DESDE MI ATALAYA

Por estos días, este es mi pequeño gran universo, de la casa al hospital, del hospital a la casa, perdiendo la noción de los días y las fechas y a veces hasta de las horas, en vigilia y alerta, debiendo sueño, con los sentidos agudizados, analizando todo a mi alrededor. Así, al dar la bienvenida al nuevo día, cual organismo visto a través de un microscopio que se reproduce y amplifica veo la formación de vigilantes particulares en el área central del primer piso delante del estacionamiento; son las 6:45 am y es casi el único movimiento circundante, al principio solo dos filas con guachimanes uniformados de clásico marrón y crema con gorro, corbatita, insignias y marbetes, entre hombres y mujeres, al frente suyo tres o cuatro coordinadores sin uniforme que los lideran y hacen lo que parece ser una toma de asistencia, los rezagados aparecen de varios lados, uno a uno, de dos en dos o en grupos, algunos aceleran el paso al ver la formación que comenzó sin ellos; me pregunto que historias habrán detrás de cada uno de estos individuos, si pudieron desayunar, de cuan lejos vienen, que es lo que cargan en sus bolsos, que pensamientos los embargan, que tan simple o complicada es su existencia individual, y es que cada persona es un universo, pero en este momento integran una suerte de batallón unitario –al igual que yo y toda mi familia-, así que se unen a esa formación casi marcial de colores marrón y crema.
Son casi las siete, terminan las instrucciones y la correcta formación de mas de diez filas se dispersa, se desencadena, rompen filas, como si fueran hormigas desorientadas que ahora van en distintas direcciones, se quiebra entonces esa unidad que en su caso duró unos pocos minutos, cogen sus bolsos algunos y automáticamente cada uno enrumba a su punto de trabajo designado en el hospital; un nuevo día ha comenzado, finaliza mi cuarta guardia nocturna en menos de diez días.
Desde mi atalaya en el piso décimo diviso el horizonte urbano de edificios irregulares que se muestra soleado, el tránsito ya fluye por calles y avenidas, no para; agotado pero en pié concuerdo que la vista promete un domingo de verano con clima interesante, -contradictorio con el hecho que a mi recién me tocará dormir-, sin embargo, independientemente que necesite recargar mis baterías mi mente esta llena de incertidumbres, no se a ciencia cierta que me deparen los siguientes días, no se que tan fuerte y ecuánime pueda estar, tampoco se que tan en breve como quisiera deba o pueda volver a esta misma misión de velar el sueño y la salud precaria de papá; mas tarde cuando salga por una de esas puertas rumbo a casa y me cruce con alguno de esos vigilantes vestidos de marrón y crema imaginaré en su argot contra gramático la respuesta provisional a todas mis interrogantes: la verdad… “desconozco mayormente”.
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Comentarios

Nancy ha dicho que…
hola premito como tas, o mejor dicho me imagino como tas, pero solo te pido tranquilidad y fortaleza, que creo que toda la familia que nos queremos y estamos juntos lo necesitamos, para que veas lo pava que soy yo decia pero si el tin está en Pucallpa que hace escrbiendo de Atalaya, te pasas!!!! me mareas con mi poco conocimiento linguistico y literario jajajajaj, pero muy bonito sobre todo cuando te refieresa los YUNGAY???
un beso premito y ya nos estamos comunicando
NAncy
Ida María ha dicho que…
Amigo lindo, yo he pasado exactamente lo que describes y he pensado casi igual, mientras va amaneciendo, los edificios, los huachis, la gente que sale tempranito cansada del hospital y la gente que llega con el cabello mojado sus historias medio dibujadas en sus rostros, etc; solo que desde el desde el piso 13 jeje.
Gracias a Dios mi hermano esta en pronta mejoria, espero que tu papá gane la batalla, se que es dificil amigo mio ya no es ningún chibolo, solo hay que pedir al de arriba que todo lo sabe y todo lo puede, que todo sea lo mejor para tu padre

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