido que la navidad es el cumpleaños de Cristo, la celebración del nacimiento del niño Dios, y de mi mamá por supuesto pues ese es el otro gran acontecimiento familiar de nuestro 25 de Diciembre. Dicho esto, para nosotros el tema central o la representación principal lo constituía el Belén o nacimiento y cuando éramos niños o adolescentes nos esmerábamos en la puesta en escena rodeando el pesebre de todo un paisaje en miniatura hecho de cartón y papel kraft pintado, con grutas, cascadas, bosques y valles y casitas en los cerros, colocando luces en lugares estratégicos de modo que ver todo eso con la sala a oscuras era todo un espectáculo en el que tratábamos de emular nacimientos espectaculares mucho mas grandes como aquellos tradicionales de Huánuco, el de Chacón en casa de esa familia que le pone apellido a una de las cofradías de negritos mas arraigadas y típicas; o el de la Familia Tello, todo un derroche de buen gusto en el Jr. Dámaso Beraún donde podías ver todo el ciclo del día y la noche con efectos de sonido y todo; algo solo superado por otro nacimiento que conocíamos, elaboradísimo, que siempre nos dejaba boquiabiertos en la Clínica San Juan de Dios en Lima que visitábamos aprovechando de ir a colaborar con su ginkana o tómbola que armaban para recaudar fondos por esas fechas.
Hay sin embargo una navidad y uno de esos nacimientos que hicimos en casa que recuerdo de forma especial, fue uno de esos años en la antigua casa de General Prado, habíamos armado la representación sobre el tremendo escritorio que teníamos en el salón comedor, el paisaje montañoso que creamos, medido desde el piso tendría unos dos metros de alto y rebozaba en detalles, con las mismas figuras del misterio que aún conservamos, con brotes de trigo y cebada cual si fueran bosques o pastizales, y con musgo, bromelias y barbasco tan típicos de los nacimientos huanuqueños.
Esa vez como en todos esos años teníamos claro que los regalos –si los habían-, eran una cortesía del niño Jesusito, o que si llegaban después era cosa de los Reyes Magos y no asunto de un advenedizo llamado Papá Noel, ese era un tema de otras latitudes; el arreglo navideño de la casa lo completaba un arbolito de ramas plateadas que nos acompañó por muchos años austeros, cargado de clásicas bolas y campanas de frágil vidrio soplado, remanentes de mejores años.
Los regalos no se abrían como hoy en día cuando dan las 12 de la noche y las casas son un solo de critters haciendo funcionar y estrenado sus juguetes todos al mismo tiempo; se estilaba cenar temprano, cerca de la medianoche salíamos a la puerta de la casa a ver pasar los grupos de pastorcillos cantando villancicos o a las primeras cofradías de negritos de la temporada o familias enteras acompañadas de bandas de músicos yendo o viniendo de las misas de gallo cargando imágenes de niños Jesús unos mas bonitos que otros, y de ahí a dormir sin chistar.
Siendo así, el asunto de los regalos era algo que resolver al amanecer del 25, mis dos sobrinos Hugo y Kike -con quienes somos contemporáneos y son como mis hermanos menores-, y yo nos levantamos muy temprano esa mañana de navidad, antes que ningún adulto, en pijama nos dirigimos a la sala atravesando el gran patio medio mojado por la habitual lluvia de madrugada. Sin siquiera abrir la puerta avistamos por una rendija a nuestra altura lo que nos esperaba tras ella; nuestra silenciosa indagación se convirtió en una algarabía y en un alboroto extraordinario, la rendija dejaba ver un amplio panorama del salón, y ahí, al pie de nuestro hermoso nacimiento y en medio de unas cajas, el mas hermoso y alucinante de los regalos, una reluciente bicicleta Mister con detalles en rojo y blanco y muchas partes cromadas; casi nos bajamos la puerta ese día emocionados en nuestro afán por entrar todos a la vez a por la bici, que pese a tener un destinatario en particular fue como un regalo para los tres que disfrutamos por igual por muchísimo tiempo.
Aún cuando supe que esa bici fue un regalo de una Mamá Noela o niña jesusa eterna –mi tía Choly, madrina mía y hermana de mamá-, pese a ello no dejo de maravillarme con ese suceso y es que nunca supimos como hizo mi gente (mamá, papá, hermanos y mi nana Elvirín), no sé como lograron la magia para que esos niños curiosos de entonces no nos diéramos cuenta hasta esa madrugada de toda la operación navideña que se armó esa vez.
Con ese ejemplo comprendo la importancia de crear magia para los niños en estas fechas, lo sé y recuerdo el afán de mi hermana Rosy por involucrarnos en los preparativos de subsecuentes navidades, sea fabricando adornos con nosotros o enseñándonos a envolver los regalos; comprendo el afán de mis otros hermanos Koko y Carlos y mi cuñada Paty por no dejar que se apague ese espíritu y me alegra que mi sobrina Any haya heredado todo ese fervor que la impulsa a poner de cabeza la casa de sus abuelos cada año para llenarla de los íconos antiguos y nuevos que tanto nos gustan y que este año junto a la carismática Vanessa –mi otra sobrina-, ya hicieron lo suyo preparando la casa para un nuevo encuentro familiar, otra ocasión para sentirnos niños o Reyes Magos de nuevo, para disfrutar de un juguete o algún detalle o sonreir con la mayor satisfacción del mundo viendo la cara de felicidad de quien lo recibe.
Así se hace esa magia, así, es como en cada hogar hay quienes hacen posible que eso suceda, así es como mi alter ego Grinch termina apagándose y cerrando la boca..
¡Feliz Navidad querida familia! ¡Feliz Navidad queridos amigos!

