martes, 18 de febrero de 2014
Luchin
Desde la tranquilidad de su parque en Huachipa donde honramos su memoria
4:00 pm de un 18 de febrero ...
Hace ya cinco años, ó sesenta meses, ó 1,800 días ó 43,200 horas, en que la energía de nuestro viejo cambió de dimensión, otros planos de la existencia son los suyos.
La memoria, el alma, el corazón son su cobijo y nuestro nexo.
martes, 4 de febrero de 2014
Cuestión de tiempo (…dice el tiempo)
La vida es a veces bastante extraña en la forma como te muestra caminos, o te da señales, o te abre puertas o ventanas en que descubres que tu horizonte es mucho más que una suma de obstáculos o de cielos grises.
También puede ser sarcástica con esos guiños que te hacen pensar en replantear tus pequeños o grandes dramas. Otras, son señales optimistas donde misma estampita bíblica el cielo pareciera abrirse para dejar pasar intensos rayos de luz luego de una tormenta feroz, eso pareciera.
Desde fines de noviembre y principios de diciembre pasados hasta muy entrado enero de este 2,014 he sido más perceptivo con estas -llamémosle- señales, que han ido entretejiéndose además, eventos que quizá sean imperceptibles y hasta intrascendentes, pero que concadenados para mí han significado mensajes de aliento, esperanzadoras formas de entender que las cosas van a estar mejor, y muchos de estos mensajes han llegado con música de fondo, cual inesperados flashmobs para traerme instantes de felicidad y renovada confianza y fe en la vida, el mundo y los seres que me rodean.
Un lunes por la tarde, saturado de una muy demandante jornada de trabajo, con el stress en sus niveles más altos, solo quería que fuera hora de salida, que sonara la campana cual colegio, y dejar todos mis expedientes y sus confrontaciones. En los días previos había leído en el periódico una reseña a una nueva película del realizador Richard Curtis, un neozelandés que vive en Londres hace más de 35 años, el mismo de títulos como “Cuatro Bodas y un funeral”, “Un lugar llamado Nothing Hill”, “Love actually” o “El diario de Bridget Jones”, la cinta prometía y yo esperaba encontrarla en cartelera, con la suerte de mi lado así fue, saqué mi entrada y así fui por mi película aquel día.
Lo que no esperaba era encontrar en aquella cinta tantos motivos para sonreir, tantos motivos para mirarme yo mismo en esa sucesión de imágenes y sonidos, en esa especie de espejo con forma de ecran, con tantas referencias, tanta identificación, tantos “¡¡dale Tin !!” o imperativos “¡disfruta tu existencia!” o “¡vuelve a sonreir!” … cuestión de tiempo, me dije, cuestión de tiempo brothersito.
“About time” (“Cuestión de tiempo”) narra la historia de Tim (Tim, Tin, mmm… ok, sigamos), al cumplir los 21 años, luego de una fiesta de año nuevo, su padre le revela un secreto, todos los varones de su familia poseen un don, pueden viajar en el tiempo, en sus propias vidas y solo al pasado, pero viajar en el tiempo al fin y al cabo, sin la parafernalia o la ciencia ficción de máquinas o artefactos alucinantes, con solo encerrarse en un lugar discreto, apretar los puños, cerrar los ojos y pensar en el momento exacto a donde uno quiera volver, si se quiere, cambiar algún evento, hacer las cosas “correctas” y cambiar con ello su propia historia.
Ya hasta ahí el planteamiento de la película te atrapaba, vaya, quien no quisiera –lo diré yo- volver en el tiempo, rehacer algunos pasos, hacer determinadas cosas, no equivocar otras, dar giros de timón a tiempo, otra historia sería.
Tim viaja a su pasado una y otra vez, no puede cambiar todas las cosas que quisiera, o en todo caso se da cuenta que alterar eventos del pasado tiene consecuencia en el presente, cambia algunas cosas que le suceden o sucedieron en su propia existencia, procurándose una vida mejor y conocer el amor de su vida, la hermosa Mary.
