PAPÁ LUCHO EN ESPAÑOL

Cuando era un niño, y cuando la mayoría de los de mi edad disfrutaban saliendo a jugar a la calle, a perseguir una pelota, o darle una palmazo en la espalda a cualquiera para decirle “la llevas”, mi mente y yo mismo me sumergía en una aventura, cada tarde de fin de semana, -entre semana no tanto por que el horario partido de la primaria no lo permitía-, por que el fin de semana era otra tranquilidad, la gente reposando haciendo siesta después de almorzar, solo el sonido lejano de radios encendidas escuchando el fútbol en la amplitud modulada, o los huaynitos que escuchaban mis vecinos de la sombrerera con cuyo patio colindaba el nuestro.
Yo me iba de viaje, andaba en otros tiempos, en otros lugares tan remotos para mí, o tomaba clases particulares y talleres de cosas que me servirían en la vida, cuando fuese grande, cuando tuviera que hacer las cosas solo, cuando una casa imaginada necesitara un columpio, una baranda, una banca alrededor de un árbol o una ventana en un segundo piso desde donde ver caer la lluvia desde lo alto.
Podía pasar interminables horas así, haciendo mías experiencias lejanas, subido y galopando en un caballo teniendo como fondo las montañas rocosas, pasearme sobre un camello cerca de Luxor, o ver la luna más grande, cercana y palpable por una escotilla del Apollo 11 junto a Neil Armstrong y Edwin Aldrin, enterarme que en Lima los estudiantes de San Marcos abuchearon a Nixon, y que no sé por que razón hice mía también la experiencia de ser un soldado llegando a Saigón y meterme en una guerra incomprensible. Fui testigo, tuve en mis manos también la secuencia gráfica del asesinato de Kennedy, no necesité un satélite, ni el cable, ni el internet, yo estuve ahí, lo vi todo con mis propios ojos haciendo zoom en cada hoja de papel.
Vivir en una casa alquilada hacía que en el fondo de mi mente -aún cuando en ese tiempo no fuera siquiera una preocupación perentoria-, yo soñara con una casa ideal, como en las revistas, no con la fachada dando directamente a la vereda y la calle –pese a que mi casa era hermosa en su tipo-, sino soñara con una casa con jardín adelante, con césped donde jugar con mi perro o tener un árbol donde construirme una casa en lo alto para jugar, para trepar con una soga; los planos, las escalas estaban ahí en esas revistas, solo era cuestión de empezar.
El depósito de mi casa era mas que un depósito, era un trastero, todo aquello que no fuera usado de forma regular iba a parar ahí, -ergo, si alguien se va de viaje algunas de sus cosas ya no se usan y en algún lugar deben estar-, a mi sin embargo me fascinaban todas esas cosas, exploraba un mundo en esos objetos, había martillos para cada necesidad, alicates, llaves de tuercas, llaves de precisión, frascos y frasquitos con todos los objetos posibles, tornillos, clavos, plomos, alambres, todo se usa, todo servirá en alguna urgencia, -Mc Gyver eres una zapatilla comparado con esto!-. Ahí, junto a escaleras esperando una obra o una reparación, junto a trastos y cosas guardadas en entrañables cajas de pino de whisky Black & White con sus dos perritos como guardianes, ahí, junto a todo eso, descubrí una ventana a otros mundos, descubrí que mi mundo, que mi hogar, mi ciudad, mi país, formaban parte de un inmenso planeta y universo, descubrí mas de lo que me contaba una maestra en clases y más de lo que me pudiera decir mi Enciclopedia Bruño, aún cuando me alucinaba con cada ilustración del dibujante que firmaba como Nelson.
LIFE = Vida, para mi “Life en español” era un sinónimo de imágenes, de reportajes, de aventuras, de viajes, solo salía de aquel depósito cuando ya era casi de noche, cuando ya no había luz natural para ver y leer, y no es que no hubiera un foco en el lugar, sino que la aventura era mas aventura y el viaje solo era viaje a la luz del día, no lo sabría explicar, solo me sacaba de esa concentración el llamado de mi madre quizá despertando de su larga siesta invitándose é invitándome también: “Hijitooo, Tincitooo ¿tomamos lonche?”; el viaje, la aventura continuaría el próximo sábado o domingo, tenía para mí una torre enorme de Life’s y de Mecánica Popular para seguir viajando.
Siempre quise saber el por que de esa extraña fascinación por aquellas revistas, se que aquellas me llevaron por lugares lejanos, hasta por mundos inexplorados, me enseñaron a soñar, me enseñaron a componer cosas de mi casa -y de mi vida por que no-. No sé si cuando fueron compradas cada una de esas revistas se pensó en su utilidad práctica ó lo que producirían en terceros, no sé si esa especial dedicación a juntarlas, a coleccionarlas serviría para hacerse rico o daría para comer, solo sé que lo que hayan costado fue poco, de lo que estoy seguro es que el dinero invertido y el tiempo que haya tomado apilarlas fueron una inversión de vida invaluable; ahora que soy grande, ahora que pienso con añoranza en un hijo que ya vendrá, pienso en ese niño disfrutando y aprendiendo de las lecturas y las imágenes de esas revistas y me doy cuenta que aunque físicamente haya estado a muchos kilómetros de distancia, ahí estuvo su Papá Lucho con bigote recortado y un Ducal en la mano mostrándole un mundo inmenso, enseñándole a crecer y a ser el hombre que hoy es.
Gracias por haber estado ahí Luchin, por no haber estado ausente del todo, por haberme dejado la fantástica tarea de leer todas esas “Life en español” y “Mecánica Popular”, me sirvieron, me sirven y me seguirán sirviendo.


Comentarios

francesca ha dicho que…
Se puede querer a alguién que no se conoce y que por la situación nunca se llegará a conocer?
Eso me ocurre a mi con Papá Lucho, me has inyectado en vena un poquito de todo ese amor que tu profesas a tu padre y lo siento hasta como si fuera algo mío...Ójala yo, me hubiera sentido amada de esa forma aunque tan solo fuera por 5 minutos, te aseugro que serían los 5 minutos más bellos y llenos de amor de toda mi vida. Tu padre te sonrie todos los días Tin, ahora viaja contigo inseparable, solícito, y cariñoso, estais juntos para siempre, vuestro vínculo es indestructible. Besos y cariños

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