miércoles, 16 de diciembre de 2009

BALANCE (…y que venga ese 2010!!)

En los últimos meses y en casi todo este año –errático la mas de las veces-, casi-casi he tenido que amarrarme las manos en muchas oportunidades para no escribir, para no tener que inundar este espacio particular con mi tristeza y melancolía, para no dejar fluir palabras cargadas de lo que me ha embargado y seguramente seguirá embargándome un buen tiempo; para no dar cuenta que mis panoramas inmediatos, lo público, lo privado, lo personal, lo laboral, lo familiar, lo social, todo lo he estado viendo con filtros monocromáticos, o en sepia, como quien añade tiempo y nostalgia o añeja adrede cada nueva instantánea, cada nuevo retrato, como si el solo registro de cada instante que se está viviendo ya formara parte de un pasado, archivándolo todo sin disfrutar, o como si instintivamente yo tomara maníaca consciencia que nada me será eterno, ni los momentos, ni las satisfacciones, ni los seres que me rodean.

A veces no es bueno ser tan analítico ni consciente ni conciensudo, se corre el riesgo de ser muy duro, cruel y despiadado con uno mismo, se termina siendo crítico a ultranza y uno no se otorga siquiera el beneficio de la duda ni da por descontado que siempre se actuó de buena fe, en resumen nuevamente todo se ve en monocromático gris.
El año que acaba no comenzó precisamente un primer día de enero y seguro tampoco culminará un 31 de diciembre, otras datas y sucesos han marcado un antes y un después como construyendo calendarios paralelos: 20 de Diciembre y 18 de Febrero son dos ejemplos de ello; por estos días alcanzan su primer ciclo como memoria de tiempo que orbitará la vida de dos de los varios clanes que conforman mi familia grande.
¿Qué hacer? ¿Cómo rescatar aquellas instantáneas entrañables en blanco y negro a las que tanto nos aferramos y convertirlas en presente palpable?, No hay forma, no hay vuelta atrás, solo sé que hay que hay que seguir andando, que hay que crear nuevos recuerdos, vivir el presente como lo que es, una fotografía a todo color, dinámica y viva, con la máxima resolución y definición posible, así caigo en la cuenta que la vida que vivimos, el año que vivimos y cada nuevo año que venga estarán cargados de matices y dependerá de nosotros como se vean y como se encaren, por mi parte renovaré mis retos y desafíos y le pondré el mejor enmarque a nuevos amaneceres, nuevos “albares”, a mis nuevas instantáneas de logros y satisfacciones, y es que de gris ya he tenido bastante.

lunes, 14 de septiembre de 2009

CANSADO (o como resumir en una palabra un urgente e insurgente ¡Necesito vacaciones!)