Tim es abogado (si, Tin también es abogado), caramba, la película ya parecía una tomadura de pelo, pero una tomadura de pelo que resultaba una fiesta a mi memoria, a la evocación familiar, al disfrute visual y auditivo, toda una exquisitez en sus detalles de realización, además de ser un interesante vistazo a la vida urbana londinense, que incluye una suerte de homenaje a nuestro compatriota el gran fotógrafo Mario Testino y a la super top model Kate Moss, una de sus musas, y es que Tim en uno de sus viajes al pasado trata de corregir un giro que provocó y no permitió que conociera a Mary en una cita a ciegas, pero recordaba la gran admiración que ella tenía por la modelo y sabiendo que había una exposición fotográfica de Testino, fue a buscarla ahí cada día hasta encontrarla y abordarla sorprendiéndola con esas “cosas en común” que era su ventaja de tanto buscarla.
La película incluye en su sountrack varias canciones que ya eran mías de tanto haberlas disfrutado desde mucho antes como el “Friday i’m in love” de The Cure, “Mr. Brightside” de The Killers o “Back to black” de Amy Winehouse, y temas e intérpretes que no conocía como “How long will i love you” interpretado por Jon Boden y que se ha convertido en un himno particular a mi optimismo reciente, esta canción marca uno de los mejores pasajes de la cinta, en la que el propio Boden hace de músico callejero en un pasillo del subterráneo de Londres donde cada día Tim y Mary se separan para dirigirse a andenes distintos a tomar sus respectivos trenes o donde se vuelven a encontrar al volver de sus trabajos, y en cada vez, tocando aquella misma canción con guitarras, violín y mandolina, y en que la escena se repite, y se repite, y se repite… “¿Cuánto tiempo te amaré?, todo el tiempo que las estrellas estén sobre ti, y más tiempo si se pudiera…”
Así transcurre la vida de Tim entre Londres y volviendo a la casa familiar a 335 km. al borde del mar en Cornwall, la misma casa donde Tim y Mary se casan en una día de lluvia tempestuosa y mil inconvenientes, la misma casa donde en una de las escenas finales ante la inminente enfermedad que llevaría a la muerte a su padre, junto con él viajan al pasado por última vez al tiempo en que siendo niño bajaban juntos a la orilla para arrojar piedritas redondas y hacerlas saltar como rebotando en la superficie del mar.
Lagrimón seguro, también yo hubiera hecho uno de esos saltos en el tiempo con mi viejo, seguramente hubiéramos vuelto a Cutervo para recorrerla nuevamente mientras me enseñaba a montar a caballo o hubiésemos tenido una de nuestras larguísimas y enriquecedoras charlas.
Al terminar de ver la película se habían desencadenado en mí sensaciones que me proporcionarían mucha energía, mucho combustible afectivo, añoré a mis padres, añoré Huánuco y añoré Lima, el presente de mamá como cabeza de nuestra familia grande, cumpliendo años el mismo día de navidad. Pensé más en lo que tengo, pensé menos en lo que no tengo, me dije a mi mismo que mis problemas son remontables, que no me derrumbaré, que mientras sea capaz de reconocerme en mis raíces, de ver con optimismo mi propio horizonte nada podrá hacerme sentir menos ni triste.
