UN CLASICO VIGENTE –QUIERO CREER-



He llegado a un punto en que creo ya en pocas cosas, desconfiado y apático hasta no más; así enfrento una nueva temporada de este reality que es mi vida, el nuevo ciclo de repitentes 365 días contados a partir de Mayo.
Tras de mi, las quimeras y promesas, lo mas querido y lo mas planeado; tras mis pasos, los caminos que se bifurcan y entrelazan o van paralelos a los de otra gente. Darse cuenta que muchas veces para llegar a un determinado punto, muchas veces no escogí ni el camino mas directo ni el mas lógico, si no, que me di un tremendo vueltón, hasta con vuelcos y vueltas de tonel y de campana incluidos, y es que me he ido de cara cuantas veces.
Si hago balance de cómo me siento y lo que veo en el reflejo del espejo, he de decir que soy consciente que no encuentro en mi un vehículo del año, tampoco uno de moda, ni tuneado ni repotenciado; siendo optimista, probablemente encajo mas en la descripción de un clásico vigente, ochentero o noventero, operativo, recio y rendidor, según como se viera. Eso veo, o eso quiero ver, y es que seguiré retando mis días y mis años, seguiré riendo cojudamente creyendo que un halago es una oportunidad, o que cada inicio de mis años es preludio y prolegómeno de nuevas cosas de las que me sentiré orgulloso y hasta feliz.
Contraviniendo mi instinto trotamundo he había dejado de viajar –metafórica y literalmente-, mis sueños hibernan, he esperado tercamente el chispazo detonante que simplemente no ha llegado, sin darme cuenta que era mas probable que el nervio expuesto en que me he convertido, sea lo que finalmente me lleve a confrontarme y contentarme a mi mismo, aun a costa de mi mismo, mudando dudas é inseguridades por certezas y convicciones, reinventandome, terminando de convencerme que como el vino o los carros, los años solo pueden ser la mejor etiqueta de mi cosecha o fabricación, que no he vivido en vano y que -aunque no vengan en copetín ni envueltas en celofán ó papel de regalo-, en verdad hay grandes y también simples razones para seguir sonriendo o volver a sonreír francamente.


(Happy birthday to me)

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