Me palpita el párpado izquierdo, la sensación trémula e intermitente impide que acciones tan simples y corrientes como lograr concentrarme en un escrito se convierta en una tarea titánica y agotadora, enfocar, comprender, analizar, ufaaa !!; aparecen incipientes náuseas y el vértigo como invitados oportunistas a un festín de decadencia de mi lucidez, tesón y fuerza.
Cual veterano de guerra solo quiero reposo, quiero yacer plácido y amodorrado sobre blancas y almidonadas sábanas de algodón hundiendo mi rostro con el mentón a un lado en una almohada suave y mullida, o disfrutar sin pausa la eternidad placentera del décimo de segundo que me tome caer estrepitosamente con mis 91 kilos en el agua calma de una piscina azul, sin bulla, sin jaleo y sin vulgares disturbios, a pleno sol.
Sumergirme, redimirme, silenciar toda distracción del mundo infame, buceando con vigor a grandes brazadas para luego emerger soltando un bramido de combate al alcanzar mi otra orilla, luego, descansar tumbado al sol absorbiendo su energía, reclamando mi energía.
Quiero disiparme, quiero descansar, hacer una breve pausa en la constancia, quiero instaurar paz y sosiego en mi, recuperar la capacidad de mandar por un tubo a quien me afrente o me rebata, capacidad de neutralizar lo que sea que se interponga entre yo y mi mismo y que a veces se empeña en tenerme lejos de mis nortes, atado y cautivo de mis propios miedos y falencias.

Quiero disiparme, quiero llegar ya a la meta de mi propia marathon; cansado estoy de construir y construirme tanto… cansado estoy.