Insuflado de todo aquello, ya en la calle, hice una llamada y recomendé la película, luego me puse en las orejas los auriculares del celular y puse play a una de mis canciones favoritas de Morrisey “You have never been in love until / you've seen the stars reflect in the reservoirs / (...) We are the pretty, petty thieves / And you're standing on our streets /Where Hector was the first of the gang with a gun in his hand…”, por muy deprimentes que sean las letras de Morrisey, siempre dan para la reflexión y los paralelismos (“… somos los bonitos, bonitos ladrones. Y tú estás parado en nuestras calles donde Héctor fue el primero de la pandilla en tener un arma en sus manos. Y el primero de la pandilla en morir… ”)
Me propuse caminar un poco antes de ir a cenar y descansar; el efecto “About time”-movie y las canciones del ex Smiths hicieron lo suyo, mezcla de adictiva melancolía y extraña felicidad. Así anduve por varias cuadras de los jirones Raymondi y Tarapacá pensando en ir a por mi cena, y debo haber estado con una cara y sonrisa muy singular y concentrado con la música, tanto que apenas me di cuenta, cuando algunos amigos secuencialmente conforme avanzaba me iban saludando con algo de expectación al cruzarse conmigo o darme encuentro, en verdad, con que extraña felicidad andaría…
Así transcurrió diciembre y dejando mi autoexilio laboral ucayalino remonté más de 800 km en un vuelo de 55 minutos en busca de la casa familiar en Lima, a poner mi cuota de entusiasmo y de navidad en ese predio que me niego a que caiga en la tristeza perenne y con la esperanza –a veces utópica- que siga siendo el centro de nuestros afectos filiales mientras nuestra matriarca siga en pié, aun cuando soy consciente que cada rama de este árbol quiere ser tronco, aun así quise que nuestro frágil hogar siga siendo nuestro hogar, el de la madre, el de la abuela presente, nuestra y amada, pese a cualquier circunstancia y frase que diga, y que todo lo lindo que queramos compartir con ella debemos hacerlo en vida, que mañana más tarde ya no tendrá sentido decir lo importante que era, que es el ahora con ella y por ella que los gestos valdrán la pena. Así, la casa se llenó de luces, de festivos peluches y toda suerte de adornos que nos hicieran sentir niños nuevamente, nos engreímos con las comidas que nos gustan, quisimos que ese espíritu nos envolviera y también trasladamos el hogar a la casa de mi sobrina Any donde tuvimos una muy especial noche buena compartida en que comimos y reímos y celebramos los 83 diciembres de mamá y continuamos la celebración el 25 en Los Tulipanes con sus nietos y bisnietos.
Esos días de navidad y año nuevo me regalaron el reencuentro con amigos y familia querida que me dieron su afecto algunos aun sin estar presentes. Mis sobrinos crecen, mis hermanos, mis primos y primas, mis amigos y amigas aun me tienen aun en sus corazones y lo confirmé con sus abrazos, con sus palabras y sus gestos, con las comidas compartidas, con los enrrollados, con los ceviches, con el dulce de leche, con Knoppers, con Mantecol, con jamón ibérico, café y demás.
Aunque no todo fue alegría esos días, la misma mañana de navidad en casa de los Bojorquez, Maorí, uno de los primeros cachorros de la línea de nuestros shih tzús, partía hacia un cielo perruno luego de renegar y alegrar la casa de mis queridos amigos por más de diez años.
Si dije que a veces uno experimenta situaciones cual si tuvieran relación unas con otras, debo decir que la siguiente fue una de ellas, esos días me di como regalo el gusto de visitar “Somos libres”, la singular muestra de arte en la Asociación MATE en Barranco, en una casona republicana magníficamente acondicionada y puesta en valor, es el lugar que alberga la obra de Mario Testino, el fotógrafo de moda y celebridades quizá más renombrado del planeta. El día que fui con Mario resultó ser el día y la hora indicadas para hacerlo, cuando al final del recorrido y con las facilidades del propio staff hubo la oportunidad de conocer y departir un momento con el consagrado artista visual quien solo está en el Perú en contadas ocasiones y con la agenda cubierta, sin embargo esa tarde fue la oportunidad de conocer a un tipo cordial que solícito accedió a las fotos y a la conversación que se dió aceptando con la mayor sencillez las felicitaciones de rigor. Ok, probablemente esto tenga algo que ver con “About time” me dije, aunque no necesariamente, pero igual Madonna, Robin Williams, Kate Moss y demás me mostraron el pulgar en alto desde sus geniales y luminosas fotografías en tamaño pared a pared aprobando lo acontecido, y que bacán y que tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz… y etc y etc…