miércoles, 19 de agosto de 2009

A PROPÓSITO DEL 15 DE AGOSTO

Es domingo 16 de agosto con sol intenso, muy temprano a eso de las 8 y tantos de la mañana yendo en mi LIFAN negra Intruder 150 cc. rumbo a mi juguería de costumbre del centro de Pucallpa donde espero dar cuenta de una jarra entera de jugo especial de frutas surtidas con leche y algarrobina y dos sandwichazos de omellette con hotdogs, nada menos.
Con lo que no contaba es que recibiría un regalo inesperado, a propósito que sea o haya pasado el 15 de Agosto, el aniversario de una de mis tierras queridas, y es que soy huanuqueño, me siento huanuqueño por herencia y vida entera aunque mi partida de nacimiento diga lo contrario. Al llegar a la juguería me sorprendió una banda de músicos en el exterior, de pronto todo me supo a Huánuco.
Como no querer esa tierra con tanta historia, con tantas cosas y lugares queridos, mas aun al haber sido escenario de tanto de mi propia historia, lugar de mi barrio querido de la niñez y adolescencia en la cuadra ocho del Jirón General Prado a un pasito de la Plaza de Armas con antiguas y fascinantes casas y negocios, una cuadra con gente de todas partes, como una versión adelantada de los contemporáneos strip centers, con su Café Ortiz en la esquina, en el extremo que da a la plaza, luego la Heladería “My Friend”, al frente la peluquería de don Pepe Shirakawa, la Bodega y Bar de los esposos Araujo, el Hotel y Pollería “La Cabaña”, la distribuidora de llantas B.F. Goodrich de don Ugo Buzzi, la Panadería Noda y su hasta hoy inigualable pan francés, la Sastrería Salazar, el Hotel “Astoria” (habían dos, el otro, el principal estaba en la cuadra nueve del mismo jirón), ahí estaban ese hotel y el antiguo local del Colegio Illatúpac que después se convirtieron en la Cámara de Comercio y una distribuidora de autos; colindante con mi casa estaba la Imprenta “Febo” en cuya casa anexa llegó a vivir un buen día la niña mas hermosa del universo que parecía salida de un dibujo de Sarah Key y con quien nos dimos el primer beso en la boca de nuestras vidas a sus 6 y mis 8 años respectivamente; y para cerrar la cuadra, el taller de electrónica “Marconi” y ya en la esquina con el Jirón Hermilio Valdizán la tienda de muebles y artefactos del tío Lucho Seijas; y entre negocio y negocio algunas casas como la mía, casi todas con características de trastienda y mil lugares que descubrir, en resumen, una calle entrañable por donde muchas veces transcurrieron comparsas, corsos, desfiles, procesiones y cofradías, la ventaja de vivir en pleno centro de la ciudad.
Quiero a Huánuco por que me siento orgulloso de pertenecer a la misma tierra del ejemplar Leoncio Prado, de Daniel Alomía Robles el genial creador de "El cóndor pasa", del gran Hermilio Valdizán, de los bravos Illatupac o Aparicio Pomares, de la poetisa Amarilis; me siento también orgulloso de haber estudiado mi primaria en una escuela como la de las profesoras Garay (antes, cuando habité sus aulas se llamaba C.E.“Práctica Mixta” y en tiempos actuales, en memoria de su inolvidable Directora y Fundadora lleva su nombre “Felícita Garay de Hinostroza”), y la secundaria en el mas emblemático y tradicional de sus colegios, el “Leoncio Prado”, todo un honor aun con sus estatales carencias y limitaciones.
Vivir en Huánuco es participar de sus costumbres mas arraigadas, algunas muy ligadas a sus tradiciones religiosas y lo que hay alrededor de ellas, lo mas representativo quizá sea la tradicional danza de “Los Negritos” cofradías que pertenecientes a una determinada iglesia o barrio salen a las calles en el tiempo de navidad y año nuevo visitando los nacimientos y las imágenes de Niño Dios que guardan templos o casas particulares cuyos miembros se convierten en mayordomos que agasajan a los danzantes con abundante comida y licor, ahora claro, por obvias razones también se pueden ver en otras fechas y lugares como cuando es aniversario de Huánuco o hasta en el Gran Corso de Wong en Lima en fiestas patrias.
La puesta en escena de esta danza tiene diversos elementos, religiosos y paganos, todo un sincretismo, es una alegoría a la antigua liberación en tiempos de navidad de los negros esclavos que ataviados con las ropas de sus amos iban de casa en casa para adorar y bailar ante las efigies del niño Jesús recibiendo comida y bebida a cambio; la danza en si esta compuesta de varios momentos por decirlo de alguna forma, están las pasadas cuando recorren las calles y van de un lugar a otro, las paradas cuando llegan a un templo o casa de algún mayordomo, la adoración al niño que es muy festiva y cuando es el final de los días de baile de cada cofradía hay un baile final en que los danzantes se despedirán hasta el próximo año, será el momento del ayhuallá el baile melancólico y cadencioso marcado por el sonido de las campanillas y el bombo, en que paulatinamente se despojarán de sus sombreros, sus cotones o casaquillas de fantasía y sus máscaras profusamente adornados, será la única vez en que en cada temporada el público en general pueda ver sus rostros al bailar.
Dicho esto, hablar de Los Negritos es hablar de tradiciones huanuqueñas y allá donde los vieras te sentirás mas cerca de la tierra, así me pasó aquel domingo, llegar a la juguería y sorprenderme con el lugar repleto de danzantes de Los Negritos en pleno desayuno, dispuestos en grupos de 4 o 5 en cada mesa repletando el local, eso explicaba la presencia de la banda de músicos afuera, me alegró la escena, me hice a la idea que con tanta gente ahí mi jugo especial y mis sándwiches iban a demorar, pero bien valía la pena, así que me hice de un lugar y esperé, el lugar era un jolgorio, los visitantes venidos de mas de 400 km se alimentaban y se tomaban fotos, los gorochanos (vale también llamarlos “corochanos”) hacían de las suyas con bromas a doquier.
Mi desayuno demoró en venir y terminar de consumirlo coincidió con la atención a los últimos danzantes que quedaban, los demás ya se juntaban afuera frente a un minibús que los llevaría al Campo Ferial de Yarinacocha donde -según los volantes que encontré en mi mesa-, mas tarde estarían celebrando el aniversario huanuqueño con una gran caravana de artistas que incluía a la archifamosa Dina Páucar y Kesia Rivera una novel folkclorista contemporánea de dulce voz. Hasta ahí sentía que ya había sido bastante coincidencia y bien alimentado mi corazoncito huanuqueño, pero hubo mas, cuando me disponía a irme apareció el que parecía ser su representante y les dio indicaciones diciéndoles que harían una parada en el frontis en plena calle, me dirigí a donde dejé estacionada mi moto donde se habían apostado dos danzantes a punto de ponerse las máscaras y los sombreros, uno chato colorado y otro trejo y curtido ambos amables, al preguntarles a que cofradía pertenecían respondieron al unísono: ¡¡ A “Huallayco Vida” !!, reconociendo lo que veía en los bordados de sus corbatas y cotones agregué si pertenecían al templo de Patrocinio, respondieron que si, y se dispusieron a iniciar el baile así que me quedé a verlos y disfrute de mi regalo de aniversario de Huánuco, en plena selva, a pleno sol matutino, viendo ejecutar su danza a caporales, abanderados, gorochanos, turco y dama y negritos, que felicidad… salve a Huánuco tierra bravía, de hidalguía y sin par tradición… como dice el himno, como late el corazón a veces a ritmo de muliza, huayno o ayhuallá.

jueves, 30 de julio de 2009

DIA DE IRSE


Que queda en esta vida sino soñar tan solo un poco; soñar, dejarse llevar por los pensamientos; yo que hice todo lo encomendado, que cuidé tanto el fuego e hice el sustento, que paseé al perro, que amé, sonreí, que entregué el alma y expuse confiado ese músculo magnífico que impulsa y lleva vida roja a todo mi cuerpo.


Confesé cada emoción, abracé cuanto pude, bailé e hice mía cada canción que llegó a mis oídos; hice toda la tarea, quizá hice demasiado, el mensaje muy claro, sin preguntas, sin más; dominé la fórmula que no existe, tomé todos los riesgos, y sin embargo, a la vez también tomé todas las precauciones, todas.


¿Donde estuve todo este tiempo que no me di la oportunidad de errar? de disfrutar una salida del camino, de un día sin ducharme ni la presión de un cruel reloj, de diferenciar un día del otro, de hacer de un día cualquiera un perfecto día normal.


El día de irse puede ser cualquier día de estos o de aquellos, será un momento no escogido ni planeado, será la conjunción de muchas cosas o la sucesión de algunos acontecimientos menores y mayores, un momento en que habré de estar en medio del trayecto de un sino artero e incompasivo, momento en que se reirá de mi el futuro y me hará reproches sin reservas el pasado soñador dibujante de planos, espectros y abstracciones.


El día de irse puede ser cualquier día, sin adioses de por medio, sin balances ni cierres, un instante, un momento apenas, una imperceptible instantánea fugaz y efímera, un punto de quiebre que no detendrá ni por un milésimo de segundo el curso del mundo ni el andar de nadie, de absolutamente nadie, y es que formar parte de todo es a veces formar parte de la nada, ajeno al conjunto, outsider sin contradicción.


El día de irse puede ser cualquier día, el día que menos me lo proponga, el día menos planificado, el día en que deshacer mis pasos signifique remontarse a ningún lado o el de haber llegado sin llegar, en que Itaca sea por fin un destino inesperado.


El día de irse tiene que ser cualquier día, tiene que ser cualquier momento de coraje o de extraña redención, de impulso, o de recuperación de la conciencia, el golpe de timón vital para eludir lo sinuoso y lo esquivo.


Así, he de convencerme que el día de irse no tiene que significar necesariamente tener que irse, sino simplemente un día de alcanzarme a mi mismo y de poder llegar.

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(*) "Camino certero a la derecha" (Óleo - Erick Miraval)

YA TE EXTRAÑO

Pareciera que no hay nadie, ni una sola persona en mi entorno que pudiera terminar de entender la dimensión de este particular univ...