Con esto concluyo que he vuelto a involucrarme en las cosas que siempre han sido parte de mí, estoy nuevamente en circulación, estudiando más, leyendo más, he vuelto a cantar con la complicidad del team k´rdenas, haciendo nuestras las canciones de los uruguayos Notevagustar, y lo mejor de todo, estoy volviendo a escribir; con eso aseguro que la música siga sonando, como seguirá sonando acompañando -espero- mejores días, que para eso estoy trabajando tanto y reivindicándome tanto, y, como dice Boden en su canción afirmando la perpetuidad de los afectos “¿Cuánto tiempo estaré contigo?. Mientras el mar esté obligado a bañar la arena”, así, soy consciente que aunque no puedo viajar en el tiempo como Tim, se que siempre podré volver a mis raíces, a la incondicional familia y a los verdaderos amigos, a alimentarme de toda esa energía de los afectos para un mejor presente y lo que venga, que si ¿las plenitudes serán más abundantes y generosas conmigo?, eso en verdad es solo cuestión de tiempo -dice el tiempo-.viernes, 27 de diciembre de 2013
martes, 3 de septiembre de 2013
La sofisticación del ser
Hago repaso de la evolución del sujeto yo, hago un autoFODA, rebusco e identifico fortalezas y las enfrento a mis debilidades, pesquisa y análisis pertinente de los factores internos y externos, busco, argumento, diagnostico, soy mi propio paciente o mi egopatrocinado, propongo métodos de solución, cronogramo procedimientos y pasos a seguir, fórmulas a poner en práctica, interpongo mi rescate particular. Y sin embargo, no me encuentro …
Y sin embargo, me diluyo entre lo hecho y lo vivido, entre lo hecho en vano y los tienes que hacer, que he perdido al fin de cuentas. En mi afán de llegar a algún lado, me he desplazado en los peldaños de una torre confusa y difusa, alejándome de todo y hasta de mí mismo, no me reconozco en el espejo de los tiempos, mi sonrisa se difumina, es apenas una mueca triste, un reflejo tardío de alguna efímera sensación de gozo.
Será por eso que busco compulsivamente todo aquello que me remita a mi esencia y a mis quimeras, a las abstracciones de vida real, viajo virtualmente, así como busco las canciones y melodías que me llevan a explorar otros planos y otras latitudes, así, la música termina siendo un vehículo catalizador de mis sensaciones, con mi propia amplificación y ecualización marcando picos, graves y agudos como mi propia existencia, como mis propios días. Me conmuevo, canto o tarareo sereno y rítmico, o grito desaforado sosteniendo la notas más altas, o fraseo alguna línea susurrante que se dice al oído de alguien o de nadie, o me expreso guturalmente, porque la música, se convierte en “mi” música y mi catársis, y voy de la densa paz de una Cavalleria rusticana versión de William Orbit o las inspiradas canciones de Ismael Serrano, Jack Jonhson o Gonzalo Aloras, y muto con los energizantes brasses cantando “La impresión que me das” con The Mighty Mighty Bosstones, y termino poniendo los pies en un escenario con acento irlandés entonando Pride (in the name of love) y a callarse Bono! que ahora canto yo.
Lástima que a veces mi fuga auditiva y mi recarga de baterías dure apenas 3 o 3 minutos y medio en cada track, minutos en los que mi pecho se insufla de aire nuevo, de más quereres y de super poderes, de fuerza de tanto dar golpes al vacío; mis propios gritos de guerra, mis propias arengas, renovando energía de la luminosa de aquella que te vuelve indestructible y feliz o de aquella que conmoviéndome me lanza al más gris de los abismos.
Pero todo se diluye, se diluye cuando el espejo vuelve a recordarme que el espacio o plano presente no es más que el reflejo vago de un viaje que es una sucesión concadenada de momentos, de aciertos y de yerros que se terminan impregnando en el rostro y en cada poro de tu piel, que se impregna en tus manos y en tu ser interior, que se hacen patentes e imborrables en tu mirada y en tu forma de mirar y “ver” las cosas.
Excesiva carga y excesivo lastre, saturado tren el de uno, si el rostro y la mirada nos delatan, si los surcos en tu piel lo evidencian, el rictus que te envuelve lo hace inocultable, la mueca triste desdibujada nos acusa. Lo aprendido, todo lo aprendido, todo el conocimiento y experiencia adquiridos se relativizan, pierden su razón, la sofisticación del ser, el porqué y el para qué haber andado tanto, el haber evolucionado –si es que se hizo-, todo ese remontar nuestros grandes y pequeños retos, todo se convierte exactamente en lo contrario, se vuelve al punto de partida, si es que fuere.
Vuelvo a las imágenes, y a la energía que fluye de lo inimaginable y que a veces hacemos propia, vuelvo a las sensaciones, a la percepción de la vorágine que es ese control maestro de mi existencia con pantallas y mandos como hologramas al alcance de mis dedos y de mis gestos y señas, al alcance de mis órdenes y de mis desórdenes. Y no me encuentro… y todo se diluye, y se va al carajo toda esta sofisticación del ser, y aunque quisiera reeditarme le encuentro poca razón a mi continuidad y a mi brega, y contradictoriamente, a la vez, solo sé que no me quiero despedir.
martes, 30 de abril de 2013
martes, 19 de febrero de 2013
Mi viejo está feliz!!
Muchas ideas,
palabras, sensaciones, conceptos, imágenes, voces familiares, todo ello se
agolpa en mi cabeza, resetea mi memoria, hace caer por instantes mi sistema
operativo, a lo que le sigue una opresión al pecho. Hoy no es un día
cualquiera, hace cuatro años ya que nociones del tiempo se relativizan, que
imágenes de “antes” las veo como en el trailer de una película antigua, de esas
que se rescatan de un desván, cuyos sonidos aparecen como con eco, como si se
perdieran en un túnel que nos alejan del objetivo visual.
La luz, la luz…
siempre he asociado la luz a la energía, al inicio de un nuevo día, o a la
luminosidad de los grandes espacios abiertos a los uno emerge luego de un
prolongado letargo, algo debe tener que ver el que prefiera el día a la noche
en casi todos sus aspectos.
Hace cuatro años a
estas mismas horas (escribo estas líneas siendo las 14:52 pm) después de haber
cumplido por la mañana con mi turno de guardia familiar en el hospital, yo
había vuelto a la casa de Los Tulipanes
para darme un duchazo y almorzar, estaba en lo de almorzar justamente mientras
conversaba con mi hermana y mi sobrina, cuando de pronto empezó a sonar mi
celular, siguió una secuencia de llamadas in crescendo de mi hermano a quien
dejé la posta de la guardia en el hospital; la primera llamada fue para decir “Papá se ha puesto mal, vengan”, la
segunda, imperativa para decir “Apúrense,
apúrense, Papá se ha puesto muy mal”, y cuando cerrábamos la puerta tras
nuestro y nos disponíamos a buscar un taxi, la tercera llamada dejo escuchar la
voz de mi hermano ya abatido que solo atinó a balbucear “Papá se acaba de ir”.
Son las 15:00 pm de
hoy 18 de Febrero de cuatro años después, aún duele y de seguro dolerá por
siempre.
Ausencia física,
presencia eterna, los planos de la existencia son muy complejos e
indescriptibles, todo es relativo, una vida es un minuto, un hace tiempo es
apenas un ayer.
Te echo de menos
viejo, como siempre digo, me haces y nos haces mucha falta, nada es igual desde
que te fuiste y es que no podría serlo, estás en cada gesto de mí mismo en que
te reconozco, estás en todo aquello que no se puede ver ni se puede tocar,
estas en los conocimientos y en nuestras experiencias, en todo aquello que
queremos volcar en quienes nos siguen. Algo de ti seguirá corriendo en nuestras
venas, algo de tu luz y tu energía hará
chispas y conexiones en nuestro interior.
Son las 15:15 pm, la
opresión del pecho se disipa, las imágenes saturadas de luz con grano de
película en la pantalla más grande, me permiten ver tu rostro y tu silueta como
un halo en medio de un jardín en Huánuco, te veo con tus lentes photogreen y
escucho tu voz, de verdad escucho tu voz: “Estoy
muy feliz”. Me quedo con esa imagen, me quedo con ese fragmento de voz y de
mirada… ¡Mi viejo está feliz !!.
jueves, 24 de mayo de 2012
UNA VUELTA POR EL BARRIO
Viajar, viejo impulso de todo ser humano, el deseo de conocer y descubrir otros lares, de estrechar vínculos o reforzar los existentes, andar, alimentarse de experiencias, comparar realidades, tomarse el tiempo para ver la propia desde otra perspectiva, la de la distancia.
Viajar, por el simple hecho de hacerlo, como pausa de la rutina diaria, como recompensa de un largo período laboral sin tregua ni descanso, porque era una tarea pendiente, por ser un rito de viaje elegido tantas veces postergado.
Por estos días, mi madre, mi hermana y yo hemos buscado el Sur y lo hemos encontrado en pleno otoño con clima benigno, tibio y engañador en un principio, que se tornó frío y casi polar hacía las últimas jornadas de nuestro periplo.
Dice Rafo León que no es lo mismo ser un turista que ser un viajero, creo que la segunda categoría es la que mas se ajusta a nuestra última experiencia, la de vivir por dentro la ciudad o el lugar que se visita, experimentar su cotidianidad, encontrar que el lugar en donde estamos se convierte en nuestro propio barrio y hogar, lo cual dicho de esa forma no es simple floro o líneas que se disparen desde la añoranza.
Cuando a veces digo que los planetas parecen alinearse a favor de uno, muchas veces es así, tal cual. Me otorgaron vacaciones y pusimos a andar las cosas, refrescamos un viejo proyecto con mi hermana y pactamos que saldríamos a dar una vuelta con Mamá, por ahí, como quien no quiere la cosa, una vuelta singular a la manzana, pero una vuelta que implique tomar un avión de largo recorrido –o dos-, enfundar los pasaportes, abrigos y chalinas y cambiar de aires, dándole un nuevo significado al mes de mayo.
Con creces, esos aires han sido positivos, nos permitieron además llevar de paseo una presencia constante en nosotros, con sus paralelismos, descubriendo contemporaneidad de lugares propios y ajenos y dejando fluir los recuerdos que nos permitieron ver nuestro otrora barrio del Jirón General Prado en Huánuco, reflejado en puertas, ventanas, rejas y fachadas por doquier que miráramos, encontrar que las baldosas de un teatro cerca del Abasto, hecho en una vieja casona de las años '20 ó '30 tenían idéntico patrón a las que teníamos en los pisos de nuestra vieja sala y comedor.
También, hemos compartido el mejor café y facturas en "Las Violetas" –un lugar emblemático y de hermosa arquitectura como detenido en el tiempo-, una confitería y cafetería que reúne todas las características que hubieran despertado el gusto, entusiasmo y satisfacción de nuestro querido Luchín, con una atmósfera que nos resultó absolutamente familiar, tan así que llegamos una tarde como guiados por él mismo hasta esa concurrida esquina de Rivadavia con Medrano y nos sentamos a una mesa que parecía estarnos esperando –para cuatro siendo tres-; así, conversando largamente o contemplando el trajinar de la calle tras los ventanales, plácidamente disfrutamos unas horas tan especiales que por si solas, es como si ya ese solo momento y sensaciones hubieran valido todo el viaje y el hecho de ir hasta allá.
Que si la situación del país no es la misma de otras visitas, ese es otro tema. Aún así, está; aún asi grabamos en nuestras retinas y en nuestro disco duro de la memoria estos nuevos recuerdos en tempo de 2 x 4, con la familia gaucha, con los amigos, en medio de días de pizzas caseras, bondiola, facturas, mantecol y tango, dando una vuelta por el barrio, dando una vuelta en mayo por la entrañable ciudad de la furia